ANÓNIMO
INGLÉS DEL SIGLO XIV
LIBRO
DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR
Franciscus hanc editionem fecit
NONAGESIMOTERCERA
ENTREGA
18
Después
de todo lo que he dicho sobre las dos vocaciones a la vida de gracia, veo que
surge una pregunta en tu mente. Quizás estés pensando algo parecido a esto:
“Dime,
por favor, ¿hay uno o más signos que me ayuden a discernir este crecente deseo
que siento por la oración contemplativa, y este embriagador entusiasmo que se
apodera de mi siempre que oigo hablar o leo sobre él? ¿Es Dios realmente el que
me llama a través de ellos a una vida más intensa de gracia tal como la has
descrito en este libro, o es que los da como un simple alimento y fuerza para
mi espíritu, de forma que pueda esperar sosegadamente y trabajar en esa gracia
ordinaria que tú llamas la puerta y la entrada común para todas los cristianos?”.
Contestaré
lo mejor que pueda.
Ante
todo, advertirás que te he dado las clases de pruebas para discernir si Dios te
llama o no espiritualmente a la contemplación. Una era interior y la otra
exterior. Mi convicción es que para discernir un llamamiento a la
contemplación, ninguna de las dos, por sí sola, es prueba suficiente. Han de ir
juntas, indicando las dos la misma cosa, antes de que puedas confiar en ellas
sin miedo de equivocarte.
La
señal interior es ese deseo creciente por la contemplación que se mete
constantemente en tus devociones diarias. Y puedo decirte además lo siguiente
sobre este deseo. Es un ciego anhelo del espíritu y, sin embargo, viene
acompañado de una especie de visión espiritual que persiste después de él, y
que renueva el deseo y lo acrecienta. (Llamo ciego a este deseo, porque semeja
la facultad de moción del cuerpo -como en el tacto o al andar, que como tú sabes no se dirige
directamente a sí mismo y es, por tanto, en cierto sentido, ciego). Así, pues,
observa cuidadosamente tus devociones diarias y fíjate en lo que sucede. Si
están llenas del recuerdo de tus propios pecados, de consideraciones de la
Pasión de Cristo o de otra cosa cualquiera perteneciente a la forma ordinaria
de oración cristiana que he descrito anteriormente, has de saber que la intuición
espiritual que acompaña y sigue a este ciego deseo es fruto de la gracia ordinaria.
Y esta es una señal segura de que Dios todavía no te mueve ni te llama a una
vida más intensa de gracia. Te da, más bien, este deseo como aliento y fuerza
para seguir esperando tranquilamente y actuando con la gracia ordinaria.
La
segunda señal es exterior y se manifiesta como el entusiasmo gozoso que mana
desde tu interior, siempre que oyes o lees sobre la contemplación. La llamo exterior,
porque se origina fuera de ti y entra en tu mente a través de las ventanas de
tus sentidos corporales (tus ojos y tus oídos), cuando lees. Por lo que
respecta al discernimiento de esta señal, fíjate e si persiste este gozoso
entusiasmo, quedando contigo cuando has dejado la lectura. Si desaparece
inmediatamente o poco después y no te persigue en todo lo que haces, sábete que
no es un toque especial de la gracia. Si no está contigo cuando vas a dormir y
al levantarte, y si no va delante de ti, introduciéndose en todo lo que haces,
encendiendo y robando tu deseo, no es la llamada de Dios a una vida más intensa
de gracia, más allá de lo que llamo la puerta común y la entrada para todos los
cristianos. En mi opinión, su misma transitoriedad demuestra que es simplemente
la alegría natural que todo cristiano siente cuando lee u oye sobre la verdad y
más especialmente una verdad como esta, que tan profunda y sutilmente habla de
Dios y de la perfección del espíritu humano.
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