CONDE
DE LAUTRÉAMONT (ISIDORE DUCASSE)
LOS
CANTOS DE MALDOROR
(Barral Editores / Barcelona 1970)
CUADRAGÉSIMA ENTREGA
CANTO SEGUNDO
4 (1)
Es medianoche; no se ve
un solo ómnibus de la Bastilla a la Magdalena. Rectifico: aquí aparece uno de
pronto como si surgiera de bajo tierra. Los pocos transeúntes rezagados lo
observan atentamente, pues no se parece a ningún otro. Están sentados en la
imperial hombres con ojos inmóviles como de pescado. Se apretujan unos contra
otros y parece que se les hubiera fugado la vida; por lo demás, no exceden del
número reglamentario. Cuando el cochero fustiga a los caballos, se iría que el
látigo hace mover su brazo y no su brazo al látigo. ¿Qué significa este conjunto
de seres extraños y mudos? ¿Son habitantes de la luna? Por momentos siente uno
la tentación de creerlo, pero más bien semejan cadáveres. El ómnibus, apremiado
por llegar a la última estación, devora el espacio y hace crujir el pavimento… ¡Se
aleja!... Pero una masa informe lo persigue encarnizadamente, siguiendo sus
huellas en medio del polvo. “Deteneos, os lo suplico; deteneos… tengo las
piernas hinchadas por haber andado durante todo el día… no como desde ayer… mis
padres me han abandonado… ya no sé qué hacer… he decidido volver a casa y podría
llegar pronto si me concedierais un
lugar… soy un chiquillo de ocho años y os tengo confianza…” ¡Se aleja!... Pero
una masa informe lo persigue encarnizadamente, siguiendo sus huellas en medio
del polvo. Uno de aquellos hombres de ojos fríos da un codazo a su vecino, y
parece manifestarle su descontento por esos gemidos, de timbre argentino, que
llegan hasta sus oídos. El otro baja la cabeza imperceptiblemente, a modo de
asentimiento, para volver a sumirse en seguida en la inmovilidad de su egoísmo,
como una tortuga en su caparazón. Todo indica en los rasgos de los restantes
viajeros sentimientos similares a aquellos de los dos primeros. Se oyen todavía
los gritos durante dos o tres minutos, más penetrantes de segundo en segundo.
Se ven abrir algunas ventanas sobre la avenida, y una figura azorada con una
luz en la mano, después de echar un vistazo a la calzada, vuelve a cerrar el
postigo, para no reaparecer más… ¡Se aleja!... ¡Se aleja!... Pero una masa informe
lo persigue encarnizadamente, siguiendo sus huellas en medio del polvo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario