9/12/16

CARTA ABIERTA A EMILIA HERRERA GIOVANETTI

LOS COLORES SECRETOS DEL CORAZÓN


Hugo Giovanetti Viola



Querida Emilia: hoy se inauguró tu primera exposición de pintura y tengo necesidad de escribirte esta paginita.


Es una carta para vos, pero me pareció lindo que también pudieran leerla otras personas a las que les gustaron mucho las fotos de algunos de tus cuadros que acabo de compartir por Facebook.


Un amigo que pinta muy bien me dijo, por ejemplo, que le habían alegrado el día.


Y eso es precioso, Emi: poder ayudar a vivir a la gente con nuestro arte.


No es común que los niños expongan siendo tan chicos como vos -que recién tenés ocho años- pero a mí me pareció una muy buena idea porque sé lo importante que es la expresión plástica en tu vida.


Y te aseguro que lo que pintás en el taller de tu padre nos hace resplandecer con las formas y los colores de tu arcoíris secreto, como si nos estuvieras regalando el tesoro divino que hay en tu corazón.


En el mundo habría mucho más amor si todas las personas se tomaran el trabajo, todos los días, de tratar de encontrar y repartir ese tesoro escondido,                                                                                                                                                    

Pero hay gente que no tiene la fe que se necesita para dedicarse a acariciar el alma de los demás.


Y Jesús pensaba que los milagros más importantes se producen cuando aprendemos a iluminarnos unos a otros con verdadero amor.


Hace poco, al salir del colegio, me contaste que en la clase de catequesis habían leído la parte del Evangelio donde Jesús caminó por arriba del agua y que cuando después Pedro quiso seguirlo casi se ahoga y tuvieron que salvarlo.


-Pedro no tuvo fe -me comentaste.


Y yo me di cuenta que acababas de comprender que el principal problema de la vida es ese: tenerle fe a nuestro corazón, aunque a veces las cosas que nos proponemos hacer nos parezcan imposibles.


Podríamos poner como ejemplo esa parte de la serie Soy luna que te gusta tanto, cuando uno de los personajes principales se decide a cantarle a la muchacha de la que está enamorado:


Eres / un confidente de todas mis emociones / la causa la razón de mis canciones / los sueños la verdad y mucho más / y mucho más. / Eres /  un mar donde navegan emociones / el cielo en el que flotan corazones / mi cómplice, mi guía y mucho más / y mucho más / Eso eres. 


Y ella queda encantada en el medio del puente.


¿Te imaginás cómo podrían mejorar las relaciones entre los seres humanos si todos nos animáramos a mostrarle a la gente cómo resplandecen los jardines más estrellados de nuestros sueños?


¿No te parece que esta exposición que inauguraste hoy fue una forma de mostrarnos a todos cómo son los colores del alma del hada que vive en tu palacio secreto?



Te felicito, Emi: tu Tata está orgulloso de su nieta pintora.

8/12/16

CONDE DE LAUTRÉAMONT (ISIDORE DUCASSE)

LOS CANTOS DE MALDOROR


OCTOGESIMOSEPTIMA ENTREGA

(Barral Editores / Barcelona 1970)



CANTO TERCERO



5 (5)




El cabello enmudeció… ¡Y yo me preguntaba quién podía ser su amo! ¡Y mis ojos se adherían a la reja con más fuerza!... Pronto estalló el trueno, una luminosidad fosfórica penetró en el cuarto. Retrocedí a pesar mío, por no sé qué instinto premonitorio; aunque estaba alejado de la ventanilla, percibí otra voz, pero esta tenue y humilde como temerosa de que la oyeran: “¡No brinques de esa manera! ¡Cállate… cállate… si alguien llegara a oírte! Te volverá colocar entre los otros cabellos, pero espera primero a que el sol se oculte en el horizonte, a fin de que la noche encubra tus pasos… no te he olvidado, pero te hubieran visto salir, y yo me habría comprometido. ¡Oh, si supieras cómo he sufrido desde aquel momento! De regreso al cielo, mis arcángeles me rodearon con curiosidad; no quisieron preguntarme el motivo de mi ausencia. Ellos que no se habían atrevido nunca a levantar la vista hasta mí, echaban miradas atónitas a mi rostro abatido, esforzándose por descifrar el enigma aunque no tuvieran idea de la profundidad de ese misterio, y se comunicaban muy quedamente la sospecha de algún cambio desacostumbrado en mí. Derramaban lágrimas en silencio; presentían vagamente que no era el mismo, que me había vuelto inferior a mi identidad. Hubiesen querido averiguar qué funesta resolución me había hecho franquear las fronteras del cielo, para bajar a la tierra y gozar voluptuosidades efímeras que ellos mismos desprecian profundamente. Notaron en mi frente una gota de esperma, una gota de sangre. ¡La primera había saltado desde los muslos de la cortesana, la segunda había saltado desde las venas del mártir! ¡Odiosos estigmas! ¡Rosetas inmutables! Mis arcángeles encontraron, prendidas en las redes del espacio, los restos resplandecientes de mi túnica de ópalo, que flotaban sobre los pueblos pasmados. No la han podido reconstruir, y mi cuerpo continúa desnudo frente a la inocencia de ellos; castigo memorable de la virtud abandonada. Observa los surcos que se han trazado un lecho en mis mejillas descoloridas: corresponden a la gota de esperma y a la gota de sangre que corren lentamente a lo largo de mis secas arrugas. Llegadas al labio superior, logran mediante un inmenso esfuerzo, penetrar en el santuario de mi boca, atraídas como un imán por las fauces irresistibles. Me sofocan, esas dos gotas implacables. Yo me había creído hasta el Todopoderoso, pero no, tengo que doblar el cuello ante el remordimiento que grita: “Eres sólo un miserable!” ¡No brinques de esa manera! ¡Cállate… cállate… si alguien llegara a oírte! Te volveré a colocar entre los otros cabellos, pero espera primero a que el sol se oculte en el horizonte, a fin de que la noche encubra tus pasos… Vi a Satán, el gran enemigo, recomponer el desbarajuste óseo del esqueleto, por encima de su embotamiento de larva, y de pie, triunfante, sublime, arengar a sus tropas reagrupadas; y tal como me merezco, llegar a hacer befa de mí. 
LOS RECOVECOS DE MANUEL MIGUEL

Desbocada reinvención de la vida de Manuel Espínola Gómez.


Hugo Giovanetti Viola

Primera edición: Caracol al Galope, 1999.
Primera edición WEB: elMontevideano Laboratorio de Artes, 2016.



VIGESIMOSEGUNDA ENTREGA



SEXTA PUERTA: IRRUPCIÓN (1)



Abrí la puerta del cuadro y ayudé a bajar a mi mujer de un 104, en la Plaza Independencia. Era la penúltima noche de octubre de 1980 y nosotros íbamos al vernissage de la retrospectiva de Manolo que organizaba Galería Latina. La galería quedaba en Sarandí y Policía Vieja, y también se inauguraba aquella noche.


-Qué ganas de comer unos panchos en La Pasiva -dijo mi mujer. -Pero ya es tardísimo.


-Podés ir haciendo boca en el vernissage -murmuré, apoyando una imperiosa mano sobre su embarazo de siete meses para que no bajara a la calle.



Frente a nosotros cruza una limusina que se recorta fantasmalmente sobre la mole de mármol barcino que erigió la dictadura para exponer la pulverización de Artigas: la limusina es blanca como la melena y el traje del hombre que la maneja: el hombre no es un chofer profesional y usa unos lentes espejados que apenas le disimulan las facciones de Gárgola: me mira y lo reconozco.



-¿Qué te pasa? -preguntó ella. -Estás pálido. ¿Viste qué limusina? ¿Vendrá al Victoria Plaza?


-No. Es Moby Dick -le dije, observando cómo el horrendo brillo se acercaba a la Puerta de la Ciudadela y desaparecía por Sarandí. -Viene desde el infierno, nada más que para ver la retrospectiva del Peludo Espínola Gómez. ¿No es un honor?


Mientras recorríamos las dos cuadras escasas que nos separaban de la galería retomé la composición mental de un poema que me flotaba en la cabeza desde el mediodía: tenía soñados sólo seis versos, pero segregaban una frutalidad resistente.


-Moby Dick no se ve por ningún lado. Debe haber estacionado a la vuelta -comenté, contemplando la comparsa de siluetas chinescas que derramaba la flamante galería hacia la calle.


-Bueno -ordenó mi mujer. -Ahora tratá de no pasarte con el whisky, que estás con el estómago vacío.


Lo que no tengo es el pasado vacío -pensé, recordando el cementerio de La Teja y los ojos del chofer del auto-ballena.


Un hombre barbudo de gestualidad infatigablemente simpática se presentaba como Pablo Marks y saludaba con un apretón de manos a cada uno de los que nos metíamos en el hervidero.



Apenas se puede caminar y tratamos de abrirnos paso hasta el subsuelo donde está expuesta la retrospectiva y de golpe me parece ver relampaguear los ojos de la Gárgola entre la pitucada y los figurones y las sirenas con las pelambres teñidas de violeta o de verde como en el Boul Mich de los tiempos heroicos: y necesito whisky pero no hay ningún mozo a mano y debo proteger el perfil de mi mujer mientras somos empujados por la escalera: entonces me defiendo rezando cabeza adentro “Para nadie hay descanso: / ni en la felicidad / ni en el barro del fondo. / Los hombres contrasurcan una corriente parda / -raramente rielante- / donde al fin flotarán / con las branquias quebradas”: y al empezar a despeñarnos por el segundo tramo y avistar las atmósferas solisenses clarinando en el subsuelo-pecera me brotan otros versos como catapultados: “¿Pero cuántos emergen / sobre los maremotos de nuestra travesía?”: y al toparme con Manolo lo abrazo y le hago un chiste a propósito de su nueva indumentaria y recuerdo la humildad del saco azul eléctrico y él sigue saludando a “distanciados” “despistados” snobs especialistas investigadores aficionados o autores con el alma caldeada: y tratamos de vichar la mayor cantidad posible de cuadros y me olvido de la Gárgola y del whisky y del poema hasta que mi compañera no aguanta más el apelmazamiento y decidimos salir a festejar el triunfo de Manolo con panchos y cerveza.



En La Pasiva había poca gente y conseguimos una mesa cerca de la ventana. Yo me senté de espaldas a la calle y devoré la espesura espumosa y dorada de medio chopp mientras llegaban los primeros frankfurters. Entonces pude completar la estrofa catapultada en el subsuelo de la galería: “¿Pero cuántos emergen / sobre los maremotos de nuestra travesía / para morder al aire / y arrancarle burbujas al remanso espacial?


-Me parece que salió el primer poema del libro de mi padre -anuncié.


El 2 de noviembre iba a hacer exactamente un año que supe de repente -leyendo a Lezama Lima frente a un atardecer que se espejaba como la zarza bíblica sobre los eucaliptos- que la congestión pulmonar de mi padre era un cáncer.


-¿Ya está terminado? -preguntó mi mujer, entornando los ojos al sorber la cerveza.


-Me falta un verso.


Y sentí que podría esculpirlo en cuestión de segundos.


-Se va a llamar La invencibilidad -agregué.




Y contemplo el cardumen de palomas turquesas que atraviesa los ojos de mi compañera y siento que no hay finales felices sino guirnaldas cósmicas anudando las historias de hombres y de mujeres que eligieron amar el callado envoltorio del estrellerío: Mirá señala ella Allí va la limusina asesina otra vez pero no me doy vuelta: Será tan invencible como Moby Dick pregunta sonriendo y yo liquido el chopp recordando el destello polifocalista y rubrico amansado: “Sólo la luz lo sabe”.

7/12/16

FEDERICO COORE / DANILO SANTINI

HACIA UNA PROBLEMATIZACIÓN DEL CONCEPTO DE ARTE DETRÁS DEL SERIALISMO INTEGRAL Y LA MÚSICA ALEATORIA



PRIMERA ENTREGA



A lo largo del curso de Historia de la música III realizado con la Prof. Cecilia Mauttoni trabajamos el desarrollo de diferentes corrientes vanguardistas del siglo XX. Nos resultó interesante, además de conocerlas, poder problematizarlas y reflexionar acerca de la concepción de arte detrás de ellas. Lo que nos lleva a preguntarnos a qué concepción de arte se contraponen dichas vanguardias, y así llegar a delinear una concepción propia. En nuestro trabajo nos enfocaremos específicamente en la música aleatoria y el serialismo integral, y en dilucidar su concepción -si es que la hay-.


El serialismo integral deriva del dodecafonismo. Mientras este último señaliza solamente las alturas de sonido, el serialismo integral se plantea señalizar todos los parámetros del sonido, en pos de romper aun más con la tradición de la música tonal.


La música aleatoria busca despojarse de todo tipo de pautas que condicionen la ejecución de la obra musical, la cual se fundamenta en la improvisación.


Más allá de que son sistemas o métodos diferentes, el resultado musical del serialismo y la música aleatoria son muchas veces parecidos, y esto nos hace pensar que están íntimamente relacionados, tal vez por una concepción artística en común.


Vemos que en ambas corrientes el método creativo tiene una fuerte carga racional, a pesar de que se expresa de diferentes maneras. En el serialismo la racionalidad se presenta en el empleo estricto de un método. Y en la música aleatoria, paradojalmente, el racionalismo está presente en la consigna general de no respetar criterios preexistentes, lo cual supone un ejercicio netamente intelectual.


Otra característica de la concepción de arte que hay detrás de estas corrientes es la idea de que cualquier objeto extraído de la cotidianeidad, por sí mismo y sin ser transformado, pueda ser arte con la sola intención del artista de que lo sea. “Como dijo Vostell ‘La vida puede ser arte y el arte puede ser vida’” (1).


Esto implica por un lado la existencia de un discurso explicativo que le dé un sentido a la obra de arte, y por otro que la asignación de significado a la obra se dé en forma unilateral por parte del espectador y unidireccional, desde agentes externos hacia la obra. Es decir, el espectador recibe el discurso explicativo y luego se enfrenta a la obra (ya sea plástica, musical, literaria, audiovisual o performática) y le asigna significado, pero puede no existir diálogo previo entre la obra y el espectador:


“De este modo, la importancia va desplazándose del objeto al sujeto. La reflexión no se sitúa tanto en el terreno de la obra como en el espacio de la percepción. En las obras cagianas el objeto ya no es lo fundamental de la composición, lo fundamental es la ‘idea’. (…) Cage emplea el término ‘idea’ en la misma línea que lo hace M. Noll al afirmar que ‘la historia del arte ha estado dominada por el objeto, (…) el logro aparente del objeto era lo que determinaba en lo inmediato el logro artístico. La idea siempre permaneció más o menos en la sombra’.” (2)


En síntesis, parecería ser que la concepción del arte de estas corrientes es que cualquier  cosa puede ser arte, siempre que se la designe como tal, y la obra no tiene por qué interpelar por sí misma al espectador, sino que el espectador tiene que hacerse de determinados conceptos para asignarle significado a la obra y así poder entablar un diálogo con ella.


Ahora bien, existen otras concepciones de arte que se enfrentan a esta.


Felisberto Hernández (escritor y pianista uruguayo) en su Explicación falsa de mis cuentos, refiriéndose a la racionalidad por él denominada conciencia, planteaba lo siguiente:


“(sus cuentos) no son completamente naturales, en el sentido de no intervenir la conciencia. Eso me sería antipático. No son dominados por una teoría de la conciencia. Eso me sería extremadamente antipático, Preferiría decir que esta intervención es misteriosa. Mis cuentos no tienen estructuras lógicas. A pesar de la vigilancia constante y rigurosa de la conciencia, esta también me es desconocida.” (3)


Aquí podemos notar una concepción artística en la cual la razón (conciencia) tiene la función de organizar y estructurar, pero no la de ser el principal elemento creativo. Es decir que la razón supervisa a la creación pero no la determina.


De la entrevista que realizamos a Hugo Giovanetti Viola (4) (escritor y compositor de canciones uruguayo) podemos desprender una concepción en la que el arte es “la tensión, condensación y vibración que logra hipnotizar y enervar un interior sosegadamente eterno”, y esto se logra con “la fecundación del verbo ‘sobre las aguas’ (tomando como ejemplo el mito bíblico), donde el verbo es lo racional, el logos, lo vertical, lo fálico, y las aguas son la intuición, el inconsciente, lo horizontal , lo femenino”. Es decir que la razón tiene un papel importante, pero tanto como la intuición o el inconsciente, o esa otra parte de la obra que no es mera técnica. “Si es todo racional, y no hay elementos del inconsciente -la parte femenina-, no se puede fecundar nada, y el arte es eso, es una fecundación que genera vida nueva en quien lo aprecia, que lo conmueve. Lo mismo pasa cuando todo es intuición, y no hay técnica que estructure la obra, si hay sólo ‘aguas’ y no hay ‘verbo’ tampoco hay fecundación (eso puede tener tendencia a pensar a pasar en algunas corrientes como el surrealismo, en donde el inconsciente y lo onírico tienen el papel principal)”.



Notas



(1) Díaz de la Fuente, A. (2005). Estructura y significado en la música serial y aleatoria. Dpto. de Filosofía y Filosofía moral y política.
(2) Ibid, p. 102.
(3) Hernández, F. (1955). Explicación falsa de mis cuentos. 19/10/2016, de Fundación Felisberto Hernández. Sitio Web.
(4) Entrevista realizada en formato de audio el 15/10/2016.




JULIO HERRERA Y REISSIG

EPÍLOGO WAGNERIANO A LA “POLÍTICA DE FUSIÓN”

Con surtidos de psicología sobre el Imperio de Zapicán

Todos estos peajeros, y estos Reyes, y estos mercaderes; todos estos guardianes de países y de tiendas, todos son mis enemigos. Abomino todo sacrificio al dios vulgo o al dios éxito. Me repugna lo trivial. Odio la hipocresía y el servilismo como los mayores crímenes. He de decir la Verdad aunque me aplaste el Universo.
NIETZSCHE: Así hablaba Zaratustra.



DECIMOQUINTA ENTREGA



También has olvidado la fría serenidad del escalpelo en manos del autopsista por la tanda de cuartel, al ocuparte de don José Gabriel Palomeque, Estrázulas, Acevedo y otras figuras muy dignas, cutos ideales fueron siempre la inhumación del pasado, para dar lugar a una época saludable de reconstitución y sosiego, que bien la necesitaba este gorgojo territorial, pisoteado miserablemente por la ambición de las logias, por los camastrones de la funambulía maquiavélica, y por el guarangaje ensoberbecido de nuestra campaña indómita.


Tampoco creo que don Venancio Flores, un capuchino con espada, en cuanto a bondad, pueda haber sido un traidor, un carnívoro de la falsía, arrodillándose a los pies de Oribe, después de haberlo guerreado con espartana entereza. Creo que en este buen hombre, han palpitado constantemente las intenciones más puras, la sinceridad más evangélica, la buena fe más virgen, y si su frágil carácter le fue fatal por un momento, culpa fue de sus prosélitos que en las horas más aciagas de la crisis del 55 le hicieron creer que era un Cavaignac, un redentor antropolátrico, el Tetragramaton de las batallas…!


También se te encabritó la cabalgadura al enfrentar a don Bernardo Berro que si no ha sido, ni mucho menos, un Cincinato ni un Lincoln, como le pregonan sus turiferarios, fue un hombre público tan honrado como un mozo de cordel, astuto como Gavroche o como el Rey de los sumatrenses, y no hay para qué partirle sobre la cabeza, como un ánfora de bilis, el hígado de un partidista.



De cualquiera manera, querido amigo, te felicito por tu trabajo que a pesar de sus deficiencias es lo mejor que se ha puesto en venta por estos mundos intelectuales, donde las obras más favorecidas por nuestro público, hasta el presente, son el Anuario de Barreiro y Ramos y el libro de cocina de Monsieur Pascal. El estilo, que según Guyau, es el traje del pensamiento, así como la idea es la lumbre de la palabra, ha sido para ti una toga vieja de sencillez anglicana. Yo lo prefiero, así, escueto en un asunto como el que tratas, al cursismo de los gallardetes y al mal gusto de las carnestolendas que esponjan el de muchos otros, evocándonos los anillos de la nariz del salvaje.