MOZART: LAS CARTAS DE UN GENIO DE LA
MÚSICA
Título
del original en alemán: WOLGFANG AMADEOS MOZART
Traducción
de Inge S. DE LUQUE
DECIMOTERCERA
ENTREGA
LAS CARTAS DE MOZART COMO EXPRESIÓN
DE SU ESPÍRITU CREADOR (9)
DRAMÁTICA (3)
Hasta las discusiones sin
importancia con su madre interesan al temperamento dramático del músico y lo
incitan a repetir el “teatro”, a volver a escucharse a sí mismo y a su madre.
María Ana escribe a
Leopoldo: “Me extraña mucho que no hayas recibido los duetos de Schuster…”,
allí parece que Mozart le ha quitado la pluma de la mano a su madre; Wolgfang
prosigue así: “Pero sí los he recibido. Mama: Por Dios, si él siempre ha
escrito que aun no los tiene, y con esto se acabó. Mama: Te equivocas. Wolf.:
No, no me equivoco, se lo daré por escrito a la mama. Mama: Sí, y ¿dónde?
Wolf.: Ahí, lee la mama, justo ahora está leyendo…” (1)
La situación en que se
encuentra en el momento de escribir la carta aparece muchas veces en forma
inconexa y repentina.
Mozart caracteriza al
cantante Prato:
…apuesto
que el hombre no soportará los ensayos y menos aun la ópera -el tipo no está
sano por dentro-
En ese momento golpean a
la puerta y Mozart prosigue:
Adelante
-señor Panzachi
y prosigue, deteniéndose
en lo referente a la visita:
Me
pregunta humildemente si en lugar de “Se la la” puede cantar “Se co la”, o
quizá do re mi fa sol la? (2)
A menudo encontramos a
Mozart en animada discusión con el destinatario de la carta, como si este
estuviera sentado frente a él y le diera una contestación o le hiciera una
pregunta a todo lo que él anota.
La
comedia, como quiera que sea la cosa, o las dos noches sin dormir, es
encantadora, pues la tengo aquí… no, no la he visto, sólo la he leído.
En la misma carta reclama
el envío de arias:
Envíeme
las mismas con la silla de postas, para que yo se las dé personalmente al señor
Dummhoff, quien se las enviará libre de franqueo. ¿A quién?, ¡pues a Keckmann! (3)
Puede suceder que Mozart
deje escapar algún “no” polémico, aunque innecesario, para dar mayor
dramaticidad al diálogo fingido:
…hace
varios días que he recibido una carta, ¿de quién? Del señor von Feigele -y el
contenido- que está enamorado ¿y de quién? De mi hermana -no- de… mi prima. (4)
Aun sin el doble “no”
podía haberse prevenido un mal entendido en el ejemplo que sigue:
…la
semana pasada di un baile en mi casa. Se entiende que los invitados pagaron 2
gulden * por cabeza. Empezamos a las 6 de la tarde y terminamos a las 7. ¿Cómo,
sólo una hora? No, no; a las 7 de la mañana. (5)
Si nos preguntáramos cuál
es el factor que ha hecho que sintiéramos el suspenso en estas citas
reconoceremos fácilmente que el diálogo es el más importante. En locución
indirecta y en forma abreviada sería algo así: “El lector me cubrió de
denuestos hasta que no pude aguantarlo más y le dije que me marchaba. Él me
señaló la puerta.” De esta manera todo sonaría menos interesante, insignificante
y hasta aburrido. La locución directa, en cambio, exige nuestra creciente
participación; ¿qué dice uno, qué le contesta el otro?, he aquí la constante
inquisición. Para el dramaturgo es una necesidad suponer ese interés. Mientras
que el escritor épico permite, no sólo al lector, sino a sí mismo, perder el
hilo, el dramaturgo deberá mantenernos constantemente vigilantes, en vivo
suspenso, pues enlaza lo uno con lo otro en forma casual y un instante de
distracción de nuestra parte podría traducirse en una defectuosa idea del
panorama general.
Si el épico nos convida a
un banquete, nos lo comemos sin preocuparnos del paisaje que apenas un momento
antes transitamos de la mano del poeta. El conocimiento del paisaje no es
condición indispensable para la comprensión del banquete. El dramaturgo, en
cambio, no permite que pase por nuestro lado un cúmulo de detalles, de los
cuales cada uno podría subsistir como cuadro independiente. Tiene una meta, de
la cual dependen todas las realizaciones previas. El hecho de que el elector le
señalara la puerta a Mozart en el diálogo, que, en su forma de discusión entre
dos contrarios, aumenta en intensidad y compromete nuestra constante atención.
Vivimos el diálogo como una interesante escena teatral. Una vez más se ve la
mano de Mozart como músico, el autor de muchas obras escenificadas, pero
también el compositor instrumentista.
“Así me siento, por
ejemplo, en las sinfonías de Mozart”, quien también era un gran maestro de la
instrumentación con su significativa y viva, a la vez que clara, diversidad. El
cambio de los distintos instrumentos, a menudo un dramático concierto, me ha
parecido una especie de diálogo, una conversación del sonido y su eco, del
alejarse y del complementarse”. (6)
En citas anteriores ya
hemos tenido ocasión de señalar las caracterizaciones de personas y
circunstancias a que era tan afecto Mozart. Entre ello y la correspondencia
dialogada parece existir una estrecha relación.
Notas
.(1) A su padre, Augsburgo,
24-X-1777, I, 204.
(2) A su padre, Munich,
23-XI 1780, II, 17.
(3) A su padre, Munich,
13-XII-1780, II, 37.
(4) A su padre, Viena,
29-V-1782, II, 167.
(5) A su padre, Vi4ena,
22-I-1783, II, 193.
* Moneda de pista usada
durante la monarquía austrohúngara y también en Holanda: es el florín. (N. del T.)
(6) G. W. Fr. Hegel, edición
jubilar, tomo 14, Stuttgart, 1939.
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