GASTON
BACHELARD
LAUTRÉAMONT
(traduccón de Angelina Martín del Campo)
CUADRAGESIMOPRIMERA ENTREGA
III (2)
Cuando el surrealismo encuentre
la huella de Lautréamont, gozará de las mismas catacresis; romperá las imágenes
familiares, aunque deba hacer converger “una mesa de coser y un paraguas en una
mesa de disección”. Lo esencial será centrar la palabra en el instante
agresivo, liberándose de las lentitudes del desarrollo silábico donde se
complacen los oídos musicales. En efecto, hay que pasar del reino de las
imágenes al reino de la acción. Entonces la poesía de la cólera se opone a la
teoría de la seducción. La frase debe convertirse en un esquema de móviles
coléricos. Se la anima encadenando las explosiones psíquicas, no administrando “explosivos”
en una fonética pedante. Eso equivale a decir que la explosión no viene de las
sílabas, sino que más bien es semántica. Lo que salta es el sentido, no el
aliento. El verbo rompiente de Lautréamont
y de los buenos surrealistas está entonces hecho menos para ser escuchado en
sus destellos, que para ser deseado en
su brusca decisión, en su alegría de decidir.
No puede comprenderse
su significación energética por medio de la dicción; hay que aceptar una inducción
activa, nerviosa, experimentar su virilidad inducida. Vladimir Maiakovski
cantaba así:
Pronto
la boca se desgarrará en gritos.
Escucho
dulcemente
saltar
los nervios
como
un enfermo salta de su lecho. (10)
Un psiquismo excitado, y no un psiquismo consolado, tal es el beneficio de la
lección ducassiana. Sin duda en esta vía las investigaciones podrían ser
innumerables. Multiplicarían las experiencias de la filosofía poética. Pero la poesía
es preferentemente pasiva; retorna al misterio como a una cuna, a los instintos
como a fuerzas, a la vida como a un destino. Le gusta seguir una historia,
relatar una existencia, revelar un amor.
En otros términos, la
poesía tiene una tendencia casi invencible a regresar a la vida, al interior de
la vida, a vivir dócilmente el tiempo continuo de la vida. No debemos pues
asombrarnos de que el ejemplo de Lautréamot permanezca aislado y que por
alejarse de los hábitos fundamentales de la vida, escape a los principios
mismos de un estudio biográfico.
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