ANÓNIMO
INGLÉS DEL SIGLO XIV
LIBRO
DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR
Franciscus hanc editionem fecit
NONAGESIMOQUINTA
ENTREGA
20
Aprenderás
a darte cuenta de que todo lo que he escrito sobre estas dos señales y sus
maravillosos efectos es cierto. Y sin embargo, después de que hayas
experimentado alguno de ellos, o quizás todos, llegará un día en que
desparezcan, dejándote, como si dijéramos, árido, o, en tu opinión, peor que
árido. Habrá desaparecido tu nuevo fervor pero también tu habilidad para
meditar como habías hecho durante tanto tiempo anteriormente. ¿Qué hacer
entonces? Sentirás como si hubieras caído en alguna parte entre dos caminos sin
tener ninguno, pero intentando agarrarte a los dos. Y así será, pero no te desanimes demasiado. Súfrelo
humildemente y espera con paciencia para que nuestro Señor obre como quiera.
Pues ahora te encuentras en lo que yo llamaría una especie de océano
espiritual, en viaje desde la vida de la carne hasta la vida en el espíritu.
Durante
este viaje surgirán sin duda grandes tempestades y tentaciones, dejándote
aturdido y sin saber a qué camino volverte para encontrar ayuda, pues tu afecto
se sentirá privado tanto de tu gracia ordinaria como de tu gracia especial. Te
repito: no temas. Aun cuando pienses que tienes grandes motivos para temer, no
te angusties. Por el contrario, mantén en tu corazón una cordial confianza en
nuestro Señor, o, en todo caso, haz lo que puedas según las circunstancias.
Ciertamente, Él no está y quizá en cualquier momento se volverá hacia ti
tocándote más intensamente que en el pasado con una reavivación de la gracia
contemplativa. Entonces, mientras dura, sentirás que estás curado y que todo va
bien. Pero, cuando menos lo esperes, se irá de nuevo, y otra vez te sentirás
abandonado en tu barco, de acá para allá, sin saber dónde. Vendrá a su propia
hora. Con fuerza y más maravillosamente que antes vendrá en tu ayuda y aliviará
tu angustia. Volverá tantas veces como se vaya.
Y
si aguantas virilmente todo esto con amor dócil, cada venida será más
maravillosa y más gozosa que la última. Recuerda que todo lo que hace, lo hace
con una intención sabia; quiere que llegues a ser tan dúctil espiritualmente y
tan moldeado a su voluntad como un fino guante de cabritilla a tu mano.
Y
así, unas veces irá y otras vendrá, de manera que tanto con su presencia como
con su ausencia pueda prepararte, educarte e introducirte en las profundidades
secretas de tu espíritu para esta obra. En la ausencia de todo entusiasmo te
enseñará el significado real de la paciencia. Desaparecido tu entusiasmo,
podrás pensar que le has perdido también a Él, pero no es así; sólo quiere
enseñarte la paciencia. Mas no te equivoques sobre esto; Dios puede a veces
retirar las suaves emociones, el entusiasmo gozoso y los ardientes deseos, pero
nunca retira su gracia de los que ha elegido, excepto en caso de pecado mortal.
Estoy seguro de ello. Por lo demás, las emociones, el entusiasmo y los deseos
no son en sí mismos gracia, sino regalos de la gracia. Y estos los puede
retirar con frecuencia, unas veces para fortalecer nuestra paciencia; otras,
por otras razones, pero siempre para nuestro bien espiritual, aunque quizá
nunca lo entendamos.
Debemos
recordar que la gracia, en sí misma, es tan alta, tan pura y tan espiritual que
nuestros sentidos y emociones son de hechos incapaces de experimentarla. El fervor
sensible que experimentan son los regalos de la gracia, no la gracia misma.
Estos
los retirará el Señor de vez en cuando para ahondar y madurar nuestra
paciencia. También lo hace por otras razones, pero no entraré ahora en ellas.
Sigamos más bien con nuestro tema.
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