CON
JUAN CARLOS MACEDO
“LA
ETERNA NOVEDAD ES LA VIDA QUE NO ACABA”
por
Tatiana Oroño y Elder Silva
(reportaje recuperado de LA HORA, 7 / 12 / 1986)
Al
mediodía de un día nublado, descendimos en la Plaza de Migues. Habíamos ido a
entrevistar al escritor Juan Carlos
Macedo, de quien acaba de aparecer Durar
III, Resistencias (Editorial
ARCA, colección Maremagnum). Macedo (Rivera,
1943) es médico de profesión y ejerce en la pequeña localidad de Migues desde
hace casi una década. Ha trabajado en el equipo de redacción de la revista Compendio, publicación especializada en
temas médicos, y ha editado tres libros de poesía. En 1974 publicó Durar (Aquí Poesía), y en 1976 Durar II. Referencial e instrumentos (Ediciones
de la Balanza). En 1982, Poemas sueltos (incluidos
en el reciente volumen) fue mencionado en el “Concurso 12 de octubre”. Sus
actividades literarias y profesionales, las comparte con una intensa actividad
política. Recientemente ha dictado conferencias acerca de la Medicina General a
estudiantes del Hospital de Clínicas. Lo que sigue es parte de la extensa
conversación mantenida con Macedo.
PRIMERA ENTREGA
Mejor
pregunta por qué con cada día
despierta
la sorpresa.
O ya no lo preguntes,
Descúbrelo.
La
eterna novedad es la vida que no acaba.
(fragmento de Buena jornada, texto incluido en Durar
III. Resistencias)
Juan
Carlos: Escribo poco… poco. Recién este año empecé a
publicar alguna de las cosas que tengo de medicina. Yo he estado trabajando en
varios temas y este año publiqué un trabajo y he sido invitado a dar algunas
charlas en el Clínicas acerca de lo que hacemos acá en Migues.
Elder:
¿Y qué es lo que están haciendo por acá?
JC:
Hacemos Medicina General. El problema que hay es que la Medicina General no
tiene lugar; la Facultad de Medicina y la Escuela de Graduados (donde soy
delegado por el orden profesional) tiene 44 especialidades y no tienen Medicina
General, porque acá se considera Medicina General a todo aquello que no es otra
cosa. Yo creo que el problema de la Medicina General es un problema de lugar en
una estructura sanitaria. Por eso ahora está muy de moda hablar de la atención
primaria, de la estrategia de la atención primaria. Y eso es lenguaje
imperialista para el subdesarrollo, porque el imperialismo no nos puede vender
a nosotros ni tomografía computada, ni angigrafía digital, ni mucho menos
resonancia magnética, etc. Entonces como no puede vendernos eso, inventa lo de
la atención primaria de la salud. Así nos vende cien mil jeringas descartables,
por ejemplo, en millones de dólares). Entonces en vez de Medicina General se
habla de estrategia de atención primaria, que no está bien, y que tiene una
vital importancia para el gobierno, porque con ese lenguaje suple todo tipo de
carencias y de planes. Se suple lo que nos falta: un programa de salud púbica.
E:
¿Y cuál es el planteamiento de ustedes?
JC:
Yo creo que la Medicina General es una actividad específica que se ubica en el
primer nivel de cualquier sistema asistencial, donde se supone que debe haber
una cierta estructura que permita una cierta circulación racional de los
enfermos, de acuerdo al tipo de programas que presente, al tipo de soluciones
que vos podés darle en determinado momento. A mí me parece bien que se haga una
atención de prevención, donde un médico lo visite al individuo y le diga lo que
debe hacer para prevenir enfermedades, pero me parece mal que se haga como una
forma de ocultar todo lo demás. Nosotros partimos de que la Medicina General es
una forma específica de la práctica médica, y nosotros proponemos que esa
atención (llamada primaria) puede existir donde exista médico o grupo médico
estable, para una población estable. Es decir, donde el médico viva en el medio
donde va a atender.
E:
Ya que hablamos de Medicina, hablanos algo de lo que fue (y es) la revista Compendio.
La revista sigue
saliendo, aunque yo creo que ahora ya no tiene mucho sentido. Lo tuvo antes,
durante la dictadura, porque cumplía de algún modo el mito de la construcción.
Nuestra realidad científica era caso un páramo y en Compendio hubo mucha gente trabajando, estaba toda la Universidad,
gente que había tenido militancia gremial, geste destituida. La revista fue muy
bien recibida cuando salió y la gente la compraba porque sabía que era la
resistencia médica. Tanto es así que llegamos a tirar cinco mil ejemplares, lo
que es bastante para una revista especializada.
Con Compendio fuimos a varios lados -a
Rocha, a Maldonado, a Durazno- a hacer medicina con grupos médicos de esos
lugares. Y también lo hicimos en Montevideo, claro. Y tanto es así, que hace
poco el Sindicato Médico mediante una resolución, nombra a Compendio como órgano de la resistencia y nos otorga un lugar
físico dentro de la institución. Pero creo que hay que seguir trabajando y
editando los materiales acerca de las investigaciones a través de los medios
que tenemos. Esa es nuestra actitud.
Tatiana:
¿Será por esa misma actitud que escribís? ¿O por la defensa de ese mismo
sentimiento?
JC:
De eso no sé, ni tengo la menor idea de por qué escribe la gente. Tal vez los
que sepan sean son los que se han profesionalizado y viven de eso.
T:
¿Pero tiene algo que ver con esa actitud vital?
JC:
Y sí… seguramente tiene que ver con eso.
T:
Y también con un espíritu de
investigación y una metodología poética.
JC:
Mirá, yo creo que en eso no existen mayores diferencias. Porque viste que
cuando uno lee a los poetas verdaderos encuentra en ellos una rigurosidad. Y me
pasa lo mismo, en otro plano, cuando leo a Lenin. Últimamente lo estuve leyendo
y me asombra la rigurosidad con la que encara su escritura. Por ejemplo, cuando
critica a un autor y transcribe un texto de ese autor a uno le parece correcto,
pero luego leés el comentario y te asombra cuando dice: “esta coma, que parece
inocente, en realidad no es inocente”. Claro, con razón Lenin hizo lo que hizo.
Y con los grandes poetas también pasa lo mismo.
Cuando uno escribe, y
yo escribo por lo general de noche, las cosas parece que suenan bien. Pero al
leerlas por la mañana de das cuenta que hay cosas que no pasan, que son
agregados absolutamente innecesarios. Sucede que a veces a uno mismo le cuesta
desprenderse de esos agregados, y se los da a alguien con la esperanza de que
pasen… Y se lo das a un tipo que sabe leer y el tipo te dice que eso no camina.
E:
¿Escribís siempre de noche?
JC:
Sí, por lo general de noche. A mí me cuesta mucho escribir, me cuesta
enormemente. Yo no tengo ductilidad para hacerlo, por eso al tipo que admiré
siempre fue a Hugo (por Hugo Giovanetti Viola), y cuando uno lee un poema
escrito por él se da cuenta de eso. Pero a mi me cuesta mucho.
E:
Hay una idea que quedó flotando en la conversación, y es una cosa que siempre
he pensado acerca de tu poesía. Parecería que existe un intento de racionalizar
lo emocional. ¿Entendés que es así?
JC:
Sí, yo creo que sí. Lo emotivo como parte de lo racional.
T:
Me gustaría que desarrollaras un poco
ese aspecto.
JC:
Nosotros estamos acostumbrados a pensar que el hombre de ciencia trabaja con determinadas
normas, y que el poeta genera un tipo de conocimiento no verificable, no
predictivo, etc. Pero el origen, la puesta en tensión funciona de la misma
manera tanto para el poeta como para el científico. ¿Por qué se le ocurre a un
tipo que la materia puede estar organizada de determinada manera? No tiene
ningún camino previo para sospechar eso…
T:
¿Quiere decir que la ciencia también se mueve a golpes de intuición?
JC:
Claro, acordate de lo que decía Saint John Perse: “la imaginación es la
hacedora de todas esas cosas”. Eso es increíble. Que a Einstein se le haya
ocurrido la idea de pensar qué pasaría si se pensara al mundo montado en un
rayo de luz, a trescientos mil kilómetros por segundo. Y se le ocurrió eso y
empezó ver que el mundo era distinto. Y
bueno… ¿por qué surge el poema? Surge porque hace meses que a uno le anda
rondando la idea, pero está condicionado por toda una serie de cosas que uno
todavía es incapaz de descifrar. Probablemente ya hayas descifrado algunos
aspectos, pero no totalmente hasta que lo escribís.
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