ANÓNIMO
INGLÉS DEL SIGLO XIV
LIBRO
DE LA ORIENTACIÓN PARTICULAR
Franciscus hanc editionem fecit
NONAGESIMOSEGUNDA
ENTREGA
17
Consagro
este capítulo a refutar la ignorante presunción de ciertas personas que
insisten en que el hombre es el agente principal en todo, incluso en la
contemplación. Confiando demasiado en su natural sabiduría y en la teología
especulativa, afirman que Dios es el que consiente pasivamente, incluso en esta
actividad. Pero quiero que entiendas que en lo que respecta a la contemplación,
ocurre todo lo contrario. Dios solo es el agente principal aquí, y no quiere
actuar en nadie que no haya dado de mano todo ejercicio de su entendimiento
natural entretenido en una especulación inteligente.
No
obstante, en toda obra buena, el hombre actúa en colaboración con Dios,
sirviéndose de su natural ingenio y conocimiento para su mayor bien. Dios es
también aquí totalmente activo, pero aplicando, por decirlo así, una medida
diferente. Aquí permite la acción del hombre y la asiste a través de los medios
secundarios: la luz de la Escritura, la orientación fiable y los dictados del
sentido común que incluyen las exigencias del propio estado, de la edad y las
circunstancias de la vida. De hecho, en todas las actividades ordinarias el
hombre nunca debe seguir una inspiración -aunque sea piadosa o atractiva- hasta
no haberla examinado racionalmente a la luz de estos tres testigos.
Es
razonable, ciertamente, esperar a que un hombre sea capaz de actuar
responsablemente. La santa iglesia así lo hace, y por derecho y decreto no
permite que uno llegue a obispo (el grado más alto de la vida activa) hasta que
tras riguroso examen no haya determinado que es capaz de realizar este oficio.
Así,
en todas las actividades ordinarias el ingenio natural y los conocimientos del
hombre (dirigidos por la Escritura, el buen consejo y el sentido común) toman
iniciativas responsables, mientras Dios con su gracia permite y asiste en todos
los asuntos pertenecientes al ámbito de la sabiduría humana. Pues aquí Dios
solo es el agente principal y Él solo toma la iniciativa, mientras que el
hombre consiente y sufre su acción divina.
Esta
es, pues, mi manera de entender las palabras del Evangelio: “Sin mí, no podéis
hacer nada”. Significan una cosa en todas las actividades ordinarias y otra
completamente diferente en la contemplación. Todas las obras activas (agraden a
Dios o no) están hechas con Dios, pero su parte consiste, como si dijéramos, en
consentirlas y permitirlas. En la obra contemplativa, sin embargo, la
iniciativa le pertenece a Él solo, y sólo pide que el hombre consienta y sufra
su acción. Puedes tomar esto como un principio general: “No podemos hacer nada
sin Él; nada bueno ni nada malo; nada activo ni nada contemplativo”.
Antes
de dejar este punto, añadiré que Dios está con nosotros también en el pecado,
no porque coopere en nuestro pecado, pues no coopera, sino porque nos permite
pecar si es que optamos por ello. Sí, nos deja tan libres que podemos ir a la
condenación si, al final, optamos por esto en vez de por un sincero
arrepentimiento.
En
nuestras buenas acciones hace algo más que simplemente permitir nuestra acción.
Nos asiste realmente; para gran mérito nuestro si avanzamos, si bien para
vergüenza nuestra si retrocedemos. Y por lo que se refiera a la contemplación,
Él toma la iniciativa completa, primero para despertarnos, y después, como
maestro artesano, para trabajar en nosotros conduciéndonos a la más alta perfección,
uniéndonos espiritualmente a Él en un amor consumado.
Y
así, cuando nuestro Señor dice: “Sin mí, no podéis hacer nada”, habla a todos,
ya que todos en la tierra caen en uno de estos tres grupos: pecadores, activos
o contemplativos. En los pecadores está activamente presente, permitiéndoles
obrar como quieren; en los activos está presente, permitiendo y asistiendo, y
en los contemplativos, como único dueño, despertándolos y conduciéndolos en
esta obra divina.
¡Ay!
He empleado muchas palabras y he dicho muy poco. Pero quería que entendieras cuándo
has de usar tus facultades y cuándo no. Quería que vieras cómo actúa Dios en ti
cuando usa tus facultades y cuando no. Creí que esto era importante porque este
conocimiento podría prevenirte de caer en ciertas decepciones que de otra
manera podrían enredarte. Y ya que está escrito, dejémoslo así, aun cuando no
tiene mayor importancia para nuestro tema. Pero volvamos a él ahora.
No hay comentarios:
Publicar un comentario