23/6/18


RICARDO AROCENA

EL GRITO II / CAMILA



SÉPTIMA ENTREGA



CAMILA / VI



Confesión de la acusada Doña Camila Barbosa, realizada en la Cárcel de Montevideo, a los trece días del mes de mayo del año mil ochocientos once.



V.E. del Tribunal, siendo muy niña mi madre enfermó, quien la sustituyó fue la Negra Tomasa. Ella me educó, me alimentó con la leche de sus senos, cuando no podía dormir, acariciaba mi frente mientras cantaba canciones de cuna. Con su ternura me transmitió una visión mágica de la vida. Recuerdo que para consolarme, al anochecer, subíamos a la azotea y contemplábamos al cielo. Tomasa decía que las luciérnagas eran los ojos de la noche, y su constante parpadeo, un guiño cómplice con el que nos saludan. Jugábamos a que les devolvíamos las guiñadas... Le debo casi todo lo que sé, desde muy niña me enseñó a disfrutar la naturaleza, gracias a ella puedo distinguir al algarrobo, siempre henchido de cardenales, a los talas con su floración en racimillo, a los cactos verde azulados,cargados de pitangas… Y pude diferenciar al zorzal por su hechizante canto primaveral y a las torcazas por su cola con banda negra. Gracias a ella aprendí a hacer camisas y sombreros y,entreverando con mucha paciencia los hilos, enormes pellones azules para el telar. Con la crecida del río, algunas veces, Capilla Nueva era asaltada por las víboras, recuerdo el caso de un soldado de la guarnición que fue picado por una de ellas. Inmediatamente llamaron a Tomasa, que me llevó con ella, había aprendido de una charrúa a hacer una cura para el veneno. Separó las hojas de una planta, con algunas hizo una pasta, con la que cubrió la mordedura y con el resto elaboró un brebaje bien cargado. El soldado sanó milagrosamente. La risa alegre de Tomasa siempre alumbró la casa, lo mismo que las bromas con las que divertía al resto de los esclavos, nunca olvidaré la cara de asombro de uno de ellos cuando lo persiguió con una ramita del árbol de la luz, diciéndole que lo iba a quemar. Por ese egoísmo españolista con el que nos adoctrinasteis, pese a que requerí permanentemente de sus servicios durante años, nunca, ni aun cuando la noté más cansada, le pregunté por su historia personal. Las nuevas ideas y los cambios de estos últimos tiempos, estrecharon nuestra amistad. Finalmente, al cabo de una jornada agotadora, le pregunté cómo la soportaba, fue como si estuviera esperando el momento para abrirse. Entonces me contó que aunque tenía que esconder a sus dioses tras las imágenes de los santos para poder adorarlos, en los peores momentos su religión la sostenía; por ejemplo cuando recordaba lo ocurrido a su amado Domingo, que fue asesinado a sablazos en Montevideo por un oficial español, con el pretexto de que “más que huido, andaba haciendo hechos”. Entonces me contó que habían sobrevivido juntos a un barco negrero inglés y que fueron alojados en el edificio que vosotros bien conocéis, en la costa de la playa del Miguelete, para que pudieran reponerse y aumentar su precio. Finalmente fue comprada en subasta por Padre, quien la llevó a su casa en la zona del Cordón. Mucho he pensado en ella durante este tiempo, por momentos me parece que entra a la celda y que, como cuando era niña, recuesta su cabeza sobre la mía, para darme fuerzas. Ahora ella es libre. Luego de la insurrección de Asencio y de la muerte de Padre, ya nadie pudo reclamarla. Recuerdo su emoción cuando a fines de marzo llegó Soler hasta los alrededores de Capilla Nueva, con su séquito de soldados pardos y morenos. No pudo contenerse y me acompañó a recibirlos. Por mucho tiempo no me di cuenta, pero este es un buen lugar y un buen momento para que vosotros me respondáis: ¿cómo podéis, junto con vuestro imperio, afirmar que un alma tan dulce como la de Tomasa, que me enseñó no solamente destrezas, sino una forma de ver el mundo, forma parte de una casta de sangre infecta, como vosotros la llamáis? Si hay algo realmente pestilente es el oprobioso mundo que estáis sosteniendo, pero estoy segura que le ha llegado su hora y que por más celdas en las que nos confinen, muy pronto va a caer.

22/6/18





POESÍAS

SEXTA ENTREGA

(Barral Editores / Barcelona 1970)


Reemplazo la melancolía por el valor, la duda por la certidumbre, la desesperación por la esperanza, la perversidad por el bien, las quejas por el deber, el escepticismo por la fe, los sofismas por la frialdad de la calma, y el orgullo por la modestia.


I (6)


Compruebo con amargura que sólo quedan algunas gotas de sangre en las arterias de nuestras épocas tísicas. Desde los lloriqueos odiosos y especiales, inscritos sin la garantía de un punto de referencia, de los Jean-Jacuqes Rousseau, de los Chateaubriand y de las nodrizas en pantalones para lactantes Obermann, a través de los otros poetas que se han revolcado en el fango impuro, hasta el sueño de Jean-Paul (18), el suicidio de Dolores de Veintemilla *, el Cuervo de Allan, la Comedia Infernal del polaco (19), los ojos sanguinarios de Zorrilla, y el inmortal cáncer, una Carroña, que pintó antaño con amor, el amante morboso de la Venus Hotentote (20), los dolores inverosímiles que este siglo ha creado para su propio uso, en su exigencia monótona y repugnante, lo han vuelto tísico. ¡Larvas absorbentes en sus embotamientos insoportables!


Adelante, la música.


Sí, buena gente, soy yo el que os ordena quemar sobre un badil, enrojecido al fuego, con un poco de azúcar amarilla, el pato de la duda con labios de vermut, que derramando, en una lucha melancólica entre el bien y el mal, lágrimas que no proceden del corazón, sin máquina neumática, hace en todas partes el vacío universal. Es lo mejor que podéis hacer.


La desesperación, nutriéndose decididamente de sus fantasmagorías, conduce imperturbable al literato a la abrogación en masa de las leyes divinas y sociales, y a la maldad teórica y práctica. En una palabra, hace prevalecer el trasero humano en los razonamientos. ¡Vamos ya, cededme la palabra! Uno se vuelve malo, lo repito, y los ojos adquieren el tinte de los condenados a muerte. No me retractaré de lo que afirmo. Quiero que mi poesía pueda ser leída por una niña de catorce años.


El verdadero dolor es incompatible con la esperanza. Por grande que sea este dolor, la esperanza se eleva todavía cien codos más arriba. Por lo tanto, dejadme tranquilo con los buscadores. Abajo las patas, abajo, perras ridículas, fastidiosas, petulantes. Aquello que sufre, aquello que diseca los misterios que nos rodean, ya no espera. La poesía que discute las verdades necesarias es menos bella que la que no las discute. Indecisiones al máximo, talento mal empleado, pérdida de tiempo: nada será más fácil de verificar.


Cantar a Adamastor (21), a Jocelyn (22), a Rocambole (23), es pueril. Es porque el autor espera que el lector sobreentienda que perdonará a sus héroes bribones, que se traicionará a sí mismo y se apoya en el bien para hacer pasar la descripción del mal. En nombre de esas mismas virtudes que Franck (24) ha desconocido, estamos dispuestos a soportarlo, oh saltimbanquis de las perturbaciones incurables.


¡No hagáis como esos exploradores sin pudor, espléndidos para sí mismos, de melancolía, que encuentran cosas desconocidas en sus espíritus y en sus cuerpos!


Notas


(18) Adamastor, el gigante de las tempestades: personaje imaginario de “Os lusíadas” de Camoëns, que impide el paso por el Cabo de Buena Esperanza. (N. del T.)
(*) Dolores Veintemilla de Galindo: poetisa y escritora ecuatoriana (1829-1857). Mujer singular, exasperada por la angustia, que la llevó al suicidio. En 1908 se publicó una compilación de sus trabajos con el título de Producciones literarias. (N. del T.)
(19) Se refiere al poeta polaco Mickiewicz.
(20) Se refiere a Baudelaire, amante de Jeanne Duval (la venus hotentote) y a su poema “Una carroña”. (N. del T.)
(21) Adamastor, el gigante de las tempestades: personaje imaginario de “Os lusíadas” de Camöens, que impide el paso por el Cabo de Buena Esperanza. (N. del T.)
(22) Personaje torturado, de la obra homónima de Lamartine. (N. del T.)
(23) Famoso personaje de las novelas de Ponson du terrail. (N. del T.)
(24) Adolph Franck (1809-1893): filósofo espiritualista francés, autor de un conocido “Diccionario de las Ciencias Filosóficas” en seis volúmenes. (N. del T.)


STEVEN PINKER
“MIS ALUMNOS SE PASAN A LA EXTREMA DERECHA POR CULPA DE LA IZQUIERDA”
por Daniel Arjona
(El Confidencial / 21-6-2018)
Suma y sigue, el pensador y optimista racional vuelve al ataque en su último libro para defender que el mundo mejora aunque te fastidie
Le están asustando un montón de listos que viven de inventarse dramas. Le asustan los novelistas que imaginan un pasado dorado contra el marchito presente. Le asustan los filósofos y analistas que describen el mundo como un basurero en llamas para seguir despachando sus tristes libros. Le asustan los políticos populistas que buscan responsables del caos actual al azar para apoderarse de su voto. Y le asustamos, sí, le acojonamos los periodistas a cambio de un click. ¿Nos leería usted si le contáramos que todo va bien? Puede dejar de leer aquí porque, sí, correcto, todo va bien, mejor que bien, ¡esto es Jauja! Y 'Jauja', según Steven Pinker (Montreal, 1954), es un país de fronteras sólidas que abrazan el planeta entero cuya realidad no invita a la pasividad; al contrario, podemos mejorar aún más. Lo explica en su último libro 'En defensa de la Ilustración: por la razón, la ciencia, el humanismo y el progreso' (Paidós).


Nunca le habían llovido tantos palos a este psicólogo y lingüista de Stanford, el MIT y ahora Harvard, cuyas ideas devoran los debates centrales de nuestro tiempo. Saber quién es Pinker y lo que defiende es un requisito mínimo para cualquier persona alfabetizada e inquieta. Atacarle también. Sus tres últimos libros parecen obra del demonio (no contamos 'The sense of style', de 2014, aún sin traducción al español). En 'La tabla rasa' (2003) enfureció a un montón de progresistas al demostrar que la biología explica tan bien el comportamiento humano como la cultura. En 'Los ángeles que llevamos dentro' (2011) le voló la cabeza al sentido común habitual al demostrar con una sobredosis de gráficos y datos que la violencia y la guerra están en retirada en un mundo cada vez más pacífico. Y aún faltaba lo peor...


Intelectuales, académicos, poetas y militantes sin oficio pero con mucho beneficio se la tenían jurada a Pinker y todos se lanzaron en tromba al mismo tiempo con la publicación del tercero de estos libros, 'En defensa de la Ilustración', una apología entusiasta de la potencia de la razón y la ciencia para el progreso del mundo, como arietes contra la amenaza de la entropía y el ciego egoísmo evolutivo. Volaron las críticas devastadoras, también los insultos. Pinker sería un "nazi de la ciencia", un Fukuyama extremocentrista cipotudo defensor del status quo y el libre mercado, un mentiroso y un falaz que además no sabe contar.


Cuando llamamos a Pinker a su despacho de Harvard desde un VIPS del Retiro en Madrid, con una conexión telefónica mejorable, no parece que lo lleve muy mal. Se muestra educado y tranquilo, sabe que vamos a por él...


Al principio del libro anuncia que quiere actualizar las ideas de la Ilustración para que vuelvan a ser “atractivas” y “científicas”. Pero también confiesa que la respuesta a ‘Los ángeles que llevamos dentro’ le demostró que las cifras y los gráficos dejan fría a la gente. ¿Necesita urgentemente el optimismo mejorar su propaganda?


Sin duda, necesitamos un mensaje más convincente sobre la realidad del progreso y la posibilidad de mejora de parte de los políticos, los líderes y los periodistas. Pero fíjese que la semana pasada se hizo pública una teoría del Darmouth College según la cual, de hecho, es más probable que los gráficos convenzan a la gente para desechar las teorías de la conspiración y las noticias falsas de lo que pensamos. No creo que el problema sea que el libro tiene demasiados gráficos. Después de todo, la gran mayoría de la gente que votó a los partidos populistas no ha leído mis libros. En el pasado han existido políticos de mucho éxito que han conseguido el liderazgo en sus sociedades democráticas con un mensaje de optimismo, como Obama que fue elegido dos veces y tenía un índice de aprobación muy alto cuando dejó el cargo, y como -en la derecha estadounidense- Reagan, que hizo campaña con un discurso optimista. Un político hábil puede triunfar con un mensaje positivo.


Los impulsos tribales no son más fuertes que los cosmopolitas, hay partes del mundo que ahora están en paz y guerrearon durante siglos


Es usted un científico, pero ¿su declarado humanismo es ciencia o fe? Porque otra versión de la Ilustración, más oscura, nos cuenta que la paz de las últimas décadas es un espejismo: nuestros instintos tribales y genes egoístas de cazadores recolectores son más fuertes que el cosmopolitismo y nos abocan a un mundo violento y hobbesiano...


Ninguna de las dos cosas. No es fe en el sentido de creer algo sin evidencias. Pero tampoco es ciencia realmente al ser una expresión de valores, conformados, eso sí, por una ciencia que nos dice que hay maneras en que los seres humanos pueden prosperar y que hay acciones que la gente puede elegir que mejoren la prosperidad y reduzcan el sufrimiento. Los impulsos tribales no son necesariamente más fuertes que los cosmopolitas, hay partes del mundo que ahora están en paz y guerrearon durante siglos. Quién sabe lo que pasará, pero observamos enormes cambios en partes del mundo que han puesto fin a prácticas que fueron habituales durante milenios y ahora casi han desaparecido, como los sacrificios humanos, la esclavitud, la pena capital por delitos menores... La naturaleza humana muestra impulsos violentos pero también de autocontrol y cooperación.


Cita frecuentemente el “sesgo de disponibilidad”: la gente se cree las noticias malas porque abundan más que las buenas. ¿Está seguro el propio Pinker de no ser víctima de un sesgo inverso como académico liberal rodeado de liberales que viven muy bien en el país más próspero de la Tierra?


No. Yo fundamento los argumentos que sostengo con datos e historia para que la gente que no esté de acuerdo pueda cuestionarlos. No lo hago a partir de dogmas, doy razones por las cuales mis propuestas deben tomarse en serio. En realidad, la izquierda académica me ataca habitualmente porque considera que soy de derechas. No soy políticamente ortodoxo, es verdad. Me opongo a la política identitaria, la corrección política y la idea de la justicia social como una guerra, especialmente en el contexto de la vida universitaria liberal estadounidense.


Acusa a los medios de comunicación de mostrar el mundo como "un basurero en llamas" que enardece a los populistas. Para vencer al populismo, los medios deberían contar también lo positivo. Pero ¿cómo lo hacemos? Si mi periódico se vuelve optimista, ¿no se apoderará la competencia pesimista de mis clicks y cerraremos al día siguiente?


No lo creo. De hecho, lo que sabemos es que un número alarmante de personas se está alejando del periodismo mayoritario y convencional. Y una de las razones que aducen es que las noticias les parecen demasiado deprimentes. No está claro en absoluto que la cobertura incesante de lo negativo esté maximizando el número de lectores. Hay un movimiento cada vez mayor en el periodismo a favor de una cobertura positiva y constructiva. No me sorprendería si una cobertura más equilibrada aumentase el número de lectores si se hiciese bien.


Me gustaría citarle los argumentos de dos de sus principales críticos. El primero es John Gray, al que usted llama “progresófobo”. El filósofo inglés asegura que su idea de la Ilustración es un manga infantil, su cientifismo es dogmático y que su única intención real es tranquilizar a sus amigos liberales cuyas ideas están en retirada. ¿Es usted el tipo que grita “todo va bien” mientras cae desde el octavo piso?


Lo de John Gray no es una crítica, es una colección de insultos. Podría yo decir que él es un... [La conversación se corta] ¿Me oye bien?


Un número alarmante de personas se está alejando del periodismo mayoritario porque las noticias les parecen demasiado deprimentes


Regular. Estoy en un restaurante y hay mucho ruido.


Yo tampoco le escucho muy bien pero sigo. En fin, decir eso de Gray no arrojaría ninguna luz sobre el asunto. Decir que mis argumentos son dogmáticos es simplemente falso porque están basados en hechos y en datos. Si los datos fuesen al revés, si la pobreza mundial mostrase un incremento masivo en vez de un descenso, entonces no podría mantener mis argumentos. Si el número de muertos hubiese aumentado desde la década de 1950 en vez de descender no podría sostenerlos. Simplemente: es totalmente falso que mis afirmaciones sean dogmáticas. Y lo de tranquilizar a los liberales... En fin, eso tampoco es un argumento, es una atribución de motivos que muestra que, en realidad, Gray no tiene nada que decir. Una vez más, puedo jugar a ese juego y dar una teoría de por qué él sostiene lo que sostiene, pero a lo que hay que ceñirse es al contenido de las afirmaciones, y no a por qué alguien dice lo que dice. Eso se llama 'ad hominem' y es una falacia


La segunda crítica es la de su ‘hater’ predilecto, Nassim Taleb. Según él, usted ha hecho trampas en sus estadísticas, no tiene datos suficientes para defender el declive de la violencia y el auge del progreso, no ha contado bien los muertos y la larga paz actual es sólo una “brecha entre guerras”.


Bueno, Taleb confunde una serie de afirmaciones que hago en 'Los ángeles que llevamos dentro'. Hablo del descenso de los delitos violentos, del descenso de la esclavitud, del descenso de los castigos crueles, del descenso del racismo y de la violencia sexista, y, sin duda, del declive de la guerra. Sus afirmaciones se refieren solo sobre lo último. En realidad, no tiene argumentos. De hecho, su supuesto análisis no analiza la hipótesis real que propongo. Ni siquiera debería decir la hipótesis, sino la pauta de datos a la que presto atención. Ni siquiera sostengo que esa tendencia exista. Los datos que aporto muestran el descenso del índice de muertes en la guerra después de 1945. Su análisis, por el contrario, no analiza un cambio en el índice de muertes de la guerra en un momento concreto en el tiempo, solo un ligero descenso a lo largo de los siglos. Pero nadie, especialmente yo, ha afirmado eso. Y también confunde los diferentes descensos de la violencia de los que hablo en el libro.


Acepta que el progreso enfrenta dos amenazas reales. La primera es el estancamiento económico. El mundo progresa en general pero las clases medias occidentales, amenazadas por la automatización, sin embargo empeoran. ¿Qué podemos hacer para evitarlo? Defiende, por ejemplo, la renta básica universal…


No es verdad que haya habido un estancamiento económico desde hace medio siglo. Es falso. Lo que existe es el temor de que el ritmo del crecimiento se haya frenado. Pero también es falso. De hecho, desde que ese libro se publicó, el ritmo del crecimiento económico ha aumentado con Obama y también con Trump. No solo ha habido un enorme crecimiento económico desde 1970, sino que ha sido especialmente espectacular en el mundo en vías de desarrollo donde la pobreza extrema ha caído más de la mitad en las tres últimas décadas. Las clases medias occidentales no están en una situación peor. El ritmo de crecimiento no ha sido tan rápido como en el resto del mundo, pero no ha empeorado.


¿Qué podemos hacer para evitar un teórico frenazo? No soy economista pero una renta básica universal es una posibilidad. Aunque quizás sean más realistas unos acuerdos sobre los ingresos, un tipo de impuesto negativo que aumente las rentas de los trabajadores de bajos ingresos en vez de dar a todo el mundo la misma cantidad de lo que gana independientemente de si trabaja o no. En EE UU se llama crédito fiscal sobre las rentas percibidas, que aumenta las rentas de personas que ganan sueldos bajos. Se considera que esta política tiene mucho éxito. Probablemente debería ampliarse y generalizarse.


No es verdad que haya un estancamiento, es falso. Sí hay un temor a que el ritmo del crecimiento se haya frenado. Pero también es falso


Por cierto, no se toma usted muy en serio la pesadilla de un Elon Musk o un Stephen Hawking de que la Inteligencia Artificial acabará con la Humanidad. ¿Puede convencerme de que es de verdad Steven Pinker y no una IA que se hace pasar por él para engañarme, tranquilizarme, y después esclavizarme?


No puedo probarle que no soy un robot, no puedo convencer a un paranoico de nada. Pero si lo fuera, tendríamos una mejor conexión telefónica, créame...


No traga tampoco con las promesas de inmortalidad “científicas” de Kurzweil y otros. ¿Son el transhumanismo y la singularidad una nueva religión y Silicon Valley, su iglesia?


Hay algo sobre eso, así. En su nuevo libro, Michael Shermer muestra algunas de las similitudes entre la búsqueda de la inmortalidad biológica y otras formas de creencia en la fuente inmortal del pasado. Hay muchas razones para dudar de que la inmortalidad esté a nuestro alcance. El ritmo actual del progreso biomédico es positivo, y soy optimista en cuanto a que viviremos más tiempo, pero las noticias de la biotecnología y de la medicina son desalentadoras. Hay innumerables promesas de mejoras drásticas de la salud que proceden tanto de los antioxidantes, como de los stents o de la sustitución de hormonas. Esas terapias son a menudo decepcionantes. El cuerpo humano es asombrosamente complejo de una manera que estamos muy lejos de entender. Sobrelleva muchos bucles de retroalimentación, entropía..., existen más maneras de que las cosas vayan mal que bien. La evolución no opta por la longevidad, sino por el vigor. Aunque creo que habrá mejoras en la esperanza de vida, soy muy escéptico respecto a que sean exponenciales.


La evolución no opta por la longevidad, sino por el vigor. Habrá mejoras en la esperanza de vida, pero dudo que sean exponenciales


La otra gran amenaza sería el populismo neoconservador y políticamente incorrecto. Pero tampoco mucho, aclara, porque se trata de un movimiento de personas mayores que se irán muriendo. ¿Y la inmigración? ¿No es la que nos ha traido a Trump, al Brexit, a los gobiernos populistas europeos...?


Me está haciendo muchas preguntas en una.


Ummm, es posible...


La inmigración es uno de los elementos que han contribuido al auge del populismo, especialmente en el contexto de unos ataques terroristas muy mediatizados, que han creado un enorme temor entre la gente ante el terrorismo, concretamente ante los inmigrantes musulmanes. Pero esos temores son exagerados, el terrorismo mata a muchas menos personas en comparación con la criminalidad callejera, su naturaleza tiene un efecto exagerado sobre nuestros miedos y nuestras percepciones. También es verdad que ningún país puede tener fronteras abiertas y mantener su contrato social mediante el que la gente se siente parte de una sola comunidad. Tiene que haber un equilibrio.


Confiesa que al escribir los capítulos del progreso, resistió la tentación para concluir cada uno de ellos con la advertencia: “Pero todo este progreso se verá amenazado si Donald Trump se sale con la suya”. Y argumenta que su victoria no es tan popular como fruto de la coincidencia de las ideas radicales de izquierda y de derecha. ¿Trump es un golem que a los intelectuales se les ha escapado de las manos? ¿Una anomalía o el futuro que viene?


No sé cuál será el futuro, pero hay varias razones para pensar que el populismo autoritario no será la dirección general. Una de ellas es que es más popular entre las generaciones más viejas que entre las más jóvenes. Y, al contrario de lo que se piensa, la gente tiende a mantener sus valores políticos a medida que envejece. Así, a medida que cambie la población, el atractivo del populismo descenderá en lugar de aumentar. La segunda razón es que el populismo se concentra más en zonas rurales que en zonas urbanas, y hay una tendencia general hacia la urbanización que lo hará retroceder. La tercera es que el populismo es menos popular entre la gente con más estudios, y otra tendencia a largo plazo es que la gente va a tener más estudios. Y, por último, hay algunos procesos globales que exigirán necesariamente una cooperación internacional, como el cambio climático, el terrorismo, las pandemias y los beneficios económicos del comercio, que harán que la gente y los países acudan a otros países para buscar soluciones mutuamente beneficiosas, aunque hayan sido tentados por el nacionalismo y la insularidad.


El populismo no triunfará, es propio de la gente más mayor y, pese a lo que creemos, mantenemos los valores políticos hasta la vejez


Con esto no estoy vaticinando el declive del populismo, pero es una razón para pensar que las fuerzas a largo plazo van a hacer que retroceda. Trump es el resultado de un movimiento radical de derechas. Ha conseguido apoyo de la extrema izquierda, entre personas que están muy convencidas de que las instituciones modernas han fracasado y que no hay ninguna esperanza de que se puedan reformar, y piensan que cuanto más rápido se hundan y sean sustituidas por algo diferente, mejor estará la sociedad. Ese radicalismo es común a la extrema derecha y a la extrema izquierda. Aunque el número de personas de izquierdas que votaron a Donald Trump es probablemente pequeño, el número de personas desanimadas por haber votado a Clinton es probablemente más grande. Por ello pienso que la izquierda ha desempeñado un papel en la elección de Trump. Pero además la izquierda está tan presa de la corrección política, por ejemplo en las universidades, que mucha gente reaccionó entregándose a la extrema derecha. Hay verdades que no se pueden decir en círculos liberales y de izquierdas. Gran parte de este apoyo de la vieja derecha en EE.UU procede de personas decepcionadas por la ortodoxia de la izquierda universitaria. He visto eso, ante mi espanto, en algunos de mis antiguos alumnos, cómo personas inteligentes pueden reaccionar ante el dogma de la izquierda abrazando el dogma de la derecha.


Ha sido crítico con el #Metoo. Le propongo comparar el machismo con el cambio climático. Hemos mejorado mucho y tal vez exageramos su amenaza pero, ¿no contribuirá más al progreso equivocarse por exceso que por defecto?


Depende de lo lejos que llegue la nueva ola feminista. Por ejemplo, actualmente no estamos en vías de evitar un cambio climático perjudicial, lo que sugiere que la táctica no tiene tanto éxito como nos gustaría. En parte, la razón es que el cambio climático se ha politizado demasiado y, por tanto, cualquier persona de derechas o de centro niega la realidad del calentamiento porque se opone a cualquier postura que cree procede de la izquierda. Si el cambio climático estuviese menos politizado habría razones para creer que podríamos progresar más en la lucha contra él. No es lo que estamos viendo en Washington hoy en día. No estoy de acuerdo con que la mejor manera de realizar una campaña es llevarla a su extremo y politizarla para expresarla de una forma excesiva y radical.


Ha mostrado públicamente su agrado ante políticos 'ilustrados' como Macron o Trudeau, pero, ¿son la excepción a la regla en un mundo cada vez más autoritario?


No. No hay excepciones. Si cuenta el número de países que se han vuelto más democráticos a lo largo de las últimas décadas son más de los que se han vuelto menos democráticos, aunque entre estos últimos ha habido países. El mundo no es cada vez más autoritario. Si pensamos en la década de 1970, le parece extraño a un canadiense o a un estadounidense que haya que recordarle esto a los lectores españoles, pero en esa década España estaba controlada por un gobierno fascista, y no fascista en el sentido en que lo usamos hoy en día para señalar a cualquiera que esté a mi derecha, sino literalmente fascista, como Portugal, como la mayoría de Latinoamérica y del sureste asiático. La tendencia general es ampliamente hacia la democracia, aunque hay presiones hacia el fascismo en países como Hungría, Polonia y Turquía. Macron y Trudeau no son excepciones de nada, quizás los gobiernos autoritarios de derechas sean las excepciones.

21/6/18



EL TEATRO Y SU DOBLE

Traducción de Enrique Alonso y Francisco Abelenda


CUADRAGESIMOSÉPTIMA ENTREGA


6


NO MÁS OBRAS MAESTRAS (3)


Cuando en Shakespeare el hombre se preocupa por algo que está más allá de sí mismo, indaga siempre en definitiva las consecuencias de esa preocupación en sí mismo, es decir, hace psicología.


Creo por otra parte que todos estamos de acuerdo en este punto y no es necesario descender hasta el repugnante teatro moderno francés para condenar el teatro psicológico.


Esas historias de dinero, de avidez de dinero, de arribismo social, de penas de amor donde nunca interviene un sentido altruista, de sexualidad espolvoreada con un erotismo sin misterio no son teatro, aunque sí psicología. Esas angustias, esos estupros, esos personajes en celo ante los que no somos más que deleitados voyeurs terminarán un día en la podredumbre y en la revolución; debemos advertirlo.


Pero no es esto lo más grave.


Shakespeare y sus imitadores nos han insinuado gradualmente una idea del arte por el arte, con el arte por un lado y la vida por otro, y podíamos conformarnos con esta idea ineficaz y perezosa mientras, afuera, continuaba la vida. Pero demasiados signos nos muestran ya que todo lo que nos hacía vivir ya no nos hace vivir, que estamos todos locos, desesperados y enfermos. Y yo no os invito a reaccionar.


Esta idea de un arte ajeno a la vida, de una poesía-encantamiento que sólo existe para encantar ocios, es una idea decadente, y muestra de sobra nuestra capacidad de castración.


Nuestra admiración literaria por Rimbaud, Jarry, Lautréamont y algunos más, que impulsó a dos hombres al suicidio, y que para nosotros se reduce a charlas de café, participa de esa idea de la poesía literaria, del arte desligado, de la actividad espiritual neutra, que nada hace y nada produce; y cuando la poesía individual, que sólo compromete a quien la hace y sólo en el momento que la hace, causaba verdaderos estragos, el teatro fue más despreciado que nunca por los poetas, que jamás tuvieron el sentido de la acción directa y concertada ni de la eficacia, ni del peligro.


Hay que terminar con esta superstición de los textos y de la poesía escrita. La poesía escrita vale una vez, y hay que destruirla luego. Que los poetas muertos dejen lugar a los otros. Podríamos ver entonces que la veneración que nos inspira lo ya creado, por hermoso y válido que sea, nos petrifica, nos insensibiliza, nos impide tomar contacto con las fuerzas subyacentes, ya se las llame energía pensante, fuerza vital, determinismo del cambio, monstruos lunares o de cualquier otro modo. Bajo la poesía de los textos está la poesía, simplemente, sin forma y sin texto. Y así como la eficacia de las máscaras que ciertas tribus emplean para sus operaciones mágicas se agota alguna vez -y esas máscaras sólo sirven en adelante para los museos- también se agota la eficacia poética de un texto; sin embargo, la poesía y la eficacia del teatro se agotan menos rápidamente, pues admiten la acción de lo que se gesticula y pronuncia, acción que nunca repetimos exactamente.



CARLOS CASTANEDA

LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN
                                                                                              
(Una forma yaqui de conocimiento)


SEPTUAGESIMOSEXTA ENTREGA


PRIMERA PARTE
“LAS ENSEÑANZAS”


X (3)


Domingo, 7 de febrero, 1965


Mi segunda prueba con el humito tuvo lugar a eso del mediodía del domingo 31 de enero. Desperté al día siguiente, al empezar la noche. Me sentía poseedor de un poder fuera de lo común para recordar lo que don Juan me había dicho durante la experiencia. Sus palabras estaban impresas en mi mente. Yo seguía oyéndolas con claridad y persistencia extraordinarias. Durante esa prueba hubo otro hecho que se me hizo obvio: mi cuerpo entero se había entumido poco después que empecé a tragar el polvo fino que se metía en mi boca cada vez que yo chupaba la pipa. De modo que, no sólo inhalaba el humo, sino que también ingería la mezcla.


Traté de narrar mi experiencia a don Juan; él dijo que yo no había hecho nada importante. Dije que podía recordar cuanto había ocurrido, pero él no quería saber de eso. Cada recuerdo era preciso e inconfundible. El proceso de fumar había sido el mismo que en el intento previo. Era casi como si ambas experiencias perfectamente pudieran yuxtaponerse, y yo pudiese iniciar mi recuento desde el momento en que la primera experiencia terminaba. Recordaba con claridad que desde el instante de caer de costado sobre el piso estuve completamente privado de sentimiento y pensamiento. Pero mi claridad no se menoscababa en modo alguno. Recuerdo haber tenido mi último pensamiento más o menos en el momento en que el cuarto se convirtió en un plano vertical. “Debí de golpearme la cabeza en el suelo, pero no siento dolor.”


Desde ese momento sólo pude ver y oír. Me era posible repetir cada palabra que don Juan había dicho. Seguí una por una todas sus indicaciones. Parecían claras, lógicas y fáciles. Dijo que mi cuerpo estaba desapareciendo y sólo mi cabeza quedaría, y en tal circunstancia la única manera de seguir despierto y moverse era convertirse en cuervo. Me ordenó esforzarme por parpadear, añadiendo que cuando pudiese hacerlo estaría listo para proceder. Luego me dijo que mi cuerpo se había desvanecido por entero y que yo no tenía sino mi cabeza; dijo que la cabeza nunca desaparece porque es lo que se transforma en cuervo.


Me ordenó parpadear. Sin duda repitió esta orden, y todas las otras, incontables veces, pues yo podía acordarme de ellas con claridad extraordinaria. Debí de parpadear, pues don Juan dijo que me hallaba listo y me ordenó enderezar la cabeza y ponerla sobre la barbilla. Dijo que en la barbilla estaban las patas de cuervo. Me instó a sentir las patas y a observar que iban saliendo despacio. Luego dijo que yo no estaba sólido aun, que debía crecerme una cola, y que la cola saldría de mi cuello. Me ordenó extender la cola como un abanico y sentirla barrer el suelo.


Luego habló de las alas del cuervo, y dijo que saldrían de mis pómulos. Dijo que era duro y doloroso. Me ordenó desplegarlas. Dijo que habían de ser extremadamente largas, tanto como me fuera posible extenderlas; de otro modo no podría yo volar. Me dijo que las alas estaban saliendo y eran largas y hermosas, y que yo debía agitarlas hasta que fueran alas de verdad.


Habló de la parte superior de mi cabeza y dijo que aun era muy grande y pesada; su bulto me impediría el vuelo. La manera de reducir su tamaño era parpadear; con cada parpadeo mi cabeza se achicaría más. Me ordenó parpadear hasta que el peso de arriba hubiese desaparecido y yo pudiera saltar libremente. Luego me dijo que había reducido mi cabeza al tamaño de un cuervo, y que debía caminar y saltar hasta perder la tiesura.


Antes de poder volar, dijo, tenía yo que cambiar una última cosa. Era el cambio más difícil, y para llevarlo a cabo debía ser dócil y hacer exactamente lo que él me dijera. Tenía que aprender a ver como un cuervo. Dijo que mi boca y mi nariz iban a crecer entre mis ojos hasta dotarme de un pico fuerte. Dijo que los cuervos ven directamente de lado, y me ordenó volver la cabeza y mirarlo con un ojo. Dijo que si deseaba cambiar y mirar con el otro ojo, sacudiera el pico hacia abajo, y que ese movimiento me haría mirar con el otro ojo. Me ordenó alternar de uno a otro varias veces. Y entonces dijo que yo estaba listo para volar, y que el único modo de volar era que él me arrojase al aire.


No tuve la menor dificultad en despertar la sensación correspondiente a cada una de sus órdenes. Percibí cómo me crecían patas de ave, débiles y vacilante al principio. Sentí una cola salir de mi nuca y alas de mis pómulos. Las alas estaban profundamente plegadas. Las sentí brotar por grados. El proceso era difícil pero no doloroso. Luego, parpadeando, reduje mi cabeza al tamaño de un cuervo. Pero el efecto más asombroso se llevó a cabo con mis ojos. ¡Mi vista de pájaro!


Cuando don Juan dirigió el crecimiento de mi pico, tuve una molesta sensación de falta de aire. Entonces brotó un bulto, creando un bloque frente a mí. Pero sólo cuando don Juan me indicó mirar lateralmente fueron mis ojos capaces de tener en realidad un panorama completo de lado. Podía yo cerrar un ojo y cambiar el enfoque al otro. Pero la visión del cuarto y de todos los objetos que había en él no era una visión ordinaria. Sin embargo, resultaba imposible decir en qué forma difería. Acaso estaba ladeada, o quizá las cosas se hallasen fuera de foco. Don Juan se hizo muy grande y resplandeciente. Algo en él era confortante y seguro. Luego las imágenes se borraron; perdieron sus contornos y se volvieron nítidos diseños abstractos que cintilaron un rato.