PAULO
FREIRE
PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO
OCTOGESIMOQUINTA ENTREGA
CAPÍTULO
4 (7)
Y es precisamente cuando a las
grandes mayorías se les prohíbe el derecho de participar como sujetos de la
historia que estas se encuentran dominadas y alienadas. El intento de
sobrepasar el estado de objetos hacia el de sujetos -que conforma el objetivo
de la verdadera revolución- no puede prescindir ni de la acción de las masas
que incide en la realidad que debe transformarse ni de su reflexión.
Idealistas seríamos si,
dicotomizando la acción de la reflexión, entendiéramos o afirmáramos que la
mera reflexión sobre la realidad opresora que llevase a los hombres al
descubrimiento de su estado de objetos significara ya ser sujetos. No cabe
duda, sin embargo, de que este reconocimiento, a nivel crítico y no sólo
sensible, aunque no significa concretamente que sean sujetos, significa, tal
como señala uno de nuestros alumnos, “ser sujetos en esperanza” (90). Y esta
esperanza los lleva a la búsqueda de su concreción.
Por otro lado, seríamos
falsamente realistas al creer que el activismo, que no es verdadera acción, es
el camino de la revolución.
Por el contrario, seremos
verdaderamente críticos si vivimos la plenitud de la praxis. Vale decir, si
nuestra acción entraña una reflexión crítica que, organizando cada vez más el
pensamiento, nos lleve a superar un conocimiento estrictamente ingenuo de la
realidad.
Es preciso que este alcance un
nivel superior, con el que los hombres lleguen a la razón de la realidad. Esto
exige, sin embargo, un pensamiento constante que no puede ser negado a las
masas populares si el objetivo que se pretende alcanzar es el de la liberación.
Si el liderazgo revolucionario
les niega a las masas el pensamiento crítico, se restringe a sí mismo en su
pensamiento o por lo menos en el hecho de pensar correctamente. Así, el
liderazgo no puede pensar sin las masas, ni para ellas, sino con ellas.
Quienes pueden pensar sin las
masas, sin que se puedan dar el lujo de no pensar en torno a ellas, son las
élites dominadoras, a fin de, pensando así, conocerlas mejor y, conociéndolas
mejor, dominarlas mejor. De ahí que, lo que podría parecer un diálogo de estas
con las masas, una comunicación con ellas, sean meros “comunicados”, meros “depósitos”
de contenidos domesticadores. Su teoría de la acción se contradiría si en lugar
de prescripción implicara una comunicación, un diálogo.
Notas
(90) Fernando García, hondureño,
alumno nuestro en un curso para latinoamericanos, Santiago de Chile, 1967.
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