CLARISSA PINKOLA
ESTÉS
MUJERES QUE CORREN
CON LOS LOBOS
CIENTOSEXAGESIMOSÉPTIMA ENTREGA
CAPÍTULO 15
La sombra: El canto
hondo (1)
Ser una sombra significa tener un toque y un paso tan ligeros que una se
pueda mover libremente por el bosque, observando sin ser observada. Una loba es
una sombra de cualquier cosa o persona que atraviesa su territorio. Es su manera
de recoger información. Es el equivalente de manifestarse, convertirse en algo
tan tenue como el humo y volver a manifestarse.
Las lobas pueden moverse con mucho sigilo. El ruido que hacen se podría comparar
con el de los ángeles tímidos. Primero retroceden y siguen como una sombra
a la criatura que ha despertado su curiosidad. Después aparecen de repente por
delante de la criatura y asoman medio rostro, atisbando con un dorado ojo desde
detrás de un árbol. Bruscamente, la loba da media vuelta y, en un borroso revoltijo
en el que a duras penas se pueden distinguir su blanco collarín y su peluda
cola, se desvanece para retroceder y situarse una vez más a la espalda del
forastero. Eso es ser una sombra.
La Mujer Salvaje lleva años siguiendo como una sombra a las mujeres de
la tierra. De pronto, la vislumbramos fugazmente. De repente, vuelve a ser
invisible. Sin embargo, aparece tantas veces en nuestra vida y con formas tan
distintas que nosotras nos sentimos rodeadas por sus imágenes y sus anhelos.
Viene a nosotras en los sueños y en los cuentos -especialmente en los
acontecimientos de nuestra vida personal-, pues quiere ver quiénes somos y
comprobar si estamos preparadas para reunirnos con ella. Si echamos un vistazo
a las sombras que proyectamos, vemos que no son sombras humanas de dos piernas
sino unas deliciosas sombras de un ser libre y salvaje.
Estamos destinadas a ser unas residentes permanentes, no unas simples turistas
en su territorio, pues procedemos de aquella tierra que es nuestra patria y
nuestra herencia. La fuerza salvaje de nuestra psique espiritual nos sigue como
una sombra por un motivo. Según un dicho medieval, si bajas por una pendiente y
te sigue una fuerza poderosa y, si esta poderosa fuerza logra apoderarse de tu sombra,
tú también te convertirás en una fuerza poderosa por derecho propio.
La gran fuerza salvaje de nuestra psique quiere apoyar su pata en
nuestra sombra para apoderarse de nosotras. En cuanto la Mujer Salvaje nos
arrebata la sombra, volvemos a ser dueñas de nuestra persona, nos encontramos
en el ambiente que nos corresponde y en el hogar que nos pertenece.
La mayoría de las mujeres no teme esta reunión sino que de hecho la
desea. Si en este preciso instante las mujeres pudieran encontrar la guarida de
la Mujer Salvaje, entrarían de cabeza en ella y saltarían alegremente a su
regazo. Les basta con que las encaucen en la debida dirección, que es siempre
hacia abajo, hacia la propia tarea, hacia la vida interior, hacia la galería
subterránea que conduce a la guarida.
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