PAULO
FREIRE
PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO
OCTOGESIMOCUARTA ENTREGA
CAPÍTULO
4 (6)
Matar la vida, frenarla, con la
reducción de los hombres a meras cosas, alienarlos, mistificarlos,
violentarlos, es propio de los opresores.
Puede pensarse que al hacer la
defensa del diálogo, (88) como este encuentro de los hombres en el mundo para
transformarlo, estamos cayendo en una actitud ingenua, en un idealismo
subjetivista.
Sin embargo, nada hay más
concreto y real que la relación de los hombres en el mundo y con el mundo. Los
hombres con los hombres, como también aquella de algunos hombres contra los
hombres, en tanto clase que oprime y clase oprimida.
Lo que pretende una auténtica
revolución es transformar la realidad que propicia un estado de cosas que se
caracteriza por mantener a los hombres en una condición deshumanizante.
Se afirma, y creemos que es esta
una afirmación verdadera, que esta transformación no puede ser hecha por los que
viven de dicha realidad, sino por los oprimidos, y con un liderazgo lúcido.
Que esta sea, pues, una afirmación
radicalmente consecuente, vale decir, que sea sacada a la luz por el liderazgo a
través de la comunión con el pueblo. Comunión a través de la cual crecerán
juntos y en la cual el liderazgo, en lugar de autodenominarse simplemente como
tal, se instaura o se autentifica en su praxis con la del pueblo, y nunca en el
desencuentro, en el dirigismo.
Son muchos los que, aferrados a
una visión mecanicista, no perciben esta obviedad: la de que la situación
concreta en que se encuentran los hombres condiciona su conciencia del mundo
condicionando a la vez sus actitudes y su enfrentamiento. Así, piensan que la
transformación de la realidad puede verificarse en términos mecanicistas. (89)
Esto es, sin la problematización de esta falsa conciencia del mundo o sin la
profundización de una conciencia, por esto mismo menos falsa, de los oprimidos
en la acción revolucionaria.
No hay realidad histórica -otra obviedad-
que no sea humana. No existe historia sin hombres así como no hay una historia
para los hombres sino una historia de los hombres que, hecha por ellos, los
conforma, como señala Marx.
Notas
(88) Subrayemos una vez más que
este encuentro dialógico no puede verificarse entre antagónicos.
(89)… “las épocas en que el
movimiento obrero tiene que defenderse contra el adversario potente, a veces
amenazador y, en todo caso, solamente instalado en el poder, producen
naturalmente una literatura socialista que pone el acento en el elemento ‘material’
de la realidad, en los obstáculos que hay que superar, en la poca eficacia de
la conciencia y de la acción humanas”. (Lucien Goldman, Las ciencias humanas y la filosofía, Nueva Visión, Buenos Aires,
1967, p. 73.
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