2/2/16

Juan Pablo Pedemonte


alivio de esqueleto




primera edición WEB / elMontevideano Laboratorio de Artes / 2015



NOVENa entrega



Escriba
                                              


Poder
o podar sino el hueso.
Salirse
o salarse sino en la llaga.
Venderse
o vendarse sino en el cuero.


Fundir o fundar.
Sentarse o sentirse.


Esquivar la tristeza
o escribirla.



RUEDA DE PAJETAS



Odio la escritura tendida de hilos enfermos.
Me corrijo: la basura que pende
en cuerpos vacíos
para que las viejas moscas se amontonen
y aplaudan.


Odio la epilepsia de esas manos
con racimos de frutas secas.
Odio el alma en plural,
el zumbar sombrío de la insuficiencia.


Mientras tanto, las palabras agonizan
en cabinas de teléfonos rotos.



BRAINSTORMING



No tengo Mac.
Barajo mis uñas en un teclado viejo,
enrejo mis ojos en windows que dan a patios oscuros.


Pero soy VIP. Vivo, insisto, perduro
cuidándome de los publicistas que odian las pc.
Ellos adoran a un dios de policarbonato.
Lo llevan derretido en los labios
como una malapalabra.


No conduelan jamás ni con Adán ni con su deseo.
Tienen el corazón mordido
y una manzana con un hueco cool.


No son creadores; son creativos
que nacieron en departamentos de arte,
sudados y letrados, a costillas de un pobre partero kitch.


Y allí mismo, fieles, oran a diario un brainstroming.


Se les llueven los cerebros?



EQUILIBRIO



Preparar el cuadro.
Dejar la forma final
donde echaré mis huesos
a la luz de la respiración de mis hermanos
que me darán eternidad.


Adrizar el lienzo en paz
espejando la razón del cielo
en el torso vivo de la tela.
Y en su espalda
dejar dormir el clavo
que habrá de sostenerme siempre
en el punto exacto
del equilibrio.



RECOGIMIENTO



Puedo hundirme en el polvo de las seis.
Como un perro, bajar la cabeza
y masticar los latidos que espigan del ocaso.


Puedo llevar mi fiebre por el borde del río
y dejar mis vértebras en el viento
para confundirme con los pájaros.


Puedo verter los sacramentos en el mar
y quedarme solo
revisando mis papeles y mis huesos.


Porque entonces, mis manos estarán cavando
para empozarme el cuerpo en el corazón.

Y nadie sabrá de mis latidos.

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