CONDE
DE LAUTRÉAMONT (ISIDORE DUCASSE)
LOS
CANTOS DE MALDOROR
(Barral Editores / Barcelona 1970)
TRIGESIMONOVENA ENTREGA
CANTO SEGUNDO
3 (2)
He visto al Creador,
acuciando su crueldad inútil, provocar incendios en los que perecían ancianos y
niños. No soy yo el que inicia el ataque; él mismo me obliga a hacerlo girar
como un trompo con el látigo de tiras de acero. ¿Quién sino él suministra las acusaciones
contra él mismo? Nunca agotará mi verba temible, que se nutre de las pesadillas
insensatas que atormentan mis insomnios. Lohengrin fue el motivo de que se
escribiera lo que antecede, volvamos, pues, a él. Por temor de que con el
tiempo no llegara a ser como los otros hombres, yo había resuelto en un
principio matarlo a cuchilladas, una vez que hubiera pasado la edad de la
inocencia. Pero después de haber reflexionado sensatamente abandoné mi
resolución a tiempo. Él ni siquiera sospecha que su vida estuvo en peligro
durante un cuarto de hora. Todo estaba dispuesto y el cuchillo había sido
comprado. Era un estilete precioso -pues me gustan la gracia y la elegancia
hasta en los instrumentos mortíferos- pero largo y aguzado. Una sola herida en
el cuello que atravesara con justeza una de las arterias carótidas, hubiera
bastado, según creo. Estoy satisfecho de mi conducta: me hubiera arrepentido
más adelante. Así pues, Lohengrin, haz lo que quieras, obra como mejor te
plazca, enciérrame toda la vida en una prisión oscura, con escorpiones como
camaradas de cautiverio, o asiéndome un ojo, tira de él hasta hacerlo caer al
suelo; jamás te haré el más mínimo reproche; soy tuyo, te pertenezco, ya no
vivo para mí mismo. El dolor que me produzcas no será comparable a la felicidad
de saber que aquel que me lacera con sus manos criminales está impregnado de
una esencia más divina que la de sus semejantes. Sí, todavía es agradable dar
la propia vida por un ser humano, y conservar de este modo la esperanza de que
todos los hombres no son malos, ya que al fin hay uno que ha sabido atraer con
firmeza hacia sí la resistencia desconfiada de mi amarga simpatía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario