25/4/17

SEXUALIDAD Y NIHILISMO DEL MARQUÉS DE SADE

Por Daniel Morales

(2 / 6 / 2014)


El Marqués de Sade es uno de los personajes más entrañables de la literatura francesa, mundialmente conocido por las novelas Justine o los infortunios de la virtud Las 120 jornadas de Sodoma; es considerado una de las personas más perversas de la historia. La palabra “sádico”, refiriéndose a la persona quien recibe placer al inducir dolor físico o psicológico a otro ser vivo, tiene una referencia lingüística ligada a él, y mientras su obra permanece en la historia como uno de los libros más controversiales de todos los tiempos, la vida de Donatien Alphonse François de Sade, mejor conocido como Marqués de Sade, también fue bastante tumultuosa, marcada por el hedonismo excesivo que caracteriza sus obras.

 
Sade nació en el seno de una familia adinerada y recibió una educación privilegiada, siempre fue una persona interesada por los viajes y los lugares exóticos gracias al trabajo de diplomático que su padre desempeñaba; eso lo llevó a tener dos materias favoritas de las cuales devoraba libros enteros: filosofía e historia. A la edad de 16 años entró al ejército, donde demostró aptitudes dignas de un líder, y gracias a su eficacia y desempeño se convirtió en un miembro indispensable para su régimen.


El Marqués de Sade se casó con Rénee Pelagie a los 23 años: ese matrimonio fue arreglado por los padres de los prometidos, quienes no tuvieron voto en la decisión, lo que afectó mucho a Sade, pues buscaba casarse con una mujer de la que en verdad estaba enamorado. Esto lo afectó profundamente y ese sentimiento se ver reflejado en Aline y Valcour, libro en el que menciona los infortunios del matrimonio arreglado. Aunque el Marques vivió gran parte de su vida con Rénee, quien se convirtió en el eje de su vida durante muchos años, él siempre resintió el no encontrar en su vida un amor romántico. 



Es después de un matrimonio en el que el sexo jugó un papel importante, cuando los “escándalos” comenzaron; esos rumores y chismes convirtieron a Donatien Alphonse François de Sade en un mito que vive hasta nuestros tiempos. Su abierta vida sexual puede o no deberse a la falta del amor que no encontró en su matrimonio, y en su vida en general, pero fue después de la boda cuando es arrestado por motivos que aun no son claros; se sospecha que pagó a una mujer por tener sexo con ella, le pidió tener sexo anal y acciones que no se habían estipulado en el trato. Así era su estilo de vida, en el que entre orgías y prostitutas se desarrolló la idea opuesta ante sus profundos deseos de encontrar el amor verdadero.


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“Los días, que en un matrimonio por conveniencia sólo traen consigo espinas, hubieran dejado que se abrieran rosas de primavera. Cómo hubiese recogido esos días que ahora aborrezco. De la mano de la felicidad se hubieran desvanecido demasiado deprisa. Los años más largos de mi vida no tendrían suficiente para ponderar mi amor. En veneración continua me arrodillaría a los pies de mi mujer y las cadenas de la obligación, siempre recubiertas de amor, habrían significado para mi corazón arrebatado sólo grados de felicidad. ¡Vana ilusión! ¡Sueño demasiado sublime!”


El escándalo fue el sinónimo de Sade, a partir de entonces su vida corrió a cargo de las palabras que se transmitieron de boca en boca, sus perversiones se multiplicaban mientras viajaban más lejos y su inmunidad poco a poco perdió fuerza. 


Cuando comenzó a trabajar en la corte, inició su vida promiscua seduciendo a mujeres jóvenes y casadas, huyó con una de ellas durante dos años, aun así su mujer permaneció a su lado y fue poco después, en 1768, cuando el “escándalo de Arcueil” lo mantuvo preso por siete meses por, supuestamente, engañar a una mujer para que entrase a su casa y después desnudarla, azotarla y realizar cortes sobre su piel con una navaja. Fue absuelto debido a falta de pruebas, sólo permaneció en prisión 15 días y nunca se supo si la mujer inventó la historia o fue por las amistades de Sade que este logró ser liberado.
Gran aficionado por el teatro, la literatura, la política y la fascinación sexual, su obra literaria se convierte en un mensaje de un hombre a algo más que su época, se convierte en un legado filosófico de alguien quien vivió la Revolución Francesa de frente, que sufrió ataques por parte de la sociedad en la que vivía; de alguien cuyo nihilismo y ateísmo eran demostrados en sus convenciones sexuales, plasmando su concepción de instituciones a través de personaje que realizan actos inhumanos con sus juguetes sexuales, los que, muchas veces, representan al pueblo francés. 



El “escándalo de Marsella” fue con el que comenzó la vida de Sade del otro lado de la Ley; durante esos años fue perseguido debido a que supuestamente había envenenado con caramelos a tres prostitutas, de 18, 20 y 22 años, durante una orgía en la que participaron el Marqués y su sirviente. Huyó a Italia con su cuñada y fue entonces cuando su suegra comenzó a perseguirlo acusándolo de perturbador de la paz y pervertido. Cuando Sade regresó a Francia para visitar a su moribundo padre, fue encarcelado, y así permaneció trece años.
El Marqués de Sade fue uno de los últimos prisioneros de la Bastilla, antes de la Revolución Francesa: 

“Desde el instante terrible en que me arrancaron tan ignominiosamente de tu lado, mi querida amiga, he sido víctima del sufrimiento más cruel. Me han prohibido darte detalles sobre esto, y todo lo que puedo decirte es que es imposible ser más desgraciado de lo que soy. Ya he pasado diecisiete días en este horrible lugar. Pero las órdenes que han dado ahora deben ser muy diferentes de las de mi reclusión anterior, porque la manera de tratarme no se parece nada a la de entonces. Siento que me es totalmente imposible soportar más tiempo un estado tan cruel. La desesperación se apodera de mí. Hay momentos en que no me reconozco. Siento que estoy perdiendo la razón. La sangre me hierve demasiado para soportar una situación tan terrible. Quiero volver mi furor contra mí mismo, y si no estoy fuera dentro de cuatro días, estoy seguro de que me romperé la cabeza contra los muros”.


Es allí donde Sade escribió la mayoría de sus libros y donde su enclaustramiento lo llevó a un deterioro físico y mental. Fue esto, también, lo que lo indujo a autonombrarse misántropo y donde su vida se convirtió en un infierno personal. Es gracias a la Revolución Francesa que logró obtener su libertad, pero sin el apoyo de su esposa era libre en un mundo donde se encontraba solo; su divorcio fue de los primeros en ser registrados en Francia, gracias al triunfo de la Revolución. En sus últimos años Sade ganó y perdió el apoyo del nuevo régimen, incluso escribió el discurso para el funeral de Jean – Paul Marat y entre sus obras de teatro y su trabajo en la burocracia volvió a ser detenido y enviado a prisión por seis semanas sin un motivo real para encontrarse allí. Es esa época, la del Terror Francés, en la que la guillotina cortaba la cabeza de cualquiera que el Estado sospechara de traidor, Sade fue víctima del horror psicológico y poco antes de ser decapitado fue puesto en libertad sólo para terminar en una prisión por el resto de su vida, pues se descubrió que era el autor de la famosa y censurada obra: Justine.



El Marqués de Sade vivió los últimos años en el Charenton, donde su condición era deplorable. Se dice que mucha gente lo veía como un hombre agradable, hasta el momento en el que se enteraban de quién era. También se dice que durante esa época tuvo una amante de 13 años. Finalmente, el 2 de diciembre de 1814, a la edad de 74 años, con sobrepeso y ceguera, el tiempo se encargó de condenar su vida y obra, y fue el mismo tiempo el que convirtió aquellos textos uno de los registros de filosofía, sexualidad y libertad más importantes de la historia.
ESCRITOS DE HORACIO QUIROGA



VIGESIMOQUINTA ENTREGA



Carta abierta al señor Benito Lynch *



Esta carta que le dirijo -y abierta, por ignorar en un todo dónde pudiera hallarlo- tiene por objeto, extraordinariamente grato para mí, de contarle la profunda emoción con que he leído Los caranchos de La Florida. Debo ante todo decirle que no tengo el menor detalle sobre su persona, y desde luego su personalidad, fuera del muy hondo que me ha proporcionado su libro.


Yo vivo en Misiones, en pleno bosque, y desde hace varios años. Conservo muy contado cambio de ideas con esa, y paso asimismo meses enteros sin que me llegue un libro de allí.


Tal es el caso con Los caranchos. Ha venido a mis manos anteayer, y pocos impulsos en mi vida han sido tan violentos como el que me hace escribirle enseguida, sin saber quién es usted, dónde vive, y aun si vive usted en realidad. Vaya, pues, esta suposición idiota para afirmar el absoluto desinterés mi carta -cosa, dicho sea de paso, a que no estamos exageradamente acostumbrados.


En primer término, debo confesarle que muy pocas veces hallé en relatos de la vida de campo cosa alguna que me satisfaciera. No es, como usted sabe, porque no se nos hubiera martillado los oídos con venganzas de jóvenes, rencores de viejo, idilios de una y otra edad, todo sobre un fondo de siestas, inundaciones y sequías.


Pero yo no veía en tales sicologías nada característico y pujante, ni en las enumeraciones (no me atrevería a decir descripciones) del fondo, veía el campo, que bien que mal conozco. Y aquí cobra cierto valor el grito nuestro -digamos -ante Los caranchos de la Florida.


Las dos grandes sensaciones que me ha dado su libro son estas: honradez muy grande y muy extraña para ver, y potencial igual para sostener un carácter. La primera virtud se traduce, desde luego, en la verdad del paisaje y la brevedad concomitante de la expresión. Porque no se nos escapa a los que tenemos ojos, que en toda brusca visión de campo o lo que fuere, sólo dos o tres cosas saltan vivamente a la vista, que son las que resumen y nos dan la sensación total del paisaje; de lo demás no vale la pena hablar. Y no creo que haya error en lo de brusca: toda visión, a efecto de la ídem que se quiere sugerir al lector, es necesariamente brusca, u original, o instantánea -como se quiera. Y es por esto que los que leemos nos sentimos desagradados cuando el autor, trepado a una torre de molino, se empeña y suda en ver todo lo que está al alcance de la vista, para enumerárnoslo prolijamente. Él, luego, llama a esto descripción, o lo que es más peligroso: sensación de campo.


Un solo ejemplo: el caballo enredado en la soga de sus Caranchos, sugiere en sí más sensación de calor, sueño y negligencia de siesta, que cuanto haya leído en mi vida al respecto.


Después, la segunda potente virtud: la garra tenaz para trazar y sostener un carácter, bien marcado en “Don Panchito”. El tipo le ha salido tal que, en mi opinión, ahoga completamente a los otros. Y no es que estos sean mayormente débiles, pero el aguilucho aquel es una cumbre.


La misma honradez aquí para sentir que para ver: siendo el cuento suficientemente brutal, nada le hubiera sido a usted más fácil que extremar la nota, y hacer una tragedia para los ojos. Pero usted evitó, como el fuego, dos cosas fundamentales: contar directamente el penúltimo encuentro de padre e hijo, y hacer que este matara a aquel de un tiro en la escena final. Tampoco se le escapará a usted cuán grande efecto de escenario se podía haber obtenido con un poco menos de pudor artístico.


El talento suyo para el diálogo -derivación de su virtud sicológica- no me ha sorprendido, por el mismo mérito. Pero sí su potencia de martillo es admirable. Y algunos trozos de charla de los protagonistas -camino de la escuela- son de una verdad tal, y tan rara entre nosotros, que me recuerdan algún comentario de la literatura francesa sobre el primer diálogo de Wronsky y Ana Karenina: “¡pero si no se dicen otras cosas que las que se dicen en todo el mundo!”.


Bien sé que quisiera extenderme sobre estas cosas, pues no impunemente se pasan los años esperando un libro como el suyo. Acaso muy pronto lo haga. Vaya, entre tanto, mi homenaje a su talento, inequívocamente de varón, con la seguridad en mí de que si algún día hemos de tener un gran novelista, ese va a ser usted.




(*) Publicado en Nosotros, Bs. As., año 10. Nº 89, septiembre de 1916. En un reportaje publicado en La Razón del 21 de septiembre de 1929, Quiroga dirá que Lynch es “el único gran novelista argentino de la hora actual”.
5 LECCIONES DE ARTE Y VIDA DEL GENIAL KANDINSKY

(Cultura inquieta / 8-4-2017)


Para muchos, el primer gran representante del arte abstracto es Wassily Kandinsky. El ruso, además, fue un importante teórico del arte y estudió minuciosamente el color y su relación con la psicología, lo que hizo que su legado no se limitara al ámbito artístico sino que abarcó también aspectos esenciales de lo humano.

Además de su carrera como artista, Kandinsky hizo estudios sobre folclor popular ruso, la simbología del color, la geometría y la intrínseca relación que existe entre el artista y la espiritualidad, lo cual lo llevó a hablar de la figura del creador como una suerte de profeta. Otra de las disciplinas estudiadas por el ruso fue la música (a la que llamaba “la más grande maestra”).

Influenciado por la escatología cristiana, por la obra de Claude Monet, la música de Wagner y la teosofía, Kandinsky fue un artista integral y un pensador que creó conceptos completamente nuevos en el arte. Así, sus trabajos teóricos iluminan no sólo a aquellos que dedican su vida al trabajo creativo sino también a aquellos que buscan senderos apropiados para ejercer su exploración vital. A continuación seis de las lecciones más valiosas, para la vida y el arte, que nos dejó…


Vive una vida llena de color


La ideología que refleja la obra de Kandinsky privilegia una vida llena de color, en contraste con llevar una existencia en blanco y negro. Como un artista profundamente espiritual, Kandinsky habló de las propiedades terapéuticas del color y entendía dos niveles en su efecto sobre las personas: el primero implica el placer estético del simple acto de observar un color (semejante a comer algo delicioso) y el segundo corresponde a lo que él llamó la “resonancia interior”, el impacto espiritual que el color puede tener dentro de nosotros y que toca el alma humana.


Aprende a tomar pausas


A pesar de haber sido un pintor excepcionalmente prolífico y trabajador, Kandinsky conocía la importancia de tomar descansos del trabajo. El acto de alejarse de un proyecto permite verlo con una perspectiva clara y concluirlo con mejores resultados, una lección que fácilmente podría aplicarse a cualquier ámbito de la vida.


Permite que tu estilo evolucione


La trayectoria de Kandinsky nunca dejó de transformarse a lo largo de su fructífera carrera, desde sus comienzos haciendo paisajes y cuadros evidentemente fauvistas y puntillistas hasta obras posteriores representantes del más sofisticado arte abstracto. El artista conocía los beneficios de moverse de un estilo estético a otro y concedió una gran importancia a la flexibilidad mental, algo que bien podría servirnos para la vida en general.


Confía en el poder del contraste


El pintor ruso siempre fue consciente del poder que existe en el contraste del color y la forma, concediendo cualidades a cada uno de los extremos y usándolos para crear un balance mutuo. Su poderosa obra siempre se basó en la fuerza implícita del balance de los extremos, otra lección de armonía para diversos aspectos de la existencia.


Reconoce la importancia del ser interior



Si todas las sabias lecciones de Wassily Kandinsky pudieran ser condensadas en una, esta podría resumirse en la “necesidad interior”, que se explica como el balance entre la apariencia y el contenido. Sus pinturas son obras extremadamente coloridas que, sin embargo, no solamente responden a la pura experiencia estética sino también a la conciencia plena del mundo interior del artista, que resulta en un compromiso con las emociones más profundas y subjetivas: las formas y los colores siempre expresaron su mundo emocional. Kandinsky creó todo un lenguaje basado en el simbolismo de cada forma y cada color. Un sano balance entre el exterior y el interior, la forma y el contenido, resulta profundamente necesario en la vida diaria.
GUILLERMO ENRIQUE HUDSON

LA TIERRA PURPÚREA



CENTESIMOQUINTA ENTREGA



XXVII /  LA FUGA DE NOCHE (2)



Santos, viéndose sumamente aliviado y agradecido, aunque un poco sorprendido del tono de confianza con que yo hablaba, estaba saliendo precipitadamente de la pieza cuando le señalé las alforjas. Se inclinó, sonrió burlonamente y recogiéndolas, se retiró. La pobre vieja de Ramona se echó de rodillas, sollozando, y clamando al cielo que bendijera a su patrona, besándole el pelo y las manos con triste devoción.


Cuando salió, me senté al lado de Demetria, pero no quiso quitarse las manos de la cara o hablarme, sólo prorrumpía en sollozos cuando le dirigía la palabra. Por fin logré apoderarme de su mano, y luego, acercándola suavemente hacia mí, apoyé su cabeza sobre mi hombro. Cuando empezaron a calmarse sus sollozos, dije:


-Dígame, querida Demetria, ¿ha perdido usted su confianza en mí, que ahora teme venirse conmigo?


-¡No, no, Ricardo -balbuceó-, no es eso! Pero nunca jamás podré mirarlo a la cara otra vez. ¡Si me tiene alguna compasión, le ruego, por Dios, que se vaya!


-¿Cómo? ¿Dejarla a usted, Demetria, mi hermana, aquí con ese hombre? ¿Cómo puede imaginarse tal cosa? ¡Dígame! ¿Dónde está don Hilario? ¿Volverá esta noche?


-Yo no sé nada. Puede volver de un momento a otro. ¡Por Dios, Ricardo, déjeme! Cada momento que usted se queda, aumenta su peligro -y diciendo esto trató de desprenderse de mí, pero no la solté.


-Si usted teme la vuelta de don Hilario, es tiempo de que vayamos caminando -repuse.


-¡No! ¡No! ¡No! ¡No es posible! ¡Todo ha cambiado ahora! Me moriría de vergüenza mirarlo a usted a la cara otra vez!


-No sólo me mirará otra vez, Demetria, sino que muchas otras veces. ¿Cree por un momento que después de venir a salvarlas de las mandíbulas de aquel culebrón, vaya ahora a dejarla aquí, sólo porque está un poco tímida? ¡Escuche, Demetria! Voy a librarla esta noche de ese demonio, aunque tenga que sacarla en brazos para afuera por la fuerza. Después podremos pensar en lo que debe hacerse respecto a su padre y a su propiedad. Tal vez cuando salga el coronel de esta triste atmósfera se restablezca su salud aun, su razón.


-¡Oh, Ricardo! ¿No me está usted engañando? -exclamó bajando las manos y mirándome de frente.


-No, no la estoy engañando. Y ahora, Demetria, va a perder todo temor, pues me acaba de mirar y ya ve que no se ha vuelto piedra.


-Al momento se pudo colorada; pero no se empeñó más en cubrirse el rostro, porque en ese momento se oyó el estrépito de los cascos de un caballo que se aproximaba a la casa.


-¡Madre de Dios! ¡Socórrenos! -exclamó Demetria, aterrorizada-. ¡Es don Hilario!



En el acto apagué la única vela que ardía débilmente en la pieza.

24/4/17

LECCIONES DE VIDA

ELISABETH KÜBLER-ROSS Y DAVID KESSLER


CUADRAGESIMOCUARTA ENTREGA



5 / LA LECCIÓN DEL PODER (5)



EKR (3)



Sin embargo, somos humanos, y a menudo perdemos nuestro objetivo. Revisamos nuestros errores y carencias y pensamos que somos infelices por los fallos que hemos cometido; creemos que no somos bastante buenos y que tenemos que cambiar. Pero si sólo vemos nuestros errores e incapacidades nos atamos a ellos. Si pensamos que no hemos hecho lo suficiente y decidimos que, a partir de ahora, haremos más, entramos en el peligroso juego del “más”. Pensamos que seremos felices cuando tengamos más dinero, más autoridad en el trabajo o cuando se nos respete más.


¿Por qué nos parece que el futuro alberga más posibilidades de felicidad y poder que el presente? Porque, hagamos lo que hagamos, nos engañamos con el juego del “más” y perdemos nuestro poder. El juego del “más” nos mantiene en la sensación de que nos falta algo y de que no somos lo bastante buenos. Y aunque obtengamos lo que queremos, nos sentiremos todavía peor porque no es suficiente: todavía somos desdichados. Si tuviéramos un poco más… No nos damos cuenta de que la simplicidad es lo que importa.


Los moribundos no pueden jugar al juego del “más” porque para ellos quizá no exista un mañana. Descubren que en el presente hay poder y que hay suficiente. Si creemos en un Dios bueno y todopoderoso, ¿de verdad creemos que diría: “Tendré que esperar hasta mañana”? Dios no diría: “Yo quería que Bill tuviera una buena vida, pero en fin, no tiene un buen empleo, así que no puedo hacer mucho”. Dios no tiene en cuenta los límites que le ponemos a nuestra vida y a nosotros mismos. Dios nos ha dado un mundo en el que la vida siempre puede ser mejor, no mañana, sino hoy mismo. Si lo permitimos, un día malo puede convertirse en bueno, una relación infeliz puede mejorar y muchas otras cosas “equivocadas” pueden transformarse en correctas.


Leslie y su hija de cinco años, Melissa, cruzaban la calle en una zona comercial. Un Jeep con la música a todo volumen se saltó el semáforo en rojo para girar a la izquierda. El conductor, que sólo tenía diecisiete años, no vio a Leslie y a Melissa porque la luz del sol lo deslumbró. Pero Leslie vio el Jeep y supo que lo atropellaría. Sólo tuvo tiempo de tomar a su hija en brazos. El conductor los vio en el último momento y realizó un viraje. Chocó contra unos coches aparcados y se detuvo a sólo unos centímetros de la madre y la hija, que se habían quedado paralizadas. El muchacho se sintió desolado por lo que había ocurrido, pero Leslie sólo sentía agradecimiento.



“Podría haber acabado perfectamente de otra forma, con Melissa y yo en el suelo, muertas -dijo la aliviada madre-. La vida puede tomar tantas direcciones… Aquel día me sentí agradecida porque nos salvamos. Desde entonces no doy nada por seguro. Ahora, cuando mi madre, que tiene cincuenta y cinco años, me telefonea para decirme que no le han encontrado nada en la mamografía, le agradezco que se haga la prueba, y le doy gracias a Dios por su buena salud. Aquel día me di cuenta de la fragilidad de la vida y esto ha despertado mi gratitud. Y la gratitud ha aportado a mi vida un significado y un poder enormes.”