31/8/16

FELIPE POLLERI
EL VIRUS URUGUAY

(Un fragmento de  La vida familiar)

EL OTRO DIA, el otro día fue hace un año o dos, me acerqué al micrófono y dije:
-Tengo algo que decir sobre las personas de la tercera edad, sobre el adulto mayor.
El muchachito de la radio, seguro de que iba a decir las pavadas que dicen los viejos, se había ido a buscar una lata de cerveza o a charlar por ahí con alguna putita.
-Los viejos -dije-, esos cerebros de mosquito con orejas de elefante fueron o son ministros, jueces, presidentes, veterinarios, abogados, cirujanos, filósofos, profesores, grandes y pequeños comerciantes, literatos, estancieros, industriales, cancilleres, obispos, embajadores, etcétera. Esos viejos de mierda -dije-, que fueron adultos de mierda, jóvenes de mierda y niños de mierda, se dedican a llenar las salas de espera de los hospitales y los sanatorios para matar el tiempo perorando sobre sus enfermedades -dije-, cuando no están amargándoles la vida a sus hijos y nietos y bisnietos con sus mezquindades e idioteces o escuchando -dije- a todo volumen esos varios miles de programas radiales y televisivos centrados en el cáncer de próstata y de colon, para no hablar de la así llamada "calidad de vida" del adulto mayor, de la fruta y la verdura –dije-, pero si este es un país de viejos –dije-, de viejos y viejas, de urracas viejas y de cuervos viejos, es porque los bebés ya sueñan con ser empleados públicos jubilados, después de ser empleados públicos corruptos, NUNCA FUERON NIÑOS; viejas, siempre y viejos, siempre; viejos cuervos y viejas urracas y cacatúas. Viejos chimpancés, viejas comadrejas, viejas hienas y viejos esqueletos de momia jorobada de camello -dije-, animales invertebrados como esos soretes de perro que reptan hacia la mitad de la vereda para ensuciarnos los pies, las chancletas o el único par de zapatos rotos que tienen los enfermos mentales como yo".
"Este es un país de viejos malvados -dije-, aunque tengan cinco o diez o 15 años de edad -dije-, son alimañas viejas -dije-, alimañas rastreras y alimañas trepadoras. Se odian entre sí -dije-, odian a sus padres y a sus hijos y, sobre todo, me odian a mí porque soy joven, hermoso y extranjero y porque no soy un viejo ladrón como ellos, todos viejos ladrones desde que nacieron -dije-. Por lo tanto, la Organización de las Naciones Unidas tiene que salvar a la Humanidad de este virus exclusivamente uruguayo, pero transmisible, y me río del sida o el ébola, la ONU tiene -dije-, tiene que planear y ejecutar el total exterminio de todos los pobladores de este país infectado hasta la médula de la masmédula, Uruguay -dije-, Uruguay, ese virus con tres millones de portadores, etc, etc".
Ahí el muchachito, y un par de viejos de unos 30 y 50 años, respectivamente, me arrancaron de la silla y del micrófono, y me llevaron casi en andas hasta la puerta de la radio comunitaria. Seguramente, algún viejo de mierda había llamado a la radio comunitaria y habría gritado que un degenerado estaba diciendo inmundicias en el micrófono de la radio comunitaria, la radio comunitaria antedicha. Agrego que, mientras desarrollaba mi discurso, me había fumado un par de cigarrillos; delito penado severa y sumariamente por la Constitución. Los había apagado a escupidas y puesto con el mayor orden, uno junto al otro, en el lugar de la mesa en que debió haber un cenicero.
Fumo, claro que sí. Fumo tres cajas de cigarrillos al día y como fritos con mucha sal, y me bajo un litro de vino todas las noches. Ya sé, idiotas, que estoy perdiendo el hilo... Es la edad. No soy el escritor que fui (hace 40 años y pico). Tengo el cerebro apolillado. Además, estoy loco. Siempre estuve loco. Nací loco para decirlo todo de una vez. Tengo la "personalidad escindida" desde que me besaron los ángeles.
Todas las noches, antes de mi litro de vino tinto, salgo a caminar y a fumar, es decir, a asesinar a los fumadores pasivos. Elijo con mucho cuidado a mis víctimas, como es hábito entre los asesinos seriales.



Felipe Polleri (Montevideo, 1953) es novelista, periodista y licenciado en bibliotecología. Publicó su primera novela, Carnaval, en 1990, y ha publicado desde entonces una decena de obras de ficción entre las que destacan Gran ensayo sobre Baudelaire (2007), ¡Alemania, Alemania! (2013) y Los animales de Montevideo (2015). Su obra ha sido traducida al francés, al italiano y al portugués. Publicó también en la colección "De los flexes terpines" que dirigió Mario Levrero. El extracto aquí publicado fue tomado de su última novela, La vida familiar, publicada por Criatura Editora, 2016, Montevideo, 86 págs.
JULIO HERRERA Y REISSIG

EPÍLOGO WAGNERIANO A LA “POLÍTICA DE FUSIÓN”


Con surtidos de psicología sobre el Imperio de Zapicán


Todos estos peajeros, y estos Reyes, y estos mercaderes; todos estos guardianes de países y de tiendas, todos son mis enemigos. Abomino todo sacrificio al dios vulgo o al dios éxito. Me repugna lo trivial. Odio la hipocresía y el servilismo como los mayores crímenes. He de decir la Verdad aunque me aplaste el Universo.
NIETZSCHE: Así hablaba Zaratustra.



PRIMERA ENTREGA



Señor don Carlos Oneto y Viana


Carísimo compañero:


EN MI poder tus quinientas sesenta páginas; casa grande, casa robusta, en la que has puesto los tres elementos que luchan contra la muerte: talento, entusiasmo y fuerza. A ser yo colorado como lo he sido en un tiempo, cuando era virgen mi espíritu, cuando juzgaba que era una doncella la chandra gubernativa, cuando era cuerdo, como dicen por esas calles algunos incircuncisos (1); cuando mi pensamiento nevando ingenuidades no había sido nutrido con el áspero y grave tónico de ciencias como la sociología, la filosofía y la psico-fisiología, te hubiera aplaudido con el frenesí de un devoto musulmán por su profeta, pues, de un punto de vista de verdades relativas has fulminado la inculpación a los afeminados, a los prevaricadores, a los estólidos de contrabando, a los dómines corales, a las nulidades hidrogenadas, a la canalla política que ha sido la bubónica de este hermoso recoveco (2), valiéndose de maniobras de hipócrita masonería y apuntalándose en intolerancias conventuales, aprendidas en los besamanos de la servidumbre y en los sótanos jacobinos del atentado sangriento. Pero, quizás, en perjuicio de mi bienestar, que como buen utilitarista yo me adoro antes que nada, me encuentro a gran distancia de inclinaciones locales, de banderías de plaza pública, de cipizapes famélicos, de vociferaciones de liturgia, de mascaradas sectarias, de cociembres virulentas, de todo lo que importa tradicionalismo, exhumación, necromanía, pretérito perfecto, rencores estratificados, impulsividad heredada, como diría el viejo Spencer, aluviones indígenas de atavismos, anormalidades patentizadas en derecho público, glorificadas por los cañones del Cerro, e inmortalizadas por quienes como son partidarios a outrance.


Como te digo, anclado lejos de la costa atávica, libre por excelencia de la cuerda aborigen, sin la mochila disciplinaria del palaciego pedestre, me arrebujo en mi desdén por todo lo de mi país, y a la manera que el pastor tendido sobre la yerba contempla, con ojo holgazán, correr el hilo de agua yo, desperezándome en los matorrales de la indiferencia, miro, sonriente y complacido, los sucesos, las polémicas, los volatines en la maroma, el galope de la tropa púnica por las llanuras presupuestívoras, el tiempo que huye cantando, los acuerdos electorales, las fusiones y las escisiones, todo, todo lo miro y casi no lo veo. Carlos, amigos…! Oigo también, día y noche, que no me dejan dormir, los martillazos atronadores, el infernal zumbido de la gente que se ocupa en los trabajos del Puerto… Y nada me interesa. ¿Soy, quizás, un morboso? Yo no sé lo que soy, ni qué será de mi arcilla fosfórica y sonámbula, errante por un empedrado de trivialismo de provincia, rendida de soportar la necedad implacable de este ambiente desolador! De tantas aleaciones mágicas, de todo aquel malabarismo hermoso que lució un tiempo en mi espíritu, sólo me resta el imperial orgullo:


Seul il marchait tout un dans cette mascarade
Qu’on appellee la vie, en y parlant tou haut.
Tel que la robe d’or du jeune Alcibiade,
Son orgueil indolent, du palais au ruisseau,
Trainant derrière lui comme un royal manteau.


Entre tanta patrañería polvorosa y tanto revoltijo fósil, entre todo lo que los sepultureros de la tragi-cómica historia de nuestro manicomio público han sacado a relucir en extenuadas exposiciones de cinematógrafo memorial, con una forma cloroformizante, nada en estos últimos tiempos ha tenido la honra de resucitar al Lázaro que llevo adentro (3). ¿Por qué?... Te lo acabo de decir: ni el Cerro, ni la cuchilla de Juan Fernández son ahora los sitios de mis observaciones. Desde tales medianías orográficas, que simbolizan a la perfección el espíritu de nuestra tierra, tan sólo se columbra un cementerio de campo donde se adora morbosamente los manes de dos caudillos… (4) He tomado mucha altura; viajo en mis globos de iconoclasta pasivo por hemisferios más amplios; he perdido la memoria del Montevideo antiguo. No son mis dioses apócrifos los abracadabras de los bobicultos, las estantiguas austeras a que se rinde homenaje con un vientre franciscano, pidiendo aumento de dietas para gastos de corte y moda, para exaltar con delirio la política de Sardanápalo.


Notas


(1) Cuerdo, quiere decir en uruguayo ser blanco o rojo, adular a la Patria y a sus Epaminondas, fundirse en exclamaciones románticas sobre el terruño y su porvenir. Siendo cuerdo se consigue una banca de diputado y la aureola de un ciudadano antiguo.
(2) Nuestro país es, en relación al resto del globo, lo que la Tierra es al Universo. Por lo que la Tierra viene a ser la República Oriental del universo.
(3) Mi Lázaro, distinto del hierosolimitano, es perfumado y arrogante… tiene algo de don Juan, y es risueño como Anaxágoras.

(4) El país.
RICARDO AROCENA

HUASIPUNGO


Algunas cuestiones sobre las ciencias sociales latinoamericanas, el desarrollo, el subdesarrollo y la dependencia (*)




SÉPTIMA ENTREGA



12. Los problemas del subdesarrollo



Para nada han sido creativos los organismos internacionales a la hora de describir el status actual de nuestros países. Continúan, pese a todas las críticas que tal terminología ha generado, definiéndolos en forma eufemística como "subdesarrollados", o "en vías de...", etc. ¿Cómo definir entonces al subdesarrollo, si no se quiere caer en la simplicidad de Perogrullo, describiéndolo como "ausencia de desarrollo" ni equipar la definición al de "sociedad tradicional", como lo hacía hacia la década del ´50 el sociólogo norteamericano Rostow?


El economista francés V. Dominique solía decir que "un país subdesarrollado se caracteriza por el retardo de las fuerzas productivas materiales y humanas, causado por relaciones de producción ellas mismas en retardo en relación a las que existen en los países avanzados". Pero esta definición para muchos autores es incompleta, porque no tiene en cuenta el conjunto de relaciones de producción del país en cuestión y su posición en el cuadro de la economía mundial.


Así es que desde los años ´60 fueron cobrando fuerza definiciones según las cuales el subdesarrollo es producto del desenvolvimiento desigual del capitalismo, de la frustración de la revolución democrático burguesa en continentes enteros, de la formación del sistema colonial del imperialismo y del mantenimiento de relaciones precapitalistas.


En su momento la caracterización del subdesarrollo promovió la discusión sobre si los países de América Latina podían considerarse o no capitalistas. Muchos hablaban de países semicoloniales o afirmaban que los niveles de desarrollo estaban determinados por la existencia o no, de relaciones semi-feudales de producción. Pero la discusión cambió en determinado momento de ejes, aceptándose que los países latinoamericanos soportan un desarrollo capitalista deforme, con latifundios, con relaciones precapitalistas en muchos casos, pero subordinadas en general a las relaciones de producción capitalistas, de corte hegemónico.


Ahora bien, hoy en día, y en el marco actual de concentración de capital, de relocalización e internacionalización del proceso de producción, con gigantescos mercados financieros que actúan "en tiempo real", ¿en qué punto queda esta discusión? Es decir, la investigación actual tiene mucho de rescate, pero también mucho de "aggiornamiento", de encarar realidades completamente nuevas, cambiantes, que se suman, cambian o mixturan a las ya existentes. Ni los países subdesarrollados y dependientes, ni los países imperialistas son iguales a como eran en los ´60. La "aldea global" de Mc Luhan, convoca a definiciones.


Procurando aprehender la realidad, el economista Jorge Quartino, escribía en su libro póstumo que estamos "ante una actualización siglo XXI (nueva fase trasnacional) del fenómeno del imperialismo, que ya ha adquirido un estado permanente en el capitalismo. Las ´modernizaciones´ del capitalismo no hacen más que afirmar su esencial proceso de expansión, dominio y creciente desarrollo desigual, tanto en lo económico social como en lo político-militar; ya sea con referencia a los países, regiones y continentes o a las clases sociales que se desenvuelven en todos ellos".



13. ¿Un mundo diferente?



Como consecuencia de todo lo anterior, crece la marginación y la exclusión tanto de naciones enteras, como de enormes sectores sociales dentro de cada país, sin olvidar a un "cuarto mundo", que dentro de los países desarrollados, emula en todo al "tercero". Hasta personalidades "insospechables", como ex funcionarios de los propios organismos internacionales, o cabezas visibles de grandes corporaciones como el húngaro norteamericano George Soros, autor de varios ensayos sobre la situación mundial, expresan preocupación ante la actual situación.


Soros ha alertado que: "Una sociedad guiada por la supervivencia del más fuerte se desintegra si algo no la mantiene unida, y lo que mejor la une es una amenaza externa. En algún momento esta amenaza fue la guerra fría, en la que los Estados Unidos podían ser los líderes del mundo libre. Hoy extrañan esa situación y buscan nuevos enemigo, arriba y abajo. Y, al hacerlo, me da la sensación que los van a encontrar, arriba y abajo", ante lo cual reclama "una nueva coalición para cambiar la economía global a favor de los pobres".


A estos planteos se ha sumado el madrileño Manuel Escudero, experto en problemáticas macroeconómicas, quien después de enumerar las dificultades ocasionadas por la "globalización" y los problemas en materia de balanza de pagos de los países subdesarrollados, concluye que el problema de la deuda externa se ha agravado, ya que su monto se ha duplicado entre 1992 y 1998. Y anota que "Con ello, el esfuerzo para pagarla ha aumentado, y hoy los 156 países en desarrollo gastan como media el 39% de lo que producen en satisfacer lo que deben".


Consolidar el actual estado de cosas, que concentra el poder en cada vez menos manos, implica canalizar el pensamiento y las actitudes de la gente dentro de límites aceptables y controlar los medios que fabrican consensos, para como dice Noam Chomsky "domesticar el rebaño perplejo", a
partir de democracias... en realidad no tan democráticas.


A este respecto, por ejemplo Frank Hinkelammert alerta que vivimos en democracias "agresivas, sin consenso, con extremo control de los medios de comunicación por intereses económicos concentrados, en las que la soberanía no reside en los gobiernos civiles, sino en los ejércitos y, más allá de ellos, en los organismos financieros internacionales que representan los países del centro (...) se trata de democracias controladas, cuyos controladores no están sometidos a ningún mecanismo democrático".


No son pocos los autores que acompañan estos puntos de vista y definen a las actuales democracias globalizadas, como "tuteladas", "limitadas", "restringidas" o "controladas" según la visión o escala de matices con que se mueve cada uno. Democracias que concentran el poder en organismos permanentes, no electivos y por lo tanto no sujetos a cambios electorales como los Consejos de Seguridad Nacional allí donde existen, los Bancos Centrales, las instancias económicas asesoras, los Tribunales Constitucionales, etc. Por las dudas, por si todo eso fallara, una nueva superestructura militar agresiva para con las naciones subdesarrolladas, hace hincapié en nuevos "pactos", en tropas de despliegue rápido y hasta en guerras de "baja intensidad", con las que se procura desalentar cualquier disidencia.


El economista Héctor Tajam no duda de que "la idea de un poder tecnológico que avanza sin pausas, que todo lo absorbe, irresistible en una aparente objetividad omnipresente, que parece no pertenecer a nadie ni responder a intereses concretos, sí ha logrado en buena medida, aquellos objetivos que perseguía Fukuyama. La tecnología, a través de una pretendida neutralidad, despojada de elementos subjetivos (es decir de quienes la controlan, y bajo qué intereses concretos es desarrollada), se nos presenta como capaz de resolver todos los problemas que la humanidad ha soportado desde que el hombre tuvo conciencia de sí mismo". Al parecer, el fin de la historia en su versión panglosiana, resulta tener la imagen de Robocop.




(*) El presente trabajo fue realizado hace más de una década para que sirviera como ayudamemoria de una ponencia realizada en un marco académico. Mucho ha cambiado nuestro continente desde aquel entonces, pero por considerar que lo sustancial del contenido continúa vigente decidimos publicarlo para que sirva como aporte para la discusión sobre el particular momento histórico por el que transitamos.
GUILLERMO ENRIQUE HUDSON

LA TIERRA PURPÚREA


SEPTUAGESIMOSEPTIMOPRIMERA ENTREGA



XIX / CUENTOS DE LA TIERRA PURPÚREA (2)



Al anochecer nos hallábamos todos muy despiertos y nos sentamos hasta muy tarde en la noche alrededor del fuego que habíamos hecho en el hueco, tomando mate y conversando. Estábamos todos muy habladores, y luego que hubimos agotado los temas corrientes de conversación en la Banda Oriental, nos pusimos a conversar de asuntos extraordinarios, de animales raros, fantasmas y otras maravillosas aventuras.


-El modo como la lampalagua caza a su presa es muy curioso -dijo uno de los circunstantes, llamado Rivarola; era un hombre grueso, de enorme barba y bigote negros, de feroz aspecto, pero de suave mirada y voz arrulladora.


Todos habíamos oído hablar de la lampalagua, especie de boa que se encuentra en estos países; es de cuerpo muy grueso y de movimientos extremadamente tardos. Se alimenta de los roedores mayores y los caza, creo, agitándolos adentro de sus madrigueras, donde no pueden correr ni escapar a sus mandíbulas.


-Les contaré lo que vide una vez, pues nunca jamás he visto cosa más rara -continuó Rivarola-. Pasando un día a caballo por un monte, divisé a alguna distancia delante de mí a un zorro sentao en el pasto oservándome mientras me acercaba. De repente, lo vide dar un brinco en el aire y dio un gritazo de susto; entonces cayó al suelo, ande quedó aullando y mordiendo, como si estuviera luchando por su vida con algún alversario invisible. Luego empezó a alejarse por el monte, pero muy despacito, y siempre luchando desesperao. Parecía estar que ya no podía más de cansao; arrastraba la cola, echaba espuma por el hocico y le colgaba la lengua ajuera, mientras que siempre se movía como si fuera arrastrao por alguna soga invisible. Lo seguí de cerquita, pero no me hizo ningún caso. A veces, enterraba las uñas en la tierra, o agarraba algún tallo o rama con los dientes y se quedaba descansando algunos momentos, hasta que por fin el tallo o la rama aflojaba; entonces empezaba a revolcarse en el suelo dando juertes aullidos, pero siempre arrastrao hacia adelante. Luego vide en la dirección en que íbamos caminando, una enorme serpiente del grueso del muslo de un hombre, con la cabeza levantada alta sobre el pasto y sin moverse, tal como si juera de piedra. Su boca, como una cueva de color de sangre, la tenía de par en par abierta y la vista fija en el zorro. Lo que llegó a unos veinte pasos de la serpiente, el zorro empezó a moverse a toda priesa por el suelo, sus esfuerzos para librarse iban haciéndose más y más débiles cada momento, hasta que parecía estar volando por el aire y lueguito llegó a la boca de la serpiente. Entonces la culebra agachó la cabeza y empezó a tragarse a su presa tranquilamente.


-¿Y quiere decirnos, amigo, que usted mismo vio eso? -le pregunté.


-Con estos mesmísimos ojos -repuso, señalándolos con la bombilla del mate que tenía en la mano-. Esa jue la única vez que he visto a la lampalagua cazar a su presa, pero todo bicho ha oído hablar del modo que lo hace. Ha de saber, señor, que la lampalagua arrastra a un animal hacia ella, gracias al poder que tiene de chupar el aire. A veces, lo que el animal al que quiere hacer presa es muy juerte o está alejao, digamos a una media legua, se enyena tanto de aire la lampalagua, mientras está arrastrando a su vítima, que… que…


-¡Que revienta! -le sugerí.


-Que tiene que dejar de arrastrarla pa soltar el resuello. Lo que esto sucede, el animal, viéndose libre de aquella juerza que lo arrastra, aprieta a correr a tuito escape. ¡Pero es al ñudo!, pues apenas echa ajuera la serpiente tuito aquel viento acumulao, con un estallido como el estallido de un cañón…


-¡No! ¡No! ¡Como un fusil! Yo mismo lo he oído -interrumpió Blas Arias, uno de los oyentes.


-Como un fusil -continuó Rivarola-, cuando güelve otra vez a chupar el aire; y ansina sigue la lucha hasta que por último la vítima es arrastrada dentro del garguero del monstruo. Es bien sabido que la lampalagua es la más fuerte de tuitas las criaturas que Dios ha criao, y que si un hombre en pelota pelea con una y la gana por la pura juerza, el poder de la serpiente le dentra a él ansina que naides se la gana.


Me reí de esta fábula y mi falta de seriedad fue severamente reprendida.

30/8/16

LECCIONES DE VIDA

ELISABETH KÜBLER-ROSS Y DAVID KESSLER


UNDÉCIMA ENTREGA


2 / LA LECCIÓN DEL AMOR (2)



EKR



Una mujer muy correcta se acercó a mí al terminar una conferencia. Ya sabrán ustedes lo que quiero decir con “correcta”: su peinado era impecable, su ropa combinaba a la perfección, etcétera.


“El año pasado asistí a uno de sus seminarios -me dijo-. De regreso a mi casa, no podía dejar de pensar en mi hijo de dieciocho años. Todas las noches, cuando volvía a casa, lo encontraba sentado en la cocina con una camisa gastada y horrible, regalo de una de sus amigas. Siempre temía que, si los vecinos lo veían, pensarían que no podíamos vestir a nuestros hijos de forma adecuada.


“Él simplemente se quedaba allí sentado con sus amigos. -Cuando aquella mujer dijo “amigos”, su rostro reflejó su desagrado-. Todas las noches lo reñía, sobre todo por aquella camiseta. Una cosa lleva a la otra y… Bien, esa es nuestra relación.


“Pensé en el ejercicio sobre el final de la vida que realizamos en el seminario. Me di cuenta de que la vida es un regalo, un regalo del que no dispondremos para siempre. También comprendí q    ue mis seres queridos no estarían junto a mí eternamente. Y me puse a pensar en los supuestos: “¿Y si me moría al día siguiente? ¿Qué sentiría respecto a mi vida?” Me di cuenta de que estaba contenta con mi vida a pesar de que la relación con mi hijo no fuera perfecta. Entonces pensé: “¿Y si mi hijo se moría al día siguiente? ¿Qué sentiría yo respecto a la vida que le había proporcionado?”


“Comprendí que, en este caso, experimentaría una pérdida enorme y un gran conflicto interior debido a nuestra relación. Mientras representaba en mi mente la horrible escena, pensé en su funeral. No querría enterrarlo vestido con un traje, pues no era de llevar trajes: querría enterrarlo con la maldita camiseta que a él tanto le gustaba. Así es como lo honraría a él y a su vida.


“Entonces me di cuenta de que muerto lo amaría por lo que era y lo que le gustaba, pero que no le estaba dando ese regalo en vida.


“Comprendí que aquella camiseta tenía un gran significado para mi hijo. Fuera por la razón que fuera, era su favorita. Cuando llegué a casa aquella noche le dije que me parecía bien  que llevara la camiseta siempre que la quisiera. Le dije que lo quería tal como era. Y me sentí tan bien por haberme despojado de las expectativas, por dejar de intentar cambiarlo y por amarlo sólo por lo que era… Y ahora ya no intento que sea perfecto: me parece adorable tal como es.”


Sólo encontramos paz y felicidad en el amor cuando nos olvidamos de imponer condiciones al amor que sentimos por los demás. Además, por lo general imponemos las condiciones más duras a aquellos a quienes más amamos. Nos han enseñado muy bien el amor condicional, de hecho, hemos sido literalmente condicionados, lo cual hace que el proceso de desaprendizaje resulte muy difícil. Como seres humanos, no podemos amarnos los unos a los otros de un modo completamente incondicional pero sí que podemos experimentarlo durante algo más que unos minutos en toda una vida, que es lo que hacemos normalmente.


Una de las pocas ocasiones en que disfrutamos de un amor incondicional es cuando nuestros hijos con pequeños. A ellos no les importa si tenemos un día bueno o malo, cuánto dinero poseemos o cuáles son nuestros logros. Simplemente nos quieren. Con el tiempo, cuando los premiamos por sonreír, obtener buenas calificaciones y ser lo que queremos que sean, les enseñamos a poner condiciones al amor. Pero todavía podemos aprender mucho del modo en que los niños nos quieren. Si quisiéramos a nuestros hijos incondicionalmente durante un poco más de tiempo, crearíamos un mundo muy distinto.


Las condiciones que imponemos al amor son pesos con los que lastramos nuestras relaciones. Cuando nos desprendemos de las condiciones, encontramos muchas formas de amor que antes no creíamos posibles.


Uno de los mayores obstáculos a los que nos enfrentamos cuando queremos dar amor incondicional es el miedo a no ser correspondidos. No nos damos cuenta de que el sentimiento que buscamos consiste en dar, no en recibir.


Si medimos el amor que recibimos, nunca nos sentiremos amados, sino estafados, porque el acto de medir no es un acto de amor. Cuando no nos sentimos amados, no es porque no recibamos amor, sino porque reprimimos el nuestro.



Cuando discutimos con nuestros seres queridos, creemos que estamos enfadados por algo que han hecho o han dejado de hacer, pero en realidad lo estamos porque hemos cerrado nuestro corazón, porque hemos dejado de dar amor. La reacción ante una discusión nunca debería ser retener nuestro amor hasta que respondan a nuestras expectativas. ¿Y si no lo hicieran? ¿Nunca volveríamos a amar a nuestra madre, nuestro amigo o nuestro hermano? Si los amamos a pesar de lo que hicieron, percibiremos cambios, veremos desatarse todo el poder del universo. Y veremos cómo los demás nos abren su corazón con ternura.