HUGO GIOVANETTI VIOLA
HABEMUS CIELO
DOS: ME SOBRA CORAZÓN
DECIMONOVENA ENTREGA
33
Doris invitó a Brenda a
pasar la noche en el bungalow y después que cenaron le pidió que la ayudara a
preparar una sorpresa para la boda.
-¿Y esto? -se le
doraron las pupilas a la actriz cuando vio a su consuegra abrir dos cajas
enormes llenas de cuencos de vidrio y pequeños velones.
-Tengo que preparar
cincuenta candilejas pero no te puedo contar más nada porque es una sorpresa
para todos. Me contaban mis abuelos que ellos lo hicieron en el Osttirol y
desde que Poli y Beto se comprometieron me prometí ayudarlos así. Habemus cielo es el nombre de un poema
de Jerónimo, ¿verdad?
-Sí. Es el que más me
gusta, aparte de una canción que se llama el Romance de la corola de madera.
-Bueno, mañana cuando
oscurezca vamos a terminar de bajar el cielo a la tierra -empezó a colocar los
velones en los cuencos la mujer que no podía parar de fumar. -Hoy te noto muy
triste.
-Es que tengo miedo de
terminar perdiendo a toda mi familia -se agarró el pecho izquierdo Brenda.
-¿Pero por qué tanto
drama?
-Porque no podemos
terminar de llevarnos bien. Ninguno me soporta la falta de fe.
-¿Pero no te hizo bien
volver a filmar? Aunque ya sabés que tanto Beto como yo sentimos que esa Tertulia lunática es bastante siniestra.
-Pero en el guión de la
película también hay una prosa llenísima de amor que Herrera y Reissig leyó en
un cementerio y eso también lo actué y me sentí San Esteban entrando al paraíso.
Julio ya estaba jorobado y deshecho por las taquicardias congénitas y tenía el
cuerpo lleno de las pústulas que le provocaban las inyecciones de morfina.
-Pobrecito.
-Y me pasó exactamente lo
mismo que cuando leía a Salinger y veía
la verdad. Además te confieso que fue la única vez que me di cuenta que lo
único que importa es dar la vida.
-Y yo te puedo asegurar
que al horror lo vencés, aunque te cueste todo. No te olvides que ya hace años
que mi hija se volvió otra y mi ex-marido
terminó transformándose en un Frankestein de vaudevil.
Las dos mujeres iban
embutiendo los velones en los cuencos y después de mucho rato la matrona del
Osttirol murmuró:
-Yo también tengo miedo
de lo que pueda pasar mañana con Karla y con el Chacho. Hace años que no nos
vemos. Pero en la posguerra los vieneses tuvimos que aprender a reconstruir la
ciudad piedrita por piedrita. Y no nos quedó tan mal.
-¿Tus abuelos fueron
felices?
-Sí. Y hace poco soñé
que eran dos esqueletos abrazados.
-Y yo soñé que
Jeronimito jugaba a la rayuela con mi cuñado.
-Bueno -bostezó una
humareda Doris con una placidez fosforecente. -Ya quedaron prontos los
ladrillos para hacer la fortaleza adonde no entra el diablo.
34
Después de que Roberto
Savoy y Paula Rabí fueron declarados Mann
und Frau empezaron a besarse tan desenfrenadamente que hasta la propia Richterin terminó por aplaudirlos.
-Usted más que una
mujer parece un cisne, consuegra -se sacó el gran sombrero el hombrón de nariz
granulosa para reverenciar a Brenda cuando bajaron a brindar en la entrada
enjardinada del Standesamt.
-Será por eso que nunca
canto -le hizo una guiñada la actriz de escotadísima vaporosidad a Karla. -
¿Ya
les presentaron a Senel?
-Mucho gusto -le agarró
la mano y el antebrazo el Chacho al cura que ahora parecía aureolado por la gracia
de ingravidez que lo transfiguraba en las homilías. -Te aclaro que yo no nunca
creí en nada, pero cuando mi mujer llegaba muy tarde del hospital y tenía que
darles conciertos a los chiquilines para que se durmieran lo que más nos
gustaba era cantar juntos el Padrenuestro con la música de Sounds of silence.
-Era mi preferida
-sonrió la rubicunda mujerona de pechos aplastados por un traje varonil y una
corbata de rayas azules y rojas.
-En mi parroquia había
mucha gente que vive esa canción como el momento celestial de la eucaristía -recogió una copa de espumante y un
ramito de siemprevivas Senel de una bandeja y un canasto que hacía circular
Doris. -Esto de tirarle flores a los novios en lugar de arroz es una buena idea.
-Pero se inventó nada
más que por cuestiones de higiene -hizo fondo blanco el hombre de aliento
resacoso. -Acá las manifestaciones sindicales se hacen seguidas por patrullas de
limpiadores para que no quede ni un pucho ni un papel tirado. A mí esas manías
ecológicas me hacen reír los huevos.
Y después del brindis y
de la lluvia de siemprevivas Poli y Beto posaron para los celulares incrustados
mansamente en el mediodía que rielaba sobre el patio empedrado y Doris se
acercó a su consuegra para llenarle la copa murmurando:
-¿Y vos a qué hora te
pensás pintar los labios?
-Cuando les organices
la sorpresa.
-¿Y en ese momento no
te animarías a actuar alguno de los monólogos?
-¿Pero vos estás loca?
-¿Cuánto dura ese
discurso llenísimo de amor que
Herrera y Reissig recitó en el cementerio?
-Eso es largo y difícil.
Y además los invitados que no entienden español se van a embolar mucho.
-¿Pero a vos no te
emocionó el Padrenuestro de la novela que traduje al alemán?
-Son cosas muy
distintas. ¿Sabés que todavía estoy asombrada de la cantidad de besos que se
dieron Beto y Poli? Nunca había visto un casamiento igual.
-Es que cuando al
Chacho lo atacaba la adoración parecía que se iba a comer a los chiquilines de
tanto que los apretujaba. Fue nuestra época de oro.
Entonces Brenda se quedó
contemplando al hombre-cowboy con triste admiración.
35
-Qué pareja divina que
forman -cloqueó Michita en el skype cuando recibió las fotos. -¿Y a qué hora es
el asado?
-A las cinco -empezó a
jugar con la tapa del lápiz labial Brenda. -A mí me pasa a buscar Doris dentro
de un rato, pero mucha gente ya arrancó para la bodega. Se llega perfectamente
en metro.
-Quisiera leerte algo,
siempre que no te venga la alergia anticatólica.
-Bueno -se le amielaron
las pupilas a la mujer-cisne.
-Es el final de una
carta que le escribió Mozart al padre desde Viena a los 31 años. Siempre fue la
preferida de mi esposito, y me pidió que se la leyera en el sanatorio después
que le dieron la extremaunción.
-¿Pero estas cosas no
te hacen mal, Michita?
-No, al contrario. Escuchá:
pues la muerte, para llamarla por su
nombre, es la verdadera finalidad de nuestra vida. Por ello es que de unos años
a esta parte he hecho relación con esta verdadera amiga del hombre, ¡de tal
modo que su figura no sólo ya no me asusta sino que me tranquiliza y me
consuela! Agradezco a Dios porque me ha concedido la gracia de darme
oportunidad (¿me entiende, verdad?) de conocerlo y saber que Él es la llave
para nuestra verdadera felicidad. Nunca me acuesto sin pensar que quizá no he
de ver el día siguiente, a pesar de lo joven que soy, y no hay persona de
cuantas me conocen que pueda decir que estoy gruñón o triste, y por esta dicha
agradezco todos los días a mi creador y se la deseo de corazón a todos mis
prójimos. Y está firmada el 4 de abril de 1787.
Brenda destapó del todo
el lápiz labial y se quedó mirando el resplandor bermellón como si fuera un
glande.
-¿Verdad que no es
morboso? -sonrió la vieja.
-No. ¿Pero te sentís
bien de verdad?
-La que tiene el bobo
encabritado sos vos, mi querida. Y el otro día te dije que pienso acompañarte a
conocer a tu nieto en enero, de lo sana que estoy. Che: ¿invitaron a mucha
gente al asado?
-Al final hubo cupo
nada más que para sesenta personas, porque la bodeguita es una preciosura
medieval medio subterránea pero teníamos miedo de que lloviera y adentro hay poco
sitio. Lo ideal es que comamos abajo de las parras.
-Me estás hablando como
si ya te sintieras de la familia.
-Sí. Ayer acompañé a
Doris a llevar las bebidas y pasamos muy bien. Y además te confieso que el
padre de Beto no me cayó como el malo de la película.
-¿El degenerado?
-Ta. Pero por lo menos
se comía a besos a los hijos cuando eran chiquitos. Yo siempre fui más seca que
una lija.
-Vas a ver que con ese
vestido hoy terminás volando.
-Me encantó lo que
leíste de Mozart, Michita, Capaz que uno llega a eso.
-Hay que llegar a eso.
36
Senel llegó al
apartamento de Erdbergstrasse 33 cuando su madre acababa de irse a la fiesta
con Doris y aprovechó para skypear con el doctor Rabí.
-Poli ya me mandó las
fotos -chupó la bombilla ansiosamente el hombre con físico de rugbista y risita
chillona. -Y además me contó que se comieron a chupones en el Registro Civil.
¿A qué hora empezás a hacer el asado?
-Ya salgo para allá.
Pero me demoré un poco porque antes quería pasar por la catedral. No te olvides
que estoy en misión.
-Tu madre está
preciosísima.
-Tal cual. Es como si
hubiera dos novias. ¿Y a vos qué te pasa?
-Lo de siempre. Dormí
cuatro míseras horitas porque estuve de guardia y la última pesadilla me dejó
hecho un Gregor Samsa. Pero cuando llegaron las fotos repeché enseguida.
Entonces Senel bajó su
rubiedad ya blanca cortada a lo cepillo y confesó:
-Es increíble que mamá sea
la única persona capaz de darse cuenta que todavía sigo sudando sangre por haber tenido que dejar la parroquia, viejo.
Hasta ahora se lo pude disimular a todo el mundo, pero ella se da cuenta. Y me
parece imperdonable que justo en esta
boda me esté sintiendo como un cómplice
del luto del corazón. ¿Te acordás de la canción de Sabina?
-¿Y por eso pasaste por
la catedral?
-Quería
pedirle garra a San Esteban.
-¿Y si yo te dijera que
en mi pesadilla veía cómo los patos lindos iban lapidando a tu madre desde que
era chiquita? Y ella aparecía siempre vestida de blanco: primero con el vestido
de comunión, después con el de los quince y al final con el del casamiento por
iglesia. Aunque nunca usó ninguno.
-Hechos, 6, 15: Las autoridades y todos los que estaban allí sentados,
al mirar a Esteban, vieron que su cara era como la de un ángel.
-Pero lo más horrible
era que Brenda tenía pintado una especie de corazón en la boca y se murió
riéndose.
-Qué pesadilla hermosa.
-Sí. Porque no la
tuviste vos.
-Pero me acaba de
levantar un poco el corazón -se le iluminó relampagueantemente la angustia al
cura.
-¿Cuántos pulpones
tenés que hacer?
-Cuatro. Y en estas
barbacoas con carbón es un huevo graduarlos. Tienen que estar prontos más o
menos para las siete, porque ellos antes van comiendo de todo.
-Pero igual sellales el
jugo a los quince minutos, por las dudas.
-Gracias, viejo. Y mientras
se hace el asado me voy a tomar unos mates pero después le pienso dar al
espumante con todo.
-Eso demuestra que ya
te volviste a poner la celeste -se rio fuerte el doctor, haciendo chirriar la
bombilla. -Y déjate de joder de una vez con las cagueras de Sabina.
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