CLARISSA PINKOLA
ESTÉS
MUJERES QUE CORREN
CON LOS LOBOS
CIENTOQUINCUAGESIMOSIMOTERCERA ENTREGA
CAPÍTULO 14
La selva
subterránea:
La iniciación en la
selva subterránea
La doncella manca
(22)
La quinta fase: El tormento
del alma (4)
Mientras que en "Barba Azul" vimos que el depredador natural
era el que apartaba a las mujeres de sus ideas, sentimientos y acciones, aquí
en "La doncella manca" se nos ofrece un aspecto del depredador mucho
más sutil pero inmensamente poderoso con el que no sólo tenemos que
enfrentarnos en nuestra psique sino también y cada vez en mayor medida en
nuestra actividad cotidiana exterior.
"La doncella manca" muestra la habilidad del depredador para
torcer las percepciones humanas y la vital comprensión que necesitamos a fin de
desarrollar la dignidad moral, la perspectiva visionaria y la acción apropiada
en nuestra vida y en el mundo. En "Barba Azul" el depredador no deja
vivir a nadie. En "La doncella manca" el demonio permite vivir pero
impide la reconexión de la mujer con la profunda sabiduría de la naturaleza
instintiva que encierra una corrección automática de la percepción y la acción.
Por consiguiente, cuando el demonio cambia el mensaje del cuento, el hecho
se puede considerar en cierto sentido un acontecimiento histórico efectivo de
especial importancia para la tarea psíquica del descenso y de la conciencia que
tienen que llevar a cabo las mujeres modernas. Curiosamente, muchos aspectos de
la cultura (es decir, del sistema de creencias colectivo y dominante de un
grupo de personas que viven lo bastante cerca las unas de las otras como para
poder influirse mutuamente) se siguen comportando como el demonio en
todo lo relacionado con las tareas interiores, la vida personal y los procesos
psíquicos de las mujeres. Eliminando esto, excluyendo lo otro, cortando
una raíz de aquí y sellando una abertura de allí, el "demonio"
de la cultura y el depredador de la psique hacen que varias generaciones
de mujeres se sientan atemorizadas y, sin embargo, se atrevan a vagar
sin rumbo y sin tener ni la más remota idea acerca de las causas de su
desazón o acerca de su pérdida de la naturaleza salvaje que es la que se
las podría revelar todas.
Si bien es cierto que el depredador manifiesta una predilección especial
por las presas que están hambrientas de alma y se sienten solas o desvalidas en
lo más hondo de su ser, los cuentos de hadas nos muestran que el depredador también
se siente atraído por la conciencia, la regeneración, la liberación y la nueva
libertad. En cuanto se entera de que hay algo de eso, se presenta de inmediato.
Muchos argumentos de cuentos tienen por protagonista al depredador, no sólo
los incluidos en este libro sino también los cuentos de hadas como "Cap of
Rushes" y "All Fur" o los mitos relacionados con la griega
Andrómeda y la azteca Malinche. Los trucos que en ellos se utilizan son el
menosprecio de los objetivos de la protagonista, el lenguaje despectivo
utilizado en la descripción de la presa, los juicios temerarios, las
prohibiciones y los castigos injustificados. Estos son los medios que utiliza
el depredador para cambiar los vivificadores mensajes entre el alma y el
espíritu por otros mensajes letales que nos parten el corazón, nos causan vergüenza
y, por encima de todo, nos impiden emprender la acción adecuada.
A nivel cultural podemos dar muchos ejemplos de cómo el depredador
configura las ideas y los sentimientos para robarles la luz a las mujeres. Uno
de los ejemplos más llamativos de la pérdida de la percepción natural es el de
varias generaciones de mujeres (30) cuyas madres rompieron la tradición de
enseñar, preparar e introducir a sus hijas en el hecho más fundamental y físico
de la esencia femenina cual es el de la menstruación. En nuestra cultura pero
también en muchas otras, el demonio cambió el mensaje de tal manera que la
primera sangre y todos los sucesivos ciclos de sangre se rodearon de
humillación y no de admirado asombro tal como hubiera tenido que ser. Ello dio
lugar a que millones de jóvenes perdieran su herencia del cuerpo prodigioso y,
en su lugar, temieran morir, estar enfermas o ser castigadas por Dios. La
cultura y los individuos de la cultura aceptaron el mensaje tergiversado del
demonio sin examinarlo y lo transmitieron a bombo y platillo, convirtiendo el
período del incremento de las sensaciones emocionales y sexuales de las mujeres
en un período de vergüenza y castigo.
Tal como vemos en el cuento, cuando el depredador invade una cultura, ya
sea esta la psique o bien una sociedad, los distintos aspectos o individuos de
esta cultura tienen que echar mano de toda su perspicacia para leer entre
líneas y permanecer en su sitio sin dejarse arrastrar por las indignantes pero
atrayentes afirmaciones del depredador.
Cuando hay demasiado depredador y demasiado poca alma salvaje, las
estructuras económicas, sociales, emocionales y religiosas de la cultura
empiezan a deformar gradualmente los recursos más espirituales tanto de la
persona como del mundo exterior. Los ciclos naturales se asfixian y se convierten
en formas artificiales, se desgarran con usos imprudentes o se matan. Se
desprecia el valor de lo salvaje y lo visionario y se hacen siniestras conjeturas
acerca del peligro que representa la naturaleza salvaje. Los medios y métodos
destructivos, despojados de bondad y significado, llegan a adquirir una
categoría superior.
Sin embargo, por mucho que el demonio mienta y trate de cambiar los hermosos
mensajes acerca de la verdadera vida de la mujer por otros más mezquinos, celosos
y agostadores, la madre del rey comprende lo que ocurre y se niega a sacrificar
a su hija. En términos modernos, no amordazaría a su hija, no le aconsejaría
callar su verdad, no la animaría a fingir ser menos de lo que es para poder
manipularla más. Esta figura de la madre salvaje del mundo subterráneo corre el
riesgo de sufrir un castigo por seguir el que ella sabe que es el camino más
prudente. Gana en astucia al depredador en lugar de conchabarse con él. No se
da por vencida. Sabe lo que es integral, sabe lo que ayudará a una mujer a prosperar,
identifica a un depredador al vuelo y sabe lo que hay que hacer al respecto.
Aunque nos sintamos presionadas por los más deformados mensajes
culturales o psíquicos, aunque un depredador ande suelto en la cultura o en la
psique personal, todas podemos oír las instrucciones salvajes iniciales y
seguirlas.
Eso es lo que aprenden las mujeres cuando excavan en la naturaleza
salvaje e instintiva, cuando se entregan a la tarea de la profunda iniciación y
el desarrollo de la conciencia. Siguen un cursillo acelerado por medio del
desarrollo de la vista, el oído, el ser y el hacer ininterrumpidos. Las mujeres
aprenden a buscar al depredador en lugar de intentar alejarlo, dejarlo de lado
o ser amables con él.
Aprenden los trucos, los disfraces y los medios que se inventa el
depredador. Aprenden a "leer entre líneas" en los mensajes, las invitaciones,
las expectativas o las costumbres nacidas de la manipulación de la verdad.
Entonces, tanto si el depredador emana del propio medio psíquico como si procede
de la cultura exterior, actuamos con astucia, podemos enfrentarnos cara a cara
con él y hacer lo que se tiene que hacer.
Notas
(30) Jean Shinoda Bolen en su esclarecedora obra
acerca de la menopausia dice que las ancianas conservan la energía de la sangre
menstrual en el interior de su cuerpo y crean sabiduría interior en lugar de
hijos exteriores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario