JOSÉ GURVICH
CRUZANDO FRONTERAS
por Cristina
Rossi
(ARTE 30 /
08 / 2013)
En estos momentos se lleva a cabo en el
Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Av. San Juan 350), la exhibición José Gurvich: Cruzando fronteras cuya
curadora es Cristina Rossi quien
explica que José Gurvich. Cruzando fronteras es una exposición que, antes que
presentar un desarrollo temático o cronológico de su producción, propone
penetrar en su universo plástico para ir descubriendo ese imaginario lúdico y
libre donde todo es posible. ARTE presenta el texto curatorial de la exhibición
gracias a la generosidad de su autora, junto a algunas imágenes de obras
fundamentales del maestro uruguayo–judío nacido en Lituania. La exposición se
puede visitar hasta el 6 de octubre.
He roto casi todas las reglas
aprendidas, para encontrar el espacio infinito y libre.
José Gurvich
Para José Gurvich las fronteras territoriales siempre fueron un límite
lábil del que tendió a desmarcarse, del mismo modo que en su poética buscó
liberarse de las normas establecidas. Siempre se consideró un artista uruguayo
aunque había nacido en Lituania, fue miembro activo del kibutz cada vez que
visitó Israel y, en sus últimos años de vida, intentó integrarse en la gran
metrópolis neoyorkina. También concibió su universo plástico desafiando los
límites impuestos por lo pautado, conocido o aprendido, según él mismo expresó
en la frase del acápite que ha guiado la construcción del relato visual de esta
exposición.
El guión curatorial de José
Gurvich. Cruzando fronteras está organizado en cuatro módulos que toman
como punto de partida su trabajo sobre la estructura y los símbolos del período
torresgarciano para desarrollar, luego, las transformaciones plásticas
producidas entre los años 1960 y el fin de su obra en 1974, causado por su
sorpresiva muerte.
El primer núcleo de la exposición presenta el momento de aprendizaje y,
a la vez, testimonia la vinculación temprana de su obra con Buenos Aires, ya
que el mismo año de su ingreso al Taller que dirigía Joaquín Torres García,
formó parte de la muestra Pintura moderna del Uruguay que se presentó en la
Galería Comte, de la calle Florida. Los dibujos y témperas constructivas se
articulan, en el primer segmento de José Gurvich. Cruzando fronteras con una
serie de tablas que pintó en Buenos Aires, cuando viajó en 1960 luego de
casarse con Julia Helena Añorga (Totó). Realizadas sobre maderas de diferentes
formas y tamaños, estas obras conservan huellas de esa visita, a través de
algunos símbolos o las iniciales B.A. (como la obra que integra la Colección
MALBA – Fundación Costantini).
Los dos núcleos siguientes muestran las transformaciones en el
tratamiento plástico del espacio y de su imaginario simbólico. Son recorridos
que permiten seguir los cambios en la estructura compositiva: desde la
cuadrícula ortogonal y la resolución a través de la espiral, hasta llegar a la
flexibilización de un espacio que sugiere su continuación en el infinito. Un
universo simbólico en constante renovación que también se irá desplegando hasta
multiplicarse y fragmentarse buscando nuevas combinaciones.
En su período maduro los símbolos comenzaron a componer figuras y dieron
forma al cuerpo humano, pero también habitaron la piel de la escultura y conformaron
la matriz lúdica del imaginario que volcó en las series de bocetos para
esculturas y monumentos, realizados durante su estancia en Nueva York.
Precisamente, estos proyectos y el impacto de esa gran ciudad se presentan en
el último núcleo del relato visual de esta exposición, que se complementa con
los ensayos históricos que integran el catálogo-libro que la acompaña.
Abriendo horizontes
Despertad cantores: acaben
los ecos, empiecen las voces.
José Gurvich
La decisión de Torres García de incluirlo en la selección que
representaría a sus discípulos en la exposición de la Galería Comte, debe haber
impactado al joven Gurvich. Es cierto que el maestro había aceptado con agrado
los trabajos que le mostró en su primera entrevista; pero esta nueva elección
que renovaba su voto de confianza debe haberle causado una gran sorpresa y
compromiso a quien recién estaba recibiendo las primeras lecciones de arte
constructivo.
Si bien Gurvich ya había tomado clases con José Cuneo, las reglas de
enseñanza del nuevo maestro seguían una secuencia que partía de los ejercicios
lineales (dentro de la geometría y buscando la relación armónica) para llegar
al tono con el que se debían trabajar las formas geometrizadas, deformadas o
esquematizadas de los objetos. El catálogo de la muestra Pintura moderna del
Uruguay publicado en 1944 por Comte no detalla las obras exhibidas y, en
consecuencia, no nos permite conocer cuáles fueron las pinturas que mandó
Gurvich (1). No obstante, en la presente exposición hemos representado ese
primer cruce de fronteras territoriales a través de una serie de dibujos y
pinturas realizados sobre pequeños papeles. Se trata de algunos ejercicios
firmados entre 1947-8 que muestran lecciones precisas o su aplicación en el
esquema compositivo de las obras. Entre ellas, se observa lo pautado con
respecto al trabajo desde lo geométrico hacia lo real, la sección áurea, la
búsqueda de la unidad, el elemento esquemático dentro de un orden dado por un
plano ortogonal, las formas esquemáticas geométricas, el empleo de grafismos y
la ubicación de los símbolos en la cuadrícula.
Sin duda para 1947-8 estas lecciones ya estaban incorporadas a los
saberes que Gurvich había adquirido en el Taller; sin embargo, el maestro había
tomado la decisión de insistir sobre las pautas, tal como le comentó al crítico
argentino Romualdo Brughetti en una carta de ese año:
Los muchachos […]
están cumpliendo un plan de 100 días, en que tendrán que estudiar nuevamente
todos los problemas hasta hoy estudiados por ellos, desde el dibujo y la
pintura de aspecto naturalista (no imitativa) hasta la abstracción total
(figurativa o no) y de los diversos procedimientos plásticos que se habían
empleado (2).
Luego de esa presentación de su obra en la calle Florida –seguramente
insospechada para él– recién en 1960 visitó Buenos Aires con su flamante
esposa. Alojado en la casa de Jorge y Lola Brito pintó trece obras sobre
maderas de diferentes formatos y con variadas técnicas y, al finalizarlas,
intentó exponerlas primero en la galería Kramer y, luego, en Bonino, aunque no
logró que le dieran cabida. Con el paso de los años ese conjunto se fue
desmembrando y, hasta el momento, sólo hemos podido reconstruirlo parcialmente.
Entre ellas, Sin título (p. 43) es
una tinta constructiva que incluye una profusa simbología y está firmada junto
a las palabras “Buenos Aires”.
La parte inferior está reservada para los símbolos de la naturaleza –con
una rica variedad de animales– y a la parte superior le corresponden los
aspectos vinculados a la razón. El hoy, donde se ubica la palabra ALMA y la
vida cotidiana con una pareja en el centro, se asienta sobre una base dominada
por el sol y los puntos cardinales, el compás áureo y una imagen con un ojo
central (probablemente en alusión al tercer ojo o la mirada de Dios, según el
interés por los misterios del mundo espiritual que Gurvich manifestaba en esos
años)3. Con una paleta de rojos y blancos pintó Pareja, Hombre construido en
rojo y otra Pareja más pequeña . La primera está trabajada con incisiones
dentro una composición simétrica que contrapone axialmente las formas y los
colores, generando un fuerte contrapunto entre figura-fondo. La habitual
simbología vinculada a la vida cotidiana y a la naturaleza (ave, pez, ancla,
caracol, barco, sol, copa, botella, etc) se integra en la composición mediante
un tratamiento lineal que da uniformidad a la trama. En la otra Pareja, los
contornos cuadrangulares del hombre y la mujer, sólidamente unidos, fueron
delineados por un trazo negro que también teje el enrejado donde se ubican los
símbolos. En cambio, en Hombre construido en rojo la figura domina la
composición y su tamaño le confiere cierto rasgo de monumentalidad, incluso el
trazo continuo del contorno le imprime un fuerte dinamismo a esa figura.
Además, en este caso Gurvich dio el mismo tratamiento e importancia a la línea
que construye la grilla y a la que conforma el variado repertorio de signos
incluidos, entre ellos una pareja en el centro de ese mismo hombre continente.
Tanto Hombre construido en rojo –que
corresponde a la Colección de Martín Gurvich– como Constructivo en marfil y negro –propiedad del Museo de Arte
Latinoamericano MALBA-Fundación Costantini– contienen las letras “B.A.”:
iniciales de Buenos Aires. Al analizar esta última obra, Alicia Haber ha
considerado que la palabra “Sur” alude al Uruguay, a América Latina y a la Escuela
del Sur y que “Verso” se relaciona con la importancia que tenía la poesía en la
vida de este artista (4). Este caso corresponde a las variantes de maderas
trabajadas con punzón para quitar la primera capa de pintura y dejar al
descubierto la capa inferior. Es interesante observar que, bajo el entramado
ortogonal y el abigarramiento de símbolos, en este caso también emerge la
silueta de una pareja dibujada con finos trazos. En el área señalada por B.A.
se destacan algunas construcciones, el frontis de una iglesia, chimeneas, el
reloj y, en el margen izquierdo, una forma asimilable a un obelisco (Totó
recordaba dos homenajes, uno a Buenos Aires y otro a Montevideo).
Precisamente el Homenaje a Montevideo está pintado sobre una madera cuyo
borde inferior irregular demuestra que proviene del lateral de una mesa de luz.
Pintada con una paleta austera, entre inscripciones y símbolos hacia la derecha
se puede componer la palabra MONTE VIDEO y, hacia la izquierda, se esconde la
silueta de una pareja. La última tabla atribuida al conjunto, Sin título, es un
constructivo rojo y negro con incisiones que, entre la simbología, también
reserva una celda para ubicar a una pequeña pareja.
Aunque incompleto, el corpus de obras que pintó en Buenos Aires –dentro
de su variedad– presenta ciertos rasgos en común. Por un lado, en Buenos Aires
tendió a firmar “J. Gurvich-TTG”, práctica frecuente entre los integrantes del
Taller Torres García, aunque él ya estaba abandonando ese hábito. Entendemos
que esta marca puede haber respondido a la necesidad de reforzar el vínculo con
su maestro para facilitar el acceso al circuito porteño de difusión y
comercialización. Por otro lado, si bien la pareja es uno de los motivos más
frecuentados por Gurvich, en todas las tablas identificadas hasta el momento se
encuentra una pareja, como motivo principal o “a descubrir”. En este sentido,
no debería olvidarse que el viaje a Buenos Aires fue uno de los primeros paseos
del nuevo matrimonio.
Estructuradas por la grilla ortogonal en algunos casos o en el pasaje
hacia un tratamiento más libre –aunque aun ceñido a la frontalidad y la
síntesis simbólica– este conjunto representa una de las fisuras que se fueron
produciendo en las fronteras de la regla constructiva aprendida. Al mismo
tiempo, muestran las huellas de Buenos Aires que representan también ese otro
cruce de frontera, como parte de la apertura de horizontes que Gurvich siempre
buscó.
Atravesando fronteras
Si hay una inteligencia libre debe
haber
un espacio libre donde la razón no limita.
José Gurvich
La lógica torresgarciana propuso el empleo de la estructura para lograr
la unidad de la obra, es decir, un centro invisible que unifica todos los
elementos contenidos mediante una relación entre ellos. Torres enseñó que esa
relación de las partes con el todo estaba regida por la sección áurea, y sus
discípulos la incorporaron al trabajo diario a través del uso del compás.
Además el maestro advertía que el artista debía expresarse mediante la
geometría (el lenguaje gráfico de la razón) y el símbolo (la idea gráfica).
Sus lecciones señalaban con insistencia que el símbolo no era una
“representación” de otra cosa (tampoco su imitación), sino que el símbolo se
representaba a sí mismo, era una forma que el artista creaba en una pieza y que
actuaba sobre la razón y la sensibilidad. Entonces, en el Taller Torres García,
el artista como creador de ese lenguaje simbólico, debía sintetizar la idea y
la forma sin recurrir a la narrativa, mientras la grilla ortogonal construía la
estructura para alojar los símbolos que, generalmente, se reiteraban de
composición en composición.
También su Universalismo
Constructivo fomentó el estudio de las tradiciones indoamericanas con la
intención de recuperar no sólo su modalidad de representación simbólica, sino
como un intento de restablecer la concepción de un arte como práctica ritual,
es decir, reinsertar el arte en la vida cotidiana. Sus discípulos no sólo
realizaban pinturas, sino también murales y variadas piezas de uso diario:
cerámicas, textiles, tallas, cajas, mobiliario, rejas. Bien aprendidas, estas
lecciones dejaron su impronta en la producción madura de Gurvich: sea en la
valoración de sus propias tradiciones culturales o en la proyección hacia el
trabajo en cerámica.
Tras la muerte del maestro y una vez que la reconstrucción de posguerra
hizo posible retomar el hábito de visitar los talleres y museos europeos,
Gurvich realizó un primer recorrido con sus amigos Antonio Pezzino y Manuel
Aguiar. Su contacto con las obras de algunos maestros como Peter Brueghel,
Jerónimo Bosch “El Bosco”, Marc Chagall, Joan Miró y Paul Klee y su estancia en
el kibutz Ramot Menashé fueron imprimiendo un giro en su obra. En los primeros
60 la cuadrícula comenzó a ser más variada y, sin perder ese principio
ordenador, introdujo notas experimentales como el empleo de cartones que
sumaron las sombras proyectadas, el impacto de las iluminaciones puntuales que
fueron dinamizando la regularidad de la trama, el quiebre y derrumbe de la
grilla o el empleo de la espiral generativa.
.
Las formas simbólicas también fueron variando. Si se propusiera un
seguimiento de sus cambios y nuevas articulaciones, se vería cómo fue
procesando la lección de su maestro. Incluso en la secuencia se podría tomar
como punto de partida alguna “idea gráfica” del propio Torres García que, en
las obras de Gurvich, sin perder su entidad simbólica, fue adoptando el tipo de
solución plástica –más compleja, lúdica, híbrida o expresiva– de cada etapa de
su pintura. Tal relevamiento mostraría un mapeo de formas, fragmentos de
figuras y objetos que reaparecen constantemente.
Su proceso de trabajo fue desencadenando nuevos cambios hasta que
estalló la cuadrícula y el símbolo liberado impuso una lógica acumulativa.
Comenzó así un camino donde dominó lo intuitivo y el espacio en libertad se fue
abriendo al infinito. En una de sus conferencias de los años 40 Torres García
había señalado:
si me dieran a
escoger entre sentir y pensar, me quedaría con lo primero. […] sentir sería un
equivalente de intuir, es decir, de comprender directamentey sin el raciocinio (5).
Frente a la profusión de textos de su maestro, Gurvich no fue un
discípulo proclive a escribir largas explicaciones; sin embargo, sus
meditaciones fueron fieles a su sentir. Como parte de otra lección bien
aprendida y pensando en su hacer artístico, escribió:
El concepto limita,
la intuición nos acerca al infinito, es como si uno mirara desde el borde del
concepto, es decir desde su límite hacia el infinito. La intuición imagina:
ilimitado. El concepto razona: delimitado (6).
Una imaginación sin fronteras
Quien busque el infinito que cierre los ojos.
Milan Kundera
Sus viajes, los contactos y las vivencias en el kibutz repercutieron en
su poética. El impacto de la vida igualitaria de esa comunidad judía parece
haberse trasladado al plano indiferenciado de un soporte que perdió la
cuadrícula de sostén. Si hasta ese momento las celdas se multiplicaban hasta
cubrir el total de la superficie; en este período, la tendencia hacia el all over se reinterpretó bajo un nuevo
impulso. Los símbolos compartieron un espacio homogéneo en el plano de la
pintura, donde cualquier detalle de la obra permite reconocer fragmentos de
figuras y objetos que provienen de otras obras. “Para mí –escribió Gurvich–, no
hay en la tela puntos más importantes que otros, no hay jerarquías… trato de
dar vida milímetro a milímetro”, tal como se observa frente a las variantes de
sus Mundos Fantásticos.
El símbolo liberado dio forma y habitó la figura humana y, también, se
trasladó a la piel de las esculturas. En su serie de figuras cósmicas concibió
el cuerpo humano a partir de una sucesión de esferas –como cuentas de un
collar– donde cada esfera aloja retratos, objetos, situaciones que relatan
pequeñas historias. Algunas imágenes antropomorfas, como el Hombre Cósmico, nacen en un movimiento
circular generado desde el centro hacia los bordes que disemina esferas de
diferentes colores. Su cuerpo se conforma, entonces, por dos grandes círculos
que dan la idea de una figura humana definida por los trazos simples de sus
extremidades. En otros casos, son figuras habitadas, se construyen a partir de
pequeños símbolos organizados por franjas de diferentes colores y tamaños o
mediante cintas entrelazadas, a través de las cuales penetran algunas imágenes
del mundo exterior.
Aunque se trata de conformaciones que también operan acumulando
símbolos, a diferencia de los “mundos” que se extienden sobre el total del
soporte, en estos casos Gurvich respetó la relación figura-fondo. Además, estos
hombres, mujeres o parejas remiten a la concepción torresgarciana del Hombre
Universal, el hombre abstracto que permitía recuperar la armonía cósmica y
debía dominar al hombre individuo. El trabajo sobre los objetos de cerámica de
uso cotidiano del período del Taller Torres García despertó su interés por el
material y, tal como señala Pablo Thiago Rocca en su ensayo, tras un breve
intercambio en el taller de José Collell, comenzó su producción de esculturas
en cerámica. Esa materia era apta para desplegar la fantasía en el modelado y
también para poner en juego la dimensión lúdica. En sus reflexiones escribió:
Antes de comenzar con
las cerámicas: Pienso y siento que la tierra es aún presente… a pesar de
cualquier material nuevo que surge, la tierra sigue siendo nueva para mí como
posibilidad expresiva. Su ductilidad se aviene a mi propósito de inmediatez en
las soluciones. Es un material tan noble! Es un material que se me rinde!
A las maternidades, hombres, mujeres o parejas cósmicas, en la
producción escultórica se agregaron otros motivos, como las interpretaciones de
las tradiciones y vivencias en el kibutz o los astronautas y seres
extraterrestres, estimulados por sus lecturas de Ray Bradbury y las noticias
sobre el Programa Apolo. Además, en muchos casos la superficie modelada recibió
los símbolos que se diseminaban en el plano de la tela: dibujados con
incisiones, ahuecados, en relieve o perforando la corteza de la escultura. También
sobre algunas pinturas, como Jánuca
(1966) grabó una segunda escritura que, a modo de palimpsesto, superpone el
tiempo de otros relatos sobre el discurso central pintado.
Desde 1970 su radicación en Nueva York impactó fuertemente sobre su
imaginario, renovando el repertorio iconográfico y profundizando la
experimentación plástica, aunque sin perder la perspicacia de su mirada aguda e
irónica sobre la realidad. La necesaria exploración del nuevo entorno quedó
reflejada en la serie de paisajes que –tal como analiza Edward Sullivan en su
ensayo rememoran las vistas que Torres García había pintado cincuenta años
antes. Lejos de la tranquilidad del kibutz, la vertiginosidad de esta
metrópolis parece haber despertado sentimientos ambiguos: las pinturas expresan
la imponencia de los rascacielos y el desconcierto ante el bullicio y la
alienación de las multitudes que la transitan. En esa gran ciudad, el hombre es
parte de la muchedumbre, es un fragmento de sí mismo que, con frecuencia, asoma
desde los típicos tachos de basura, su cuerpo se mimetiza con los objetos de la
vía pública, incorpora la cartelería o las señales de tránsito.
Su producción neoyorkina muestra, también, un vuelco hacia la
experimentación. Su temprana búsqueda de maderas y materiales austeros para las
pinturas constructivas se trasladó a los proyectos de monumentos, assemblage y
collages en estos últimos años, cuando ya su intuición podía seleccionar nuevos
materiales para romper con lo aprendido. Sin embargo, en uno de sus escritos,
reflexionó:
experimentar pero no olvidar lo ya
ganado en la conciencia de los valores plásticos y en lo posible y en lo que me
permite mi limitación, la experiencia de la pintura moderna.
Es decir, esa experimentación con la que sin duda se atrevía a encarar
un nuevo cruce de fronteras estéticas reconocía que estaba limitada por su
formación dentro de la pintura moderna. Y, en efecto, en el comienzo de esa
carrera (¿marca inaugural, tal vez?) había integrado una representación de la
Pintura moderna del Uruguay.
Sin duda Gurvich fue uno de los artistas del entorno torresgarciano que,
en su búsqueda errante, supo desdibujar fronteras territoriales e insertarse
con naturalidad en otras realidades, del mismo modo que se desmarcó de la
normativa impuesta por la tradición constructiva para concebir una obra
singular; sin embargo, los giros que fue imprimiendo en su poética nunca
olvidaron las enseñanzas de su maestro.
En este marco, José Gurvich.
Cruzando fronteras es una exposición que, antes que presentar un desarrollo
temático o cronológico de su producción, propone penetrar en su universo
plástico para ir descubriendo ese imaginario lúdico y libre donde todo es
posible.
.
Notas
1. Un tratamiento en detalle sobre Gurvich en Buenos Aires, se puede leer en las páginas 135-49 de la presente publicación.
2. Véase: Carta de JTG a R. Brughetti, Montevideo, 30-1-48. Archivo Gabriel Vázquez.
1. Un tratamiento en detalle sobre Gurvich en Buenos Aires, se puede leer en las páginas 135-49 de la presente publicación.
2. Véase: Carta de JTG a R. Brughetti, Montevideo, 30-1-48. Archivo Gabriel Vázquez.
3. Agradezco a Cecilia de Torres y su
equipo la información y las gestiones que facilitaron mi trabajo con respecto a
esta obra.
4. A. Haber, “José Gurvich. Sin título
o Constructivo en Marfil y negro”, en M. Pacheco, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Buenos Aires,
Landucci Ed, 2001, p. 334.
5. Joaquín Torres García, Escritos, Montevideo, Arca, 1974, p. 23.
6. La palabra de José Gurvich citada en
este texto corresponde a sus escritos consultados en el Archivo Museo Gurvich,
Montevideo.
Sobre José Gurvich
Nació el 5 de enero de 1927 en Lituania, y emigró junto a sus padres y Myriam, su hermana, al Uruguay en el año 1932. Se instalaron en el Barrio Sur de la capital de Montevideo, lugar donde se concentraban muchos inmigrantes. Allí, vivió su infancia y adolescencia en condiciones humildes.
En 1942 comenzó a estudiar pintura en
la Escuela Nacional de Bellas Artes bajo la dirección del pintor José Cúneo y
tomó clases de violín con David Julber, donde también estudiaba Horacio Torres,
el hijo de Joaquín Torres García. En 1944 se acercó a su Taller y desde
entonces participó en todas sus actividades, publicaciones y exposiciones hasta
el cierre oficial que ocurrió en 1962.
En 1954 realizó su primer viaje a Europa, donde recorrió los principales museos y visitó el kibutz Ramot Menasché de Israel en donde vivía su hermana. Al regresar a Montevideo continuó su obra plástica y docente. En 1960 conoció y se casó con Julia Añorga (Totó) y, ambos, se establecieron en el barrio Cerro.
En su casa Gurvich instaló dos talleres, uno para cerámica y otro para pintura, donde asistían muchos artistas jóvenes. En 1963 nació su primer y único hijo Martín y, con su familia, realizó su segunda viaje a Europa. Tras su tercer viaje a Europa, se estableció en Nueva York, donde permaneció hasta su sorpresiva muerte ocurrida en 1974.
Agradecimiento
ARTE agradece la colaboración de
Patricia Ianniruberto para esta nota, su envío de los materiales y sucorresponsalía
desde Buenos Aires. Patricia Ianniruberto realiza esta producción para ARTE. Es
experta en Gestión Cultural, de prensa internacional y productora cultural.
Sobre
Patricia Ianniruberto
Patricia Ianniruberto (Buenos Aires,1963). Egresada de Bellas Artes (Profesora en Artes Visuales). Cursó Diseño Gráfico y Comunicación Visual (UBA) y producción de cine (SICA). Ejerció como docente de Bellas Artes y de Diseño I y II (UBA). Desarrolló proyectos pioneros de tecnología en Internet y aplicaciones interactivas (netmedia). Imagen corporativa y producción de contenidos. Gestión cultural y de prensa internacional. En Uruguay – productora seleccionada: Taller de promocíon y distribución Mercosur: nuevas herramientas multiplataforma/Mercosur Audiovisual (Programa de Cooperación con la Comunidad Europea). Corresponsal de revista de cultura y colaboradora de medios gráficos y digitales. Interés en internet, arte y nuevas tecnologías.
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