ARTURO
DÁVILA
EL
NEOBARROCO SIN LÁGRIMAS:
GÓNGORA,
MALLARMÉ, ALFONSO REYES ET AL
VIGESIMOSEXTA ENTREGA
Esa es nuestra calle, esa es nuestra (i)realidad.
¿Somos, acaso, los hijos de la iralidad?
¿Del big-bang, al Big Ben, a
Bombay, a Beijing? ¿El Big Brother con la paloma de la Paz
entre las manos? ¿El ojo panóptico de Foucault reemplazó al ojo ubicuo del
Espíritu Santo? Quisiéramos vivir el banquete
del mundial de fútbol y las Olimpíadas doce meses al año. Ojalá pudiéramos
recorrer, “por tres horas”, sin interrupción, las páginas de Platón o Góngora o
Sor Juana o Mallarmé o Reyes o Lezama Lima o Sarduy, olvidándonos de la calle.
Para esto tendríamos que leer el Banquete
en un bunker. Pero ya no se puede: los 5 aros olímpicos y el balón de
fútbol son metáforas exactas del globo terráqueo globalizado. Giran hacia arriba, hacia abajo y hacia los lados y
todos los quieren controlar. La calle ya es el mundo entero y ha invadido la casa. Pero ahora de manera
tecnológica, cibernética, electrónica. El espacio de “afuera” penetró en el
espacio interior, abolió la torre de
marfil de “adentro”, pero no por las ventanas, sino por antenas, cables y
fibras digitales. La otredad es
virtual, es ubicua, es inevitable. Invade la lectura más aislada a través de
los mass-media y la tecnología: satélites, televisión, radio, cine,
computadora, noticieros, comerciales, periódicos electrónicos, teléfonos
celulares, palms, lap tops, i-pods, e-mail, cd, dvd, ibm, cia, gm, abc, ge,
nbc, pbs, m16, fbi, kgb, ak47… dig it,
dig it, dig it… como cantó John Ivanovich Lennon (Cortázar scripsit). Nuestra lectura de la tríada
platónica: “la verdad, la bondad y la belleza” ya no puede ser solamente
estética…, se ha politizado. Y va de la mano con la frase de Píndaro: (Glukú apeirosi pólemos), “la guerra es
dulce para quienes no la conocen”. ¿Oxímoron discontinuo? ¿Retombée? ¿Neobarroco? ¿Fenómenos que pueden no sucederse en el
tiempo, pero que coexisten, en los que la “consecuencia” incluso, puede
preceder a la “causa”? ¿Sujeto metafórico? ¿Eras imaginarias? ¿Perla irregular?
¿Metáforas al cuadrado? ¿Ensayo barrueco? Sí, en el hormiguero de la tierra,
ese espacio global en expansión proliferante, con sus hoyos negros, políticos,
inexplicables, irregulares, henchimientos y menguas universales, en ese vértigo
tumultuoso que se multiplica y que ha pulverizado su eje central, se encuentra
nuestra nueva lectura del Banquete.
Allí, en las fracturas neocoloniales de género, raza y clase, según anuncian
los sabios de la posmodernidad, en los intersticios en que aprendemos a
comportarnos como seres sociales y estéticos, humildes como hormigas, y espirituales como el Tibet, recordando, siempre, la
construcción de las pirámides de Egipto, allí es donde el neobarroco se está
politizando; allí es, me parece, donde empiezan las políticas del neobarroco.
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