PAULO
FREIRE
PEDAGOGÍA DEL OPRIMIDO
OCTOGESIMOSÉPTIMA ENTREGA
CAPÍTULO
4 (9)
Mientras el otro es un
pensamiento de señor, este es un pensamiento de compañero. Y sólo así puede ser.
En tanto la dominación, por su naturaleza misma, exige sólo un polo dominador y
un polo dominado que se contradicen antagónicamente, la liberación revolucionaria,
que persigue la superación de esta contradicción, implica la existencia de
estos polos, y la de un liderazgo que emerge en el proceso de esa búsqueda.
Este liderazgo que emerge, o se
identifica con las masas populares como oprimidos o no es revolucionario. Es
así como no pensar con las masas pensando simplemente en torno de ellas, al
igual que los dominadores que no se entregan a su pensamiento, equivale a
desaparecer como liderazgo revolucionario.
En tanto, en el proceso opresor,
las elites viven de la “muerte en vida” de los oprimidos, autentificándose sólo
en la relación vertical entre ellas, en el proceso revolucionario sólo existe
un camino para la autentificación del liderazgo que emerge: “morir” para renacer
a través de los oprimidos.
Si bien en el primer caso es
lícito pensar que alguien oprime a alguien, en el segundo ya no se puede
afirmar que alguien libera a alguien o que alguien se libera solo, sino que los
hombres se liberan en comunión. Con esto, no queremos disminuir el valor y la
importancia del liderazgo revolucionario. Por el contrario, estamos subrayando
esta importancia y este valor. ¿Puede tener algo mayor importancia que convivir
con los oprimidos, con los desarrapados del mundo, con los “condenados de la
tierra”?
En esto, el liderazgo revolucionario
debe encontrar no sólo su razón de ser, sino la razón de una sana alegría. Por
su naturaleza él puede hacer lo que el otro, por su naturaleza, no puede
realizar en términos verdaderos.
De ahí que cualquier aproximación
que hagan los opresores a los oprimidos, en cuanto clase, los sitúa inexorablemente
en la perspectiva de la falsa generosidad a que nos referíamos en el primer
capítulo de este ensayo. El ser falsamente generoso o dirigista es un lujo que
no se puede permitir el liderazgo revolucionario.
Si las elites opresoras se fecundan
necrófilamente en el aplastamiento de los oprimidos, el liderazgo
revolucionario sólo puede fecundarse a través de la comunión con ellos.
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