ANTONIN
ARTAUD
EL
TEATRO Y SU DOBLE
Traducción de Enrique Alonso y Francisco Abelenda
QUINCUAGESIMOPRIMERA ENTREGA
6
NO
MÁS OBRAS MAESTRAS (7)
Cualesquiera sean los
conflictos que obsesionen la mentalidad de una época, desafío al espectador que
haya conocido la sangre de esas escenas violentas, que haya sentido el tránsito
de una acción superior, que haya visto a la luz de esos hechos extraordinarios
los movimientos extraordinarios y esenciales de su propio pensamiento -la
violencia y la sangre puestas al servicio de la violencia del pensamiento-,
desafío a esos espectadores a entregarse fuera del teatro a ideas de guerra, de
motines, y de asesinatos casuales.
Así expresada esta idea
parece atrevida y pueril. Se pretenderá que el ejemplo crea ejemplos, que si la
actitud de la curación induce a la curación a la curación la actitud del crimen
induce al crimen. Todo depende de la manera y la pureza con que se hagan las
cosas. Hay un riesgo. Pero no se olvide de que aunque el gesto teatral sea
violento es también desinteresado, y que el teatro enseña justamente la
inutilidad de la acción, que una vez cometida no ha de repetirse, y la utilidad
superior del estado inutilizado por la acción, que una vez restaurado produce
la sublimación.
Propongo pues un teatro
donde violentas imágenes físicas quebrante e hipnoticen la sensibilidad del
espectador, arrastrado por el teatro como por un torbellino de fuerzas superiores.
Un teatro que abandone la psicología y narre lo extraordinario, que muestre
conflictos naturales, fuerzas naturales y sutiles, y que se presente ante todo
como un excepcional poder de derivación. Un teatro que induzca al trance, como
inducen al trance las danzas de los derviches y de los aisaguas, y que apunte
al organismo con instrumentos precisos y con idénticos medios que las curas de
música de ciertas tribus, que admiramos en discos, pero que somos incapaces de
crear entre nosotros.
Hay aquí un riesgo, pero
en las presentes circunstancias me parece que vale la pena aventurarse. No creo
que podamos revitalizar el mundo en que vivimos, y sería inútil aferrarse a él;
pero propongo que algo nos saque de este marasmo, en vez de seguir quejándonos
del marasmo, del aburrimiento, la inercia y la estupidez de todo.
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