CLARISSA PINKOLA
ESTÉS
MUJERES QUE CORREN
CON LOS LOBOS
CIENTOSEXAGESIMOSEXTA ENTREGA
CAPÍTULO 14
La selva
subterránea:
La iniciación en la
selva subterránea
La doncella manca
(22)
La séptima fase: La
esposa y el esposo salvajes (2)
No es de extrañar que tanto la doncella como el rey se vean obligados a
caminar por los territorios psíquicos en los que tienen lugar semejantes
procesos, pues estos sólo pueden aprenderse en la naturaleza salvaje, junto a
la piel de la Mujer Salvaje. Es normal que la mujer iniciada descubra que su
amor subterráneo por la naturaleza salvaje aflora a la superficie de su vida en
el mundo de arriba. Psíquicamente está envuelta en el aroma del fuego de leña.
Es normal que empiece a comportarse aquí de acuerdo con lo que ha aprendido
allí.
Una de las características más sorprendentes es el hecho de que la mujer
que está pasando por este proceso sigue haciendo todo lo que habitualmente hacía
en la vida exterior: amando a sus amantes; dando a luz a sus hijos;
persiguiendo a los hijos; persiguiendo el arte; persiguiendo palabras; llevando
comida, pinturas, maderas; peleándose por esto o por aquello; enterrando a los
muertos; cumpliendo todas las tareas cotidianas mientras realiza su profundo y
lejano viaje.
Al llegar a este punto, la mujer suele debatirse entre dos direcciones
contrarias, pues de pronto experimenta el impulso de vadear la selva como si esta
fuera un río y de nadar por la hierba, trepar a lo alto de un peñasco y
sentarse de cara al viento. Es un momento en que un reloj interior da una hora
que obliga a la mujer a experimentar la súbita necesidad de un ciclo que pueda
considerar suyo, de un árbol cuyo tronco pueda rodear con sus brazos, de una
roca contra la que pueda apoyar la mejilla. Pero tiene que seguir viviendo
también su vida de arriba.
Hay que decir en su honor que, por más que muchas veces lo desee, la mujer
no sube a su coche y se echa a la carretera en dirección al ocaso. Por lo
menos, no con carácter permanente, pues esta vida exterior es precisamente la
que ejerce en ella la cantidad de presión necesaria para que pueda seguir
adelante con las tareas del mundo subterráneo. Durante este período es mejor
permanecer en el mundo que abandonarlo, pues la tensión es más beneficiosa y da
lugar a una valiosa vida profundamente distinta que no se podría conseguir de
ninguna otra manera.
Vemos por tanto al animus en pleno proceso de transformación,
preparándose para ser un digno compañero de la doncella y el Yo-hijo. Al final
han conseguido reencontrarse y regresan junto a la anciana madre, la madre
sabia, la que lo soporta todo, la que ayuda con su ingenio y su sabiduría. Y
los tres se reúnen y se quieren.
El intento de lo demoníaco de apoderarse del alma ha fracasado
irremisiblemente. La resistencia del alma se ha enfrentado a la prueba y la ha
superado. La mujer pasa por este ciclo una vez cada siete años, la primera vez
muy débilmente, una vez por lo menos con gran esfuerzo y más tarde de una
manera más bien rememorativa o renovadora. Ahora vamos a descansar un poco y a
contemplar este exuberante panorama de la iniciación femenina y sus
correspondientes tareas.
Una vez superado el ciclo, podemos elegir cualquiera de las tareas o
todas ellas para renovar nuestra vida en cualquier momento y por cualquier
motivo. He aquí algunas:
• Abandonar a los ancianos padres de la psique,
descender al territorio psíquico desconocido, confiando en la buena voluntad de
quienquiera que se cruce en nuestro camino.
• Vendar las heridas causadas por el desventajoso
pacto que hicimos en algún momento de nuestra vida.
• Vagar psíquicamente hambrientas y confiar en que la
naturaleza nos alimente.
• Encontrar a la Madre Salvaje y su auxilio.
• Establecer contacto con el protector animus del
mundo subterráneo.
• Conversar con el psicopompo (el mago).
• Contemplar los antiguos vergeles (formas enérgicas)
de lo femenino.
• Incubar y dar a luz el Yo-hijo espiritual.
• Soportar la incomprensión, vernos apartadas una y
otra vez del amor.
• Llenarnos de mugre, barro y suciedad.
• Permanecer siete años en el reino de los habitantes
del bosque hasta que el niño alcance el uso de razón.
• Esperar.
• Regenerar la vista interior, la sabiduría interior,
la curación interior de las manos.
• Seguir adelante aunque lo hayamos perdido todo
excepto el hijo espiritual.
• Volver a encontrar y asir ávidamente la infancia,
la adolescencia y la edad adulta.
• Reestructurar el animus como fuerza salvaje y
natural; amarlo y que él nos ame a nosotras.
• Consumar el matrimonio salvaje en presencia de la
vieja Madre Salvaje y del nuevo Yo-hijo.
El hecho de que tanto la doncella manca como el rey tengan que pasar por
la misma iniciación de siete años de duración es el territorio común entre lo
femenino y lo masculino y nos ayuda a comprender que, en lugar de antagonismo, puede
haber entre estas dos fuerzas un profundo amor, sobre todo cuando este se basa
en la búsqueda del propio Yo.
"La doncella manca" es un cuento de la vida real acerca de
nuestra condición de mujeres reales. No gira en torno a una parte de nuestra
vida sino en torno a las fases de toda una vida. Enseña esencialmente que la
misión de la mujer es vagar una y otra vez por el bosque. Nuestra psique y
nuestra alma están específicamente preparadas para que podamos cruzar la tierra
subterránea de la psique, deteniéndonos aquí y allá, escuchando la voz de la
vieja Madre Salvaje, alimentándonos con los frutos del espíritu y reuniéndonos
con todo y con todos los que amamos.
Cuesta estar con la Mujer Salvaje al principio. Curar el instinto
herido, desterrar la ingenuidad y, con el tiempo, aprender a conocer los
aspectos más profundos de la psique y el alma, retener lo que hemos aprendido,
no apartarnos, manifestar claramente lo que representamos, todo eso exige una
resistencia ilimitada y mística. Cuando ascendemos desde el mundo subterráneo
tras haber llevado a cabo alguna de nuestras tareas, puede que por fuera no se
note ningún cambio, aunque por dentro hayamos adquirido un carácter inmensa y
femeninamente salvaje. A primera vista seguimos siendo amables, pero por debajo
de la piel está clarísimo que ya no somos unas criaturas domesticadas.
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