ENCUENTRO
CON LA SOMBRA
(El
poder del lado oscuro de la naturaleza humana)
Carl G. Jung / Joseph
Campbell / Marie-Louise von Franz / Robert Bly / Ken Wilber / Nathaiel Branden
/ Sam Keen / Larry Dossey / Rollo May / M. Scott Peck / James Hillman / John
Bradshaw y otros
Edición a cargo de Connie Zweig y Jeremiah
Abrams
CENTESIMOCUARTA
ENTREGA
SÉPTIMA PARTE
27. REDIMIENDO NUESTROS DIABLOS Y
NUESTROS DEMONIOS (2)
Stephen A. Diamond
Diablos, demonios y lo daimónico
(1)
Durante
mucho tiempo los diablos y los demonios han sido considerados como la causa y
la personificación del mal. Según Freud, los pueblos aborígenes proyectaron su
hostilidad sobre demonios imaginarios. En su opinión, “es muy posible que el
mismo concepto de demonio esté relacionado, de un modo u otro, con la muerte” y
agregó que “el hecho de que los demonios siempre hayan sido considerados como
los espíritus de las personas que acaban de morir testimonia claramente la
influencia del duelo en el origen de la creencia en los demonios”. (6)
Históricamente
hablando, los demonios han servido de chivo expiatorio y de receptáculo de todo
tipo de impulsos y emociones amenazadoras e inaceptables, especialmente
aquellos que tienen que ver con el hecho inexcusable de la muerte. Pero la
visión popular y parcial y unilateral de los demonios es psicológicamente
simplista e ingenua. Según Freud, los malignos demonios, tan temidos por
nuestros antepasados, cumplían con ciertas funciones en el proceso del duelo ya
que, una vez afrontados e integrados por el sujeto, acaban siendo
“reverenciados como ancestros y eran invocados para que proporcionaran ayuda en
los malos momentos”. (7)
Refiriéndose
a la idea medieval de lo “daimónico”, Jung dice que “los demonios son intrusos
procedentes del inconsciente, irrupciones espontáneas de complejos del
inconsciente en la continuidad del proceso de nuestra conciencia. Los complejos
son comparables a demonios que hostigan caprichosamente nuestro pensamiento y
nuestra acción. Es por ello que, en la antigüedad y en la Edad Media, las
perturbaciones neuróticas agudas eran consideradas como una consecuencia de la
posesión”. (8)
Antes
de la aparición de la filosofía cartesiana en el siglo XVIII y de su consecuente
énfasis en el objetivismo científico, se creía a pies juntillas que los
desórdenes o la enajenación emocional eran obra de los demonios que habitaban
el cuerpo (o el cerebro) inconsciente del infortunado sufriente. Esas imágenes
de entidades voladoras invasoras dotadas de poderes sobrenaturales sigue
presente en algunos de los eufemismos que utilizamos para referirnos a la
locura (“tener murciélagos en el tejado”, por ejemplo) y en los delirios
paranoicos de hallarse bajo la influencia de extraterrestres procedentes de
platillos voladores.
Notas
(6)
Sigmund Freud, Totem y tabú (Madrid:
Alianza Editorial, 1972)
(7) Ibid.
(8) C. G. Jung, “Psychologycal Types”, en The Collected Works of C. G. Jung , vol.
6 (Princeton University Press, 1971, p. 109).
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