ENCUENTRO
CON LA SOMBRA
(El
poder del lado oscuro de la naturaleza humana)
Carl G. Jung / Joseph
Campbell / Marie-Louise von Franz / Robert Bly / Ken Wilber / Nathaiel Branden
/ Sam Keen / Larry Dossey / Rollo May / M. Scott Peck / James Hillman / John
Bradshaw y otros
Edición a cargo de Connie Zweig y
Jeremiah Abrams
OCTOGESIMOSÈPTIMA
ENTREGA
SÉPTIMA PARTE: DIABLOS, DEMONIOS Y
CHIVOS EXPIATORIOS : UNA PSICOLOGÍA DEL MAL (2)
INTRODUCCIÓN (2)
Para
la mitología griega, en cambio, el mal colectivo es una creación divina. Todos
los dioses del panteón olímpico -desde el más prominente hasta el más
insignificante- presentan una extraordinaria correspondencia psicológica con
nuestro mundo de hubris y de sombras.
Se trata de fuerzas arquetípicas, de fenómenos reales y palpables que se
originan más allá del mundo de causas y efectos pero que se manifiestan entre
los seres humanos. En los grandes mitos griegos el mal es una fuerza
preexistente con la que deben contar los mortales.
Repasemos
ahora la historia de Pandora, cuya curiosidad fue, según la mitología griega,
la causa de todas las desgracias que aquejan al ser humano:
El gran Zeus, poderoso señor de los
cielos y gobernador de todos los dioses, encolerizado con Prometeo por haber
robado el fuego de los dioses, dijo así: “Tu arte es más sabio que el de todos
nosotros, te regocijas de haberme engañado y de haber robado el fuego. Esto te
perjudicara a ti y a todos los seres humanos porque mi venganza hará caer sobre
ellos todos los males rodeando con amor su propio dolor”.
Siguiendo las órdenes de Zeus,
Hefesto, el herrero de los dioses, construyó con arcilla una inocente doncella
a imagen de la hermosa Afrodita, diosa del amor. Esta figura femenina,
predecesora de todos los mortales, fue bautizada con el nombre de Pandora (“la
rica en dones”). Cuando Atenea la adornó con cualidades casi divinas Pandora
era encantadora. La indignación de los Olímpicos con el engaño de Prometeo era
tal que todos los dioses y diosas participaron en la venganza. El mismo Zeus
resolvió proporcionar a Pandora una curiosidad insaciable y luego le regaló una
caja cerrada de arcilla con la advertencia de que jamás debía abrirla.
Prometeo -sabedor de los ponzoñosos
regalos de los dioses- había advertido a su hermano Epimeteo que no aceptara
ningún regalo de ellos. Pero cuando Hermes, el mensajero de los dioses, le
obsequió a Pandora, Epimeteo no pudo resistir los encantos de la hermosa mujer
y aceptó. De este modo Pandora llegó a vivir entre los mortales.
No pasó mucho tiempo antes de que
Pandora sucumbiera a su curiosidad, abriera la caja y liberara, de ese modo, a
todos los infortunios -desconocidos hasta entonces- que desde ese momento
afligen a la humanidad. Entonces cerró nuevamente la caja a tiempo todavía de
mantener dentro a la Esperanza, pero ya era tarde porque todas las numerosas
calamidades de la caja se habían diseminado por toda la tierra. Ese fue el origen
de la vejez y de la muerte que completó la separación entre los seres humanos y
los dioses inmortales.
A
veces no vemos los males del mundo pero en otras, en cambio, los descubrimos con
aterradora lucidez. Carl Kerenyi ha explicado la actitud de Epimeteo en el mito
de Pandora diciendo que la naturaleza humana acepta los regalos y sólo después percibe
el mal. Nosotros percibimos el mal como un conflicto entre lo que esperamos de
la vida y lo que esta realmente es. Nuestra entusiasta visión del mundo nos
ciega a la visión de lo negativo pero esta ignorancia tiene importantes
consecuencias. De este modo permanecemos inconscientes de la realidad del mal y
esta ingenuidad puede explicar gran parte de las abominaciones realizadas por
los seres humanos en nombre de una causa noble.
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