12/1/16

Juan Pablo Pedemonte


alivio de esqueleto




primera edición WEB / elMontevideano Laboratorio de Artes / 2015



SEXTa entrega



PRIMAVERA



Cargo plátanos caídos.
Los llevo con todo su otoño, a cuestas,
con aves apagadas en sus ramas.
Y me deshojo con ellos. Invento
en mi corteza otra historia distinta
a la de su piel.


Pero llega el invierno
y su cuerpo esquelético se confunde con el mío.
Ambos somos en la calle
el mismo dolor en las raíces y en el rostro.


Como el meo de los perros,
aguantamos el hueso ácido del hombre.
Como las hojas, el viento se llevó nuestras plegarias
hacia páramos de ningún dios.


Y cuando el frío, cuando la niebla salobre
me toma el tronco que me yergue ante al mundo;
cuando veo el hacha en manos diablas del invierno,


tu mano viene como un pájaro
a la rama más profunda de mi cuerpo.



REQUIEM CON ACORDEONES                                             



Estuviste enterrando huesos en mi corazón.
Te vi con las uñas gastadas en el polvo de la tarde,
las cucharas hambrientas
en la fase menguante de los ojos.


Ahora, se me cae el minuto de la garganta.
El tiempo se harta en los pulmones
hurgando una palabra para respirar.
Pero el alivio es inefable.


Apenas puedo decir
que los huesos se hundieron a mis espaldas,
que lo supe cuando nos mirábamos
como dos muertos que se abren paso.


Se me cae el minuto ahora, decía,
y llevo llagas bordadas en el costado.
En el frío de esta escarapela
se arrugan los acordeones.
Melódicos, melancólicos, imbéciles,
te traen.



SUBLEVACIÓN



Alumbrá tu amén en mis labios
-himno de lenguas-
y hablemos a dos aguas.
Alambrémonos juntos
en los mismos umbrales del alma.


Resurrescamos hasta matar los días lóbregos
de pan cerrado y mugre.
Hurguemos en las desapariciones
hasta encontrarnos lívidos de huesos
y profundos.


Reunamos, entonces, las partes del dulce animal
que nos subleva.



Vidrio



Mentiré, sorbo a sorbo, la miseria
hasta engañar a mi rebaño oscuro.
Olvidaré los muertos que desembarcaron en mi alma
y quedaron en lóbregas cuclillas en mi sien.


Hundiré el vaso en las vísceras
para hacer del infierno una casa posible.
Y seguiré traficando la fiereza por bosques enfermos.


Aletargado en los labios fríos del cristal,
confundiré para vivir, besaré la muerte.
Y como una amapola herida

acabaré descobijado en la noche de mis huesos.

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